23 de enero de 2012

Hasta nuevo aviso


Debido al fin de Megaupload, cayeron los enlaces para ver online los capítulos de Impreso en Argentina. En cuanto se restablezcan los links en otro servidor, avisamos por acá. Será pronto.


6 de enero de 2012

23 de diciembre de 2011

Pina

26 de noviembre de 2011

Día hábil


Pedro Mairal

La distancia entre las generaciones es insalvable. Creés que hablás cara a cara con tu hijo, pero te separan treinta años, estás a tres décadas de distancia de él, aunque lo estés mirando a los ojos. Los años son como kilómetros. La risa puede ser simultánea, pero él se ríe en su infancia y vos en tu adultez. Si tratás de pensar en tu propia infancia y sentís lo lejos que queda todo, esa decoloración de las fotos, el recuerdo borroneado, el eco al fondo del pasillo de la década en que naciste, la ropa extraña que se usaba, los peinados, los modelos de los autos, la publicidad de ese tiempo, la política, los dibujitos animados cuando faltabas al colegio, la televisión de entonces, allá lejos... Esa es la distancia a la que está tu hijo de vos, la perspectiva desde donde te mira. Está viviendo su infancia. Esto que sucede ahora, el kirchnerismo, los Wachiturros, YouTube, Cuevana, la crisis europea, Messi; todo eso no es la actualidad, es la infancia de él y de muchos, es decir, el pasado. Todo esto sucedió hace treinta años, cuando todavía había dos Beatles vivos que venían a tocar a la Argentina de vez en cuando. Tu hijo te llega al hombro, cierra ventanas de Internet cuando te acercás, te dice: “¿qué pasa, pa?” como esperando que despejes la zona, tiene sus propias claves, su propio tiempo, ya le empieza a incomodar cruzar la calle de la mano con vos. Dentro de poco va a empezar el secundario y va entrar en la nebulosa del sueño largo, la fiaca profunda, el estanque privado de su cuarto donde se va a sumergir, protegido por su música y su puerta.

Me acuerdo que, cuando empecé a ir a la facultad, mi padre todavía entraba a mi cuarto para saludarme a la mañana antes de irse a trabajar. Entraba como un terremoto. Petrus, me decía, se acercaba, me agarraba un pie y salía diciendo: ¡Día hábil, día hábil! Me agarraba un pie porque siempre le costó demostrar afecto físicamente; hacerme un cariño en la cabeza hubiera sido demasiado y ya más abajo todo era comprometido para su fobia física, demasiado cargado de tensión erótica, además en la penumbra no se sabe bien en qué posición está el que duerme, dónde tiene el brazo, el hombro, lo único que quedaba librado de toda duda era el pie, y en su apuro matinal mi pie sería seguramente lo que estaba más cerca de la puerta. Así que entraba de golpe, decía Petrus, me agarraba un pie y se alejaba diciendo “día hábil” porque yo iba a la facultad a la tarde y supongo que no le gustaba saber que iba a quedarme durmiendo toda la mañana. Un día me cansé de que me despertara y trabé la puerta. Temprano lo escuché acercarse con esas zancadas largas que heredé y que retumbaban en el suelo. Agarró el picaporte, pero no cedió; volvió a probar. Hizo una pausa. Yo me senté en la cama. Después escuché los pasos que se alejaban. Esa pausa me hizo arrepentirme de haberle cerrado. A partir de ese día y hasta que me fui a vivir solo, aunque nadie tocó jamás el tema, siempre dejé la puerta sin traba, pero él nunca más volvió a entrar a la mañana a saludarme.

Perfil, 26 de noviembre de 20011

8 de noviembre de 2011

29 de octubre de 2011

Buscar la poesía

Pedro Mairal

Mañana voy a buscar los libros de poesía que me dejó. Repartió su biblioteca entre sus discípulos, sus amigos. Los libros de filosofía y ensayos a S., la narrativa a G., a mí la poesía. Tengo que ir a su departamento vacío y llevarme los libros. Los tengo vistos: Vallejo, Neruda, Giannuzzi, Dylan Thomas... Es un estante largo. Deben estar también mis libros de poemas ahí. Uno con la contratapa firmada por él. La última vez que lo fui a ver ya no podía hablar, así que hablé yo durante cinco minutos, que era el tiempo que él había adjudicado a las visitas. Le hablé de la efectividad de algunos ejercicios suyos en mi taller, como esa consigna que dice: por suerte, el viaje era muy largo. Le hablé de cómo va el trabajo de recopilación de la obra de César Mermet, le hablé de Entre Ríos, de la mejoría en la salud de un amigo en común y de otras cosas. Fueron siete minutos en realidad. El apenas acotó algunas palabras sin sonido en la voz, me dijo gracias, le agarré la mano y nos despedimos.

Me acuerdo de que ese día me había mentalizado para verlo así, tan horizontal, entonces yo estaba muy vertical, me sentía más alto que de costumbre, más sano y dinámico. Hasta me sentía atractivo, lindo. No sé cómo explicarlo bien, queda medio ridículo decirlo. Pero fue como una defensa. Me convertí en el Pedro más alto para aguantar. Salí de su casa y caminé, alto y hermoso. Mi amigo y maestro se estaba muriendo. Así que yo le tenía que mostrar toda mi fuerza. ¿Sería eso? Le tenía que mostrar que en mí, como en lo otros, algo de él iba seguir en la luz. Sin melancolía. Y es cierto. Incluso ahora que me volví a encorvar, ahora que me siento medio monstruoso y apaleado como un Ricardo III planeando cosas horrendas, ahora digo, algo de él va conmigo, en el envión del castellano, en la manera de sacarle el jugo verbal a lo estático y lo sucedido, la manera de rodear la experiencia hasta hacerla decir cómo fue, qué pasó, cómo era estar ahí en ese instante y metido en la totalidad del tiempo vivo. Se fue sin hacer escándalo, sin hacer bache en la reunión de amigos. En su despedida, se bebió, se fumó y, como corresponde, se habló mal de él durante un rato largo.

Perfil, 29-10-11


9 de octubre de 2011

Llega el pubis

Pedro Mairal

Parece que esta semana apareció un pubis femenino en televisión abierta y provocó gran conmoción. Después de años de bikinis encogiéndose hasta la histeria del hilo dental, finalmente llegó el pubis a todos los hogares argentinos. Tardó en llegar pero llegó. Venía de lejos, desde el fondo del tiempo, primero tapado por una hoja de parra y por puntas de mantos y harapos flameando convenientemente en los cuadros y los frescos. En Oriente ya había aparecido en grabados japoneses, pero en Occidente apareció quizá por primera vez en La maja desnuda en 1790. Courbet lo patentó el siglo siguiente, ya librado de la tiranía del rostro, en El origen del mundo, un pubis protagónico, hirsuto y alarmante. Después, Gauguin lo pintó exótico y polinesio; Toulouse Lautrec lo retrató prostibulario; Klimt, pelirrojo y Egon Schiele, por fin, dibujó el pubis trágico y erótico. Pelos, sombra sexual. Era todavía el pubis europeo de barba freudiana, tupido y poderoso. Hasta que el avance de la cultura playera, el salto a la fotografía, la masificación de las revistas de desnudos le infundieron pudor y ganas de acicalarse, y el pubis empezó a aparecer ya más prolijo, en gran abanico triangular, el pubis sesentoso, presente y arbustivo. En los ochenta, quizá el nuevo cavado de las mallas fucsias lo obligó a agudizarse y se fue angostando en su ve corta hasta quedar reducido a un bigotito Führer. Así entró en los 90, casi como postizo, una ceja vertical que en el cambio de milenio desapareció por completo y dio paso al pubis koyak, brasilero, desanimalizado, lampiño, impuesto así por la moda dominante del porno que, al considerar que el vello tapa lo esencial, desmalezó por completo el famoso Monte de Venus. La desaparición del pubis, esa nueva forma de calvicie, duró menos de una década, y el pubis se volvió a dibujar en el ideal de la intimidad sexy, la pelambre incesante volvió a ganar la partida hacia un pubis muy apocado, controlado, tapado apenas de la mirada del gran ojo de la televisión por microtangas casi simbólicas. Ahí estaba el pubis esperando en las bambalinas del canal después de recorrer todo ese camino de eclipses y ocultamientos pudorosos, quería por fin llegar a la sobremesa familiar y entrar para siempre en los hogares. Y finalmente apareció: un piolín de bikini que se desató por contrato y el pubis saludó a la teleaudiencia. ¡Buenas noches familia! Duró pocos segundos. El conductor tapó la pantalla, el canal ahora tiene que pagar una multa millonaria, pero el pubis llegó a las casas. Fue un hecho histórico.


Perfil, 8 de octubre de 2011

8 de octubre de 2011

Autorretrato

23 de septiembre de 2011

Subirse al pony



Nadie me avisó que había ganado un premio Perfil. Recibí un mail que decía: Te avisaron que ganaste el premio a la mejor columna de escritores? No. ¿Qué tengo que hacer? Nada, la entrega fue el martes pasado, te lo vamos a mandar esta semana en un taxi. Así que unos días después me tocaron el timbre y no era un taxista, era un motoquero, muy parecido a mi amigo el Lagarto, de esos flacos de voz gruesa, con traje de agua amarillo de motoquero en día de lluvia. Me entregó la bolsa trasparente donde venía el premio, poniendo cara de "and the winner is", con gran sonrisa y levantando las cejas... Yo lo agarré, lo alcé en el aire en plena vereda y agradecí con una mini reverencia. Todos los premios deberían ser así, dártelos tiempo después, en la calle, con un motoquero buena onda, para que no te subas al pony. Sin fiesta ni aplauso. Tengo que decir que, más allá del ceremonial, me pone muy contento el premio. Vengo escribiendo esta columna todos los sábados desde abril del 2008. El jurado era Guillermo Piro, Daniel Link y Beatriz Sarlo. Les agradecí con un mail. La placa en la base dice: "Premios Perfil 2010-2011 Mejor nota de escritores". La columna se llamaba Taxidermia.

12 de septiembre de 2011

La muerte de un galeno


Pedro Mairal

No me acuerdo qué hospital era, pero era en el Conurbano. Llegué en el Falcon que había sido de mi abuelo, que tragaba nafta que daba miedo. En recepción pregunté por el Dr. X y lo llamaron por altoparlante. Me había mandado una orientadora vocacional cuando, después de varias consultas, yo dije que quería estudiar Medicina. Así que me hizo el contacto con su cuñado que era capo de algo en ese hospital. Lo esperé en el hall pero no aparecía. Después me hicieron esperarlo en uno de los consultorios. Al rato apareció, abrió la puerta y disimuló una media sonrisa. Yo me vi: pelo largo por los hombros, remera negra de Pink Floyd, 19 años y cara de 14. El, de guardapolvo abierto, bigote tabacoso y mano pesada. Un Rodolfo Ranni de la medicina. ¿Por qué querés ser médico vos? Quiero curar, le dije. Nosotros no curamos, el cuerpo se cura solo, a veces lo ayudamos un poco. La cosa había empezado mal. ¿A vos qué te gusta hacer, de verdad? Escribo poesía, pensé, pero no lo dije. Me pareció que se iba a enojar, como si le mostrara que podía levitar y él me bajara al suelo de un cachetazo. No sé, le contesté. Te voy a hacer una ronda por el hospital, me dijo y me empezó a mostrar las distintas áreas. Los terminales, me decía y me metía en una sala de fantasmas de carne y hueso. Yo me hacía el no impresionado, le ponía cara de nada. Me metió en una sala donde había un tipo esposado a la cama. Me hizo mirar por una ventana alta cómo operaban a alguien, pero no se veía mucho, apenas unas grampas abriendo algo que parecían dos costillas. Insistí con mi cara de póker. Buscó algo durante un rato hasta que destapó una camilla y había una vieja desnuda. ¿Habías visto un muerto alguna vez? Sí, le mentí. Después se empezó a cansar. En un pasillo del tercer piso se cruzó con colegas que le preguntaron algo y se demoró hablando. Al fondo había un balcón y afuera un tipo en pijama fumando. Me asomé por la baranda. Era el mediodía, había sol. ¿Venís a ver a un familiar? No, le dije. Y me dieron ganas de mostrarle que yo podía volar por encima de las copas de los árboles.


Perfil, 10 de sept de 2011


10 de septiembre de 2011

Últimos años de Samuel Timorato


(traducción de Charly Feiling de un poema de Ogden Nash, publicado en Amor a Roma. Con este poema Luis Chitarroni terminó ayer su conferencia de apertura del Filba 2011
)


Aunque el control nunca pierda,
de mi suerte no hago alarde.
Ahora llegan los besos, demasiados demasiado tarde.
Vosotras decidme, Parcas,
y ya no molesto más,
¿dónde estaban estos besos tres décadas atrás?
Chicas había a montones,
refresco o cerveza, chicas,
alegremente casadas o estudiosas y tozudas,
las novias de mis amigos
o esposas de mis amigos,
algunas bien asentadas y algunas de escaso tino,
chicas tristes y serenas,
agitadas, turbulentas,
en debut cosmopolita o matronas suculentas,
todas ellas tan amables,
todas ellas tan cordiales,
inocentes excitando mis instintos primordiales.
Pero aunque no todavía
salud o plata en exceso
había perdido, ninguna,
ni siquiera Jenny,
me dio un beso.
Esas mismísimas chicas
conmigo se han vuelto viejas,
la cabeza sobre mi hombro apoyan para sus quejas,
y ahora llegan los besos,
un diluvio que se expande,
vanos besos insensatos, demasiados demasiado tarde.
Me besan al saludarme,
me besan al despedirse,
si yo les ofrezco fuego, tienen un beso que darme.
Me besan en casamientos,
me besan en funerales,
no tardan para besarme ni segundos decimales.
Me besan cuando hay un cocktail
o cuando al bridge me desquito,
y es todo tan automático como matar un mosquito.
El sonido de sus besos
retumba ya en mis oídos
como manga de langosta que destruye los cultivos.

Tengo dispepsia, artritis,
una úlcera en camino,
y me cansa ser besado por hábito compulsivo.
Si mis queridas me internan
hoy con demencia senil,
será de besos vacíos, sin consecuencia ni fin.
Vosotras decidme, Parcas,
y ya no molesto más,
¿dónde estaban estos besos tres décadas atrás?

*

[ACÁ LEÍDO POR NASH EN YOUTUBE]

The sunset years of Samuel Shy, Ogden Nash:

Master I may be, /But not of my fate./ Now come the kisses, too many too late./ Tell me, O Parcae, / For fain would I know,/ Where were these kisses three decades ago?/ Girls there were plenty,/ Mint julep girls, beer girls,/ Gay younger married and headstrong career girls,/ The girls of my friends/ And the wives of my friends,/ Some smugly settled and some at loose ends,/ Sad girls, serene girls,/ Girls breathless and turbulent,/ Debs cosmopolitan, matrons suburbulent,/ All of them amiable,/ All of them cordial,/ Innocent rousers of instincts primordial,/ But even though health and wealth/ Hadn't yet missed me,/ None of them,/ Not even Jenny,/ Once kissed me.// These very same girls/ Who with me have grown older/ Now freely relax with a head on my shoulder,/ And now come the kisses,/ A flood in full spate, /The meaningless kisses, too many too late. /They kiss me hello, /They kiss me goodbye,/ Should I offer a light, there's a kiss for reply./ They kiss me at weddings,/ They kiss me at wakes,/ The drop of a hat is less than it takes./ They kiss me at cocktails,/ They kiss me at bridge,/ It's all automatic, like slapping a midge./ The sound of their kisses/ Is loud in my ears/ Like the locusts that swarm every seventeen years.// I'm arthritic, dyspeptic,/ Potentially ulcery,/ And weary of kisses by custom compulsory./ Should my dear ones commit me/ As senile demential,/ It's from kisses perfunctory, inconsequential./ Answer, O Parcae,/ For fain would I know,/ Where were these kisses three decades ago?


5 de septiembre de 2011

Salta la púa

Pedro Mairal

Cómo envejecen tus divas a pesar del Fotoshop, cómo el tiempo ya hizo estragos en tus musas eróticas y tus galanes contemporáneos encanecieron a la par con el espejo. ¿En qué momento sucedió ese cataclismo, en qué momento tu mundo se desplazó veinte años más allá, adentro de la falla del olvido? De pronto los taxistas y los médicos de guardia son más jóvenes que vos y cuando das clases, tus referentes no encuentran ninguna adherencia en los cerebros veinteañeros. En sus imaginarios resbalan a la nada tus ejemplos setentosos: decir que en esa parte del texto es como que salta la púa es una frase que deja a todos perplejos, ni siquiera podés decir que salta el compact, los noventas tampoco se entienden demasiado, quizá podés decir el texto en esa parte hace un poco de ruido, eso quizás se entienda. El habla popular avanza como una ola de la que ya sos apenas la resaca. La expresión “no le sube el agua al tanque” quizá podría reemplazarse por “se le cortó el wi-fi”, pero ya en unos años tampoco se va a entender.

No queda más remedio que seguir atrapados en la caducidad del lenguaje, entregarse al resbalar del mundo en su eterna destrucción y tratar de ir dejando algunas cosas asentadas como si fuéramos arqueólogos del presente, sabiendo que las alumnas angelicales ya no serán Lolita en el 2020, que toda esta actualidad es también basura cósmica y tecnológica, habrá dentro de poco montañas de Ipads y Tablets y Kindles descartados como hay ahora montañas de monitores de PC. Tus personajes actuales hablan de internet pero eso sonará algún día como los personajes de la literatura de 1940, cuando dicen que van al biógrafo o al cinematógrafo, con la diferencia de que el envejecimiento del lenguaje ahora es más veloz, porque en tres años todo intento por hacerse el teky desemboca en papelón anacrónico. Quizá la única salvación sea mirar el presente como si ya hubieran pasado muchos años, cargar a las estrellas pop con su transformación futura, como si hubiéramos podido adivinar a la rapada monstruosa y drogada pegando paraguazos a los fotógrafos en la dulce teen Britney Spears de 1999. Ver el Increíble Hulk que todo el mundo lleva dentro, calarle el Elvis obeso y enpastillado que oculta Justin Beiber.

No es sólo amargura, no es tanto pensar en la flor seca cuando recién está floreciendo, ni gratuitamente envejecer lo que se mira, aunque sea un buen ejercicio, sino pensar en la carga temporal que tienen las cosas y la gente, y sobre todo lo mediático, las generaciones de Batman, por ejemplo, desde el cómic y el Batman televisivo y psicodélico con onomatopeyas de golpes en cada puñetazo, pasando por los Batman oscuros del cine, hasta los futuros Batman que vaya a saber uno cómo serán. Cada generación tendrá su Batman, y así sus demás referentes. Tener hijos ayuda a renovar esos referentes pero igual mejor no tratar de estar al día. Porque todo se mueve muy rápido. Cual la generación de las hojas, así la de los hombres, dice Homero, y eso no envejeció. Pero el pop se pudre rápido. Cuanto más te metés en el río del pop más fuerte es la correntada que te desplaza en el tiempo.


Perfil, 3 de septiembre de 2011

28 de agosto de 2011

Boquitas pintadas

Estuvimos siguiendo los rastros de Puig en General Villegas. El cine donde iba

sus cartas

las revistas de su infancia, donde desfilan sus personajes

la gente que lo estudia y cuida su recuerdo, como Patricia Bargero

el cementerio
su casa natal
El capítulo de Boquitas pintadas de Impreso en Argentina probablemente salga el día de la primavera



8 de agosto de 2011

Después de acabar

Pedro Mairal

Después de acabar quedó boca arriba en la cama con los ojos cerrados, haciendo la plancha sobre las endorfinas, hamacada en la beatitud de un lento ritmo marino, porque cada respiración era como una ola serena que venía de lejos y la levantaba hasta que se llenaba de aire y volvía a bajar exhalando todo el suspiro que al irse se mezclaba con la llegada de la otra ola calma del diafragma que empujaba hacia abajo haciendo que se volvieran a llenar arriba los pulmones, se le ensanchaba de luz el pecho, las costillas se estiraban en la cresta y otra vez abajo, siempre conectada a ese vaivén del movimiento constante más allá de lo vivo, el impulso del planeta, una fuerza tremendamente suave indetenible, una corriente cálida, buscando arriba el aire y resbalando acostada así en la cama hasta que abrió después los ojos y susurró qué buena paja.



2 de agosto de 2011

Rayuela - Miércoles 3 de agosto




Este miércoles 3 de agosto vuelve la segunda temporada de Impreso en Argentina con Rayuela de Cortázar. Los entrevistados son Sylvia Iparraguirre, Anibal Jarkowsky y Fabián Casas. Por canal Encuentro.

Nuevos horarios: miércoles a las 18:30.
Repeticiones: Jueves 14:30, Viernes 10:00, Sábados 09:00


Siguientes capítulos:
Capítulo 5.- Rayuela
Capítulo 6.- Misteriosa Buenos Aires
Capítulo 7.- Cuentos de amor de locura y de muerte
Capítulo 8.- La Furia
Capítulo 9.- El Entenado
Capítulo 10.- Adán Buenosayres
Capítulo 11: Los Pichiciegos
Capítulo 12.- El túnel
Capítulo 13.- Boquitas pintadas

1 de agosto de 2011

Zambra en Irockuptibles

.
.


En el número de agosto de Irockuptibles sale una nota que hice sobre Formas de volver a casa. Acá va un falso arranque que al final no quedó:

Zambra fumando apoyado en una máquina expendedora roja en la estación de trenes de Marsella. Zambra fumando en un puente sobre el Ródano en Lyon. Zambra con un cigarrillo en la boca tocando en la guitarra una canción de Georges Brassens. Zambra riéndose en mi casa en Buenos Aires con un cigarrillo encendido en la mano. No tengo ni una foto de Zambra libre de humo. Me lo crucé en congresos literarios en Bogotá en el 2007, en Francia en el 2009 y en Argentina en 2011. Nos vemos los años impares. En Francia quedamos atrapados en un congreso itinerante que recorría todo el país, al ritmo de una ciudad por día; en Marsella, al ver el Meditarráneo, nos escapamos. Foto de Zambra fumando en el puerto. En Lyon fuimos a lavar ropa a una lavandería automática. Me acuerdo que caminábamos por una de esas calles angostas europeas y yo revoleaba mi bolsa de ropa sucia bien alto y la volvía a atajar. Ese recuerdo de la bolsa en el aire me trae de vuelta una sensación de mucha felicidad. Zambra fumando sentado en el cordón de la lavandería mientras se secaban nuestros calzones. Está el Zambra que conozco y está también el Zambra que leo en sus novelas. Lo raro es que su literatura tiene un tono tan sincero y abierto que estoy seguro de conocerlo más por haber leído sus libros que por haber viajado con él.

p.mairal

10 de julio de 2011

Luz de julio


Pedro Mairal

Algo pasa con la luz de la ciudad en julio. No es esa resolana atómica de enero que enceguece, tampoco es la luz nítida de septiembre. En julio hay una luz amarilla, un sol oblicuo, que cae en ángulo de 45 grados y rebota en la vereda. Un contraluz constante, sin vertical de sol, sin cenit. Los rayos vienen hacia uno atravesando a los demás peatones, las mujeres tienen un aura rojiza y largan humo de frío, no se ven bien las caras cuando pasan. No hay mediodía, el sol está trepando o cayendo. Amanece de golpe y no deja de amanecer hasta que se hizo tarde y uno sale del trabajo y es de noche. El día se hace breve pero vale la pena la luz dorada de julio.

La vi por Reconquista, fui atravesando un río de gente inundada de luz, y atrás se veía la Torre de los Ingleses, al fondo, en Retiro. Esa torre aparece en las películas de Gardel, en Cuesta abajo, por ejemplo, cuando quieren mostrar que el personaje está de vuelta en Buenos Aires. Porque el Obelisco no existía en esa época. Gardel nunca vio el Obelisco.

Ahí estaba la torre y yo tenía que ir a grabar, para un programa, la celebración de la defensa de Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas que el Regimiento de Patricios hace cada 5 de julio en el Convento de Santa Catalina. Aparecieron los soldados con uniformes antiguos. Tocó la banda. Dentro de la iglesia se narraron los hechos: las tropas avanzando, los ingleses que tomaron el convento, la reconquista.

Durante el café en el patio, ya fuera del ceremonial, saqué un par de fotos: un patricio hablando por celular, la luz atravesando las plumas de las galeras. Esa luz que atraviesa la historia, los períodos, los monumentos, las jefaturas. Nada la eclipsa. La luz de julio va a seguir estando.


(Perfil, 9 de julio de 2011)

18 de junio de 2011

Buscando a Saer por las islas

.
En Santa Fe, grabando el capítulo de El entenado
.
.





fotos: p. mairal

8 de junio de 2011

Teatro, estreno este sábado 11 de junio

.


"Como en Chéjov, la alta burguesía configurando y defendiendo su identidad aunque se acabe el mundo".

2 de junio de 2011

El kimono

.
José Watanabe



Mi padre y mi madre eran sombras
dispares
que ahora, muertas, acaso se encuentran
más.
Yo recuerdo: él le regaló un kimono
y ella lloró en silencio
porque una gracia así
no concordaba
con su amor tan austero.

En la espalda del kimono
saltaba un salmón rojo.
Sobre los hombros de mi madre, el pez
parecía subir por la cascada de sus cabellos,
hermosisímos y azulados cabellos
de mestiza:
Una bella imagen que ella no podía ver.
Dígasela usted, padre,
para que deje de llorar.
.

29 de mayo de 2011

Meses difíciles

Pedro Mairal

Cuidado con mayo y junio. Son meses de renuncias, no tanto políticas, sino más bien personales. Mayo y junio son los meses del ultimátum íntimo, inconfesado. A principio de año empezaste clases de actuación o te anotaste en sociología, en percusión, en el gimnasio, en pileta, pensando que este año finalmente ibas a lograrlo, este año iba a ser distinto, todo vos ibas a ser un súper vos, más alto, parado más derecho, más flaco, comiendo menos y mejor, te ibas a poner las pilas, este año ibas a terminar la tesis, o el quincho de atrás, este año ibas a cuidar bien el jardín, a pintar, a pasarte en limpio, a sacar la bici, a encarar el trabajo con más ganas, más organizado, más eficiente. Y el comienzo de año ayudó: los meses nuevos, la compu nueva, las caras renovadas en la clase de yoga, el buen clima del fin del verano... Pero algo se cansó, quizá no vos sino las semanas mismas se cansaron, faltó la chica linda que iba a yoga, faltaron otros, una mañana quedaste sólo vos con la profe resfriada, en el trabajo no te aumentaron y te dio bronca ser más organizado y se acumularon los informes sin hacer, llovió mucho en abril y no pudiste pintar ni sacar la bici que ahora está pinchada, te ganó el yuyal, el quincho quedó en planes porque resultó muy caro, la tesis mejor terminarla en verano cuando puedas leer más, el papel de la dieta quedó crucificado con dos imanes en la heladera porque leíste que el yogur diet es cancerígeno, faltaste a pileta por el frío, el profe de percusión era medio mala onda, la sociología no es lo tuyo, en teatro francamente no te ves. Qué lindo renunciar, coronarse con el aura del derrotado, desertar, no ir más, saber que igual la vida empieza a cada rato.

Perfil, 28 de mayo de 2011

26 de mayo de 2011

Epifanía del perro

.
César Mermet



Repentino, veloz y sucesivo
terrestre colibrí, cuadrúpedo versátil,
con el vidente hocico el perro
persigue abecedarios dislocados en árboles y muros,
restituye en lecturas instantáneas
un fragmentario texto, evanescentes testimonios
de ausentes persistentes,
descifrando en el aire un palimpsesto,
la pululante estela, la saga tumultuosa
en volvedor olvido,
del numeroso clan que el mundo orina
delectación, saludo, reencuentro a pata alzada
y siembra de aquí estuve,
en numinosos sitios convocantes.

Remonta el perro difusos parentescos,
el linaje, la crónica, el ácido mensaje
de olores solidarios y entusiastas.
Tenaz, certero, el perro sigue
contradictorios rumbos, inspiraciones diagonales;
pero actuando conjura el habitado tiempo,
teje y reintegra una coral figura,
leva un urgente censo
de espectros fraternales que invoca remedando,
y puntualiza, suma, funda especie,
el júbilo en la especie,
y él es la especie rescatada,
toda la tribu, la memoria entera;
y en temblorosa epifanía,
él es total, el uno en muchos
y todos los transitivos en el uno.

Ahora el perro, sentado, se relame.
Altiva la cabeza, rotunda, convencida, iluminada;
magnánima, la sabia lengua pende, rezumando,
y su mirada abarca nada y todo
cielo y perro.
Entronizado el perro en perro,
jadea en plenitud, reposa, lacrimoso,
en la certeza estólida de ser la olida suma,
miríada de olfatos, moviendo las orejas.
Transeúntes, peregrinos,
efímeros, constantes, devocionales perros
en la tarea solemne de dejar anales, memorables zócalos,
patéticas señales, humedades,
en herrumbres, ladrillos y maderas.
Constelación de perros, todos en él, actuales,
todos los obsedidos corredores, presos
en laberintos del olor del aire;
de tensa cola a índigo hociqueo
dorsal flecha lanzada a la pregunta interminable
de ser o de no ser perro en los perros;
apaciguado finalmente, confirmado
en el espejo beato de su olfato crédulo.

He aquí el can ejemplar
que cree que existe por sus semejantes;
por quienes fueron, no fueron, fueron también
confusa dispersión, ávida pista, vehemente inquisición,
hallazgo y gloria;
con húmeda nariz ambulatoria,
a ijares quejumbrosos, trotaron indagando
su secreto nombre en el público olor de los sumandos;
husmeando, de piedra en árbol,
de columna en umbral y de yuyal en derrumbada rueda,
perseveraron, encontraron, fueron
la cierta, la instituida
revelación del cabal perro,
el impetrado en aspersiones, uno
que se conoce perro entre los perros.


10 de junio de 1975


22 de mayo de 2011

Recomendado

Introducción a Marcel Proust. A cargo de Gervasio Landívar.
Lugar: Dain UsinaDuración: 4 encuentros de 1.30 hs cada uno

Fechas: Martes 7, 14, 21 y 28 de junio de 19 a 20.30 hs

Lugar: Dain Usina Cultural Nicaragua 4899 Palermo

Costo: $300 (incluye una copa de vino o un café)

Informes e inscripción: Tel 4778-3554

Mail info@dainusinacultural.com.ar)

Más Info y programa

Informes e inscripción: Tel 4778-3554

12 de mayo de 2011

10 de mayo de 2011

8 de mayo de 2011

La cosa literaria

.



por Damián Ríos

(leído en la presentación de "The Book of Writers" en la librería Otra lluvia, el 6 de mayo de 2011)


Vuelvo a leer un libro de Elvio Gandolfo y cuando digo vuelvo me gustaría decir más exactamente "volvemos" si no fuera por el carácter generacional que a veces adquiere esa primera persona del plural. Vuelvo a disfrutar del tono, de la estructura, del manejo de las tramas, de las escenas narradas con sensibilidad y elegancia, como hace veinte años cuando descubrí “La Reina de las nieves”, “Vivir en la salina”, “Caminando alrededor” entre tantos otros. Quise ser escritor o tener algo que ver con el mundo de la literatura por esos textos, entre algunos de otros autores que además Gandolfo se ocupaba de promover. Como me pasa desde aquel entonces, es un libro que me pide memorizarlo y pruebo… “Dicen que una vez el Zorro abrió la puerta de un lugar donde se hacía una reunión a la que él había llegado media hora antes, y se encontró ante una desconocida…”. Como me pasa desde aquel entonces con los libros de Elvio, “The Book of Writers” es un libro que hace tiempo que venía esperando y del que incluso había tenido algún adelanto. Como me va a seguir pasando con los libros de Elvio, es uno que me hubiera gustado editar, pero todo no se puede y entonces trato de copiarlo. Además, su autor se había encargado de hablar de “The Book of Writers” en algunos reportajes y el proyecto en sí me interesaba y más me interesaba que fuera él el encargado de escribirlo porque, voy a decirlo ahora, Elvio es el mejor de todos nosotros (después voy a volver sobre este punto) y este es uno de sus libros más personales en una obra, la de Elvio, que está poblada de libros personales, únicos en su especie, siempre corridos gratamente de lo que sus lectores esperamos.

¿En qué especie o categoría me ubico cuando digo “nosotros” o antes cuando quise decir “volvemos”? En una especie, tal vez una raza, que “The Book of Writers” describe muy bien: la especie de los escritores que andamos dando vueltas por el mundo, tratando de componer buenas frases en alguna lengua en la que de a poco vamos adquiriendo destrezas pero que siempre nos resulta un poco ajena y que usamos, con mayor o menor pericia, algo extrañados. La apuesta en “The Book Of Writers” es elidir los nombres propios para desnudar los sistemas literarios, sus modos de funcionamiento, sus procedimientos, el modo en que los integrantes de esa especie “triunfan” o “fracasan”, sus grandezas y pequeñas miserias, en suma, para acercarse a los miembros de esa especie con ojo de escritor, de crítico, de periodista, algunas de las cosas que es Elvio, sin el peso del chisme; más bien, para ubicar al chisme en el mejor lugar de la literatura: aquel en donde el nombre propio no importa porque importa el sistema que hace funcionar y en el que funciona. Gandolfo se vale de un título en inglés y de la elisión de los nombres propios para acercarse mejor a la cosa literaria, eso que es tan difícil de definir pero que termina dándonos un destino y una razón de ser en un mundo a lectores y escritores, aunque ese mundo esté reducido a unas pocas personas e incluso a algunas pocas cuadras, cuyo carácter se nos escapa una y otra vez y que nos resulta misterioso.

Se podría decir que son historias gandolfianas, y si aceptamos eso, tenemos que decir que “Acto de desaparición” y “El juguete roto” están entre los mejores relatos que se pueden leer en narrativa en estos tiempos. Precisión, lenguaje, tensión, mirada: todos recursos admirablemente manejados que se ponen al servicio del arte de narrar en un nivel al que sólo de vez en cuando se llega y a veces no se llega nunca. Aunque en este libro, Elvio Gandolfo nos muestra que se puede llegar si se siguen unas pocas reglas que uno mismo se impone, y si uno también sabe abandonarlas o romperlas, siempre y cuando esos movimientos sean, o parezcan ser, absolutamente personales. Reglas que no se oponen a las modas pero que por efecto de su capricho parecen pensadas por afuera de la corriente y, como en este caso, hablan mejor de los sistemas, de los ambientes, sin ironías. Por ejemplo, para hablar y pensar mejor a la especie de los escritores o escritoras es mejor no nombrarlos. Por eso Gandolfo generaliza cuando habla de “Fulano”, de “Universidad de Lovaina” o de la revista “Línea clara”: truco para ahorrar esfuerzo y pegar mejor y con fuerza en el medio, en lo que importa. Por ejemplo, hablar de un Fulano diciendo (necesito citar): “Lo curioso era esto: yo entraba a la librería y él estaba en el mostrador, un tipo común, de lentes, no demasiado bien vestido. En otras palabras, a su manera, con diferencias de todo tipo (de formación, incluso de repercusión) un tipo como yo, un tipo como uno. Así que nos veíamos, y con cierta recatada alegría decíamos: ¡Fulano! ¡Mengano! Y después: cómo estás, cómo andás. Pero luego, casi al instante, aunque sin dejar de colgar una o dos frases en el aire sobre un libro o un autor reciente, él empezaba a irse, sin irse del todo al principio, pero yéndose al fin y al cabo bastante rápido (digamos diez, quince segundos). Ya no estaba.”

Cuando muchos de nosotros empezamos a escribir o a leer, los libros de Gandolfo ya estaban y habían estado antes sus reseñas, las revistas que había fundado y dirigido, sus prólogos, las colecciones que dirigió, sus traducciones, y si tenemos que hacer un conteo de la cantidad de escritores a los que de alguna manera se ha referido en esas labores suman varios centenares: miles de páginas rigurosamente leídas y tratadas con inteligencia. El nombre de Gandolfo está de alguna manera constelado en esos escritores. Como siempre fue curioso, trabajador y generoso, a veces parece que hubiera escrito sobre todo lo que importa o importó leer, y siempre que alguien se “consagra”, “llega”, uno se acuerda de una nota de Elvio, de hace mucho. Ya está, entonces: hay que decir que Elvio hizo mucho por poner en circulación o ayudar a poner en circulación nombres propios de nuestra y de otras literaturas. “The Book Of Writers”, entonces, narra el modo en que funcionamos, el sistema que contiene, y eso quiere decir que habla de nadie en general y de todos nosotros en particular, y lo hace de una manera hermosa –a veces pasan cosas hermosas, a veces se publican libros hermosos- porque la literatura de Elvio Gandolfo lo es.






2 de mayo de 2011

Hoy cometí todos los cliches de la paternidad contemporánea


Santiago Llach

Leí las secciones de política y economía de los diarios,
pasé a buscar a Fiona y a Benicio por lo de mi ex mujer,
tomé por asalto una colita de cuadril
y hurgué en el fondo de un pote de helado de Freddo
para contribuir así a la edificación de esta panza homérica,
dormí una siesta en medio del leve trajín pascual de una casa en Florida
y compré unos bonos externos
a bordo de un bote a pedal en un lago de Palermo.
Ahora los chicos se durmieron
y en la unidad básica de Talcahuano sordos ruidos se oyen
de motores y de acero:
son las huestes metalmecánicas del Novotel de al lado
que no regala ni banda ancha
ni un poco de paz en la noche del centro.
Nada. En el último partido del domingo
empatan Racing y Argentinos, y yo también.
Me libré de las garras del mal
pero no escribí la gran novela de la época.
De todas formas, dormir no está tan fácil.
Soy el guardaespaldas de mis guerras íntimas,
ya hubo muchas noches así, y vendrán otras tantas.

30 de abril de 2011

Aullidos en la Web

Pedro Mairal


He visto a las mejores mentes de mi generación destruidas por la red de redes, con la banda ancha clavada en la vena, twitteando desaforadamente hacia la nada, hacia la hiperconexión del autista flotante. Se podría parafrasear así largamente a Allen Ginsberg en su poema Aullido, del que ahora sale una adaptación al cine. ¿Será la primera vez que se adapta, ya no una novela o un cuento, sino un poema a la pantalla grande? Claro que lo que se adapta no es sólo el poema sino la historia del poema censurado con el típico juicio oral por inmoralidad americana incluido. Y como no podía ser de otra manera, a Ginsberg, aquel barbudo anteojudo nada lindo, lo interpreta el carilindo James Franco que ya hizo de James Dean.

En fin, volviendo a las redes sociales, me asusta la ausencia mental de algunos amigos y amigas durante reuniones, pispeando la BlackBerry o el iPhone por debajo de la mesa, sonriendo apenas, como si nadie se diera cuenta, participando de otras reuniones paralelas en la nube de la Web. ¿Estás acá o en otro lado? En los dos lados, me dicen. Parezco una maestra de escuela pidiendo atención a los niños díscolos. En algún momento van a lograr hacerlo sin mirar la pantallita y ahí serán plenamente felices. Te mirarán a la cara y estarán en otro lado. Los he reprendido. Se confiesan adictos, se desintoxican durante unos días tratando de no conectarse hasta que reinciden.

Les cuesta cada vez más socializarse de otra manera, se deprimen si nadie les contesta, si no hay “faveos”, algo en el inbox, o un “me gusta”. Necesitan esa ida y vuelta que los afirma. Se les agrega gente que no conocen, pero a la que logran conocer en segundos, porque se arman un perfil global muy rápido de fotos y Facebook, saben dónde trabaja esa persona, qué estudió, si tiene novio o novia, si está casado o casada y cuántos hijos tiene o si no quiere tener, qué está haciendo en ese momento, y qué música está escuchando. Tienen el cráneo de cristal y se pueden ver entre ellos todos sus recuerdos, fantasías y emociones. Se abruman con toda la info ajena y dejan atrás huellas imborrables de todo, y para no seguir cruzándose con sus ex en la Red se encandadan los unos a los otros, se bloquean, se cambian el nick, emigran a otras cuentas. Están en Twitter, Facebook, Lastfm, Vimeo, YouTube, Scribd, Topickr, Blogger, Gmail... Todo a la vez, colapsados de actividad digital. No la pasan bien, ellos mismos me lo confiesan.

Internet parece haber traído nuevas formas de la angustia. El otro día veía al Ninja peleando en un ring de valetodo contra Yacaré. Dos patovicas gigantes. El Ninja lo derribó al oponente en diez segundos con una trompada cruzada a la mandíbula y le quiso seguir pegando en el suelo. Se lo tuvieron que sacar de encima al caído porque si no lo mataba. Y el Ninja saltaba cuando le levantaban el brazo triunfador, gritaba eufórico para las cámaras: “Esto es para cerrarles el culo a todos los giles que hablan mal de mí en los foros de Internet”. Pobre Ninja, yo lo banco.

.
.
Perfil, 30 de abril de 2011

28 de abril de 2011

Amor Jurídico

Pedro Mairal


Durante once años trabajé dando cursos de redacción para abogados, intentando que escribieran de manera más simple. Lo que me decidió a renunciar fue una carta de amor. Un abogado la escribió para una colega y me pidió que la corrigiera porque le sonaba demasiado jurídica. La carta decía así: Mediante la presente, el Dr. Leopoldo Justo (en adelante “yo”) me dirijo a la Dra. Beatriz Galíndez (en adelante “Bichi”) en mi carácter de aspirante a su impulsor de la sangre (en adelante “corazón”) a los efectos de proceder a informarle acerca de mis intenciones para con su persona física y espiritual porcentualmente. Bichi, Ud. y yo (en adelante denominados conjuntamente “nosotros”) podríamos ser tan felices. A modo ejemplificativo, solicito se arrogue Ud. la autorización de imaginar el sano esparcimiento junto a mi persona jurídica entre nuestros bienes muebles y nuestros bienes inmuebles, esto sin perjuicio de la generalidad de lo dispuesto anteriormente y poniendo a su disposición las llaves que permitan el acceso a la felicidad de tales inmuebles y correspondientes resguardos. A mayor abundamiento, Bichi, expreso que en ocasiones temo su recusación, pero si Ud. en los términos y condiciones pactados me suministrara apenas un intercambio de movimientos labiales (en adelante “besos”), se cumpliría así el requisito del consentimiento conyugal establecido en el art. 1277 del Código Civil, quedando así evidenciado que resulta improcedente el temor antes mencionado. De todos modos, conforme a lo originariamente convenido, si Ud. así no lo deseara y me lo manifestara tal como lo hiciere el día próximo pasado, mediante la sonora aplicación de sus dedos sobre mi maxilar izquierdo (en adelante “cachetazo”), tendré por irrevocablemente asumida su negativa. Atento a lo antedicho y luego de analizar profundamente las posibilidades que yo tuviere para establecer el acercamiento ilusionado, he decidido comunicarme con su persona mediante la presente para que Ud. decida, una vez evaluada la situación, las medidas cautelares a tomar respecto de mi apasionada iniciativa. Espero que dichas medidas disminuyan considerablemente el riesgo de algún tipo de impugnación y/u objeción ulterior por su parte. Por los argumentos expuestos y a los efectos de que mis sentimientos no fueren desinterpretados, el abajo firmante se despide con la esperanza de que no se prorrogue la implementación de un acuerdo definitivo entre ambas partes. Bichi, sin otro particular la saludo atentamente y, conforme lo ya acordado, le adjunto mi corazón.

Perfil, 23 de abril de 2011

26 de abril de 2011

Coequiper




Epa. No está trucada. Es mi coequiper en Impreso en Argentina, el historietista y dibujante Juan Sáenz Valiente, que además es audaz con el skate (streetboard, me corrige). Acá abajo, algunos de sus libros y fanzines. Algún día vamos a hacer uno juntos.


foto de arriba: nicolás vasen

Este miércoles, El juguete rabioso


Ya empezaron a dar el programa Impreso en Argentina donde estoy con el dibujante Juan Sáenz Valiente. En cada capítulo transformamos un libro del siglo XX argentino en su versión de historieta. Ya pasó el miércoles pasado La invención de Morel de Bioy Casares. A partir del miércoles 27 de abril vendrán El juguete rabioso de Arlt, Enero de Sara Gallardo, El Aleph de Borges, Cuentos de locura de amor y de muerte de Quiroga, Misteriosa Buenos Aires de Mujica Láinez, Rayuela de Cortázar, y otros. No sé si saldrán en ese orden. Lo dan por canal Encuentro (canal 6 de cablevisión y multicanal, 126 de direct tv, o en vivo acá en la página web del canal.)
Se emite los miércoles a las 20:30, los jueves a las 18, y los viernes a las 8 y a las 10:30.
Los entrevistados de este miércoles en el capítulo de El juguete rabioso: Mirta Arlt, Sylvia Saítta, y Ricardo Ragendorfer.
En la foto: Mirta Arlt, por Angel González

19 de abril de 2011

Guadalupe Gaona - Historia y estética de la fotografía


CURSO: HISTORIA Y ESTETICA DE LA FOTOGRAFIA

POR GUADALUPE GAONA


-Introducción a la noción de imagen. Especificidad de la imagen fotográfica. Ontología de la imagen fotográfica. Los presupuestos técnicos de la fotografía. La cuestión de la analogía. Diferencia entre fotografía y cine, fotografía y pintura.


-La cámara oscura. 1839: los primeros descubrimientos para fijar una imagen. El daguerrotipo. El calotipo. La popularización del retrato. Los retratos de Nadar. La conquista de la acción. Fotografía pictorialista vs documentalismo. El concepto de inconciente óptico de Walter Benjamin. El significado y la historia de la fotografía en Sobre la fotografía de Susan Sontag. Los fotógrafos: Robert Frank, Diane Arbus, Richard Avedon.


-Tendencias en la fotografía artística. La Creación de un acto para la cámara: la influencia del arte conceptual en la fotografía. Estudio sobre las fotografías de Philip Lorca di Corcia y Sophie Calle. La narración en una imagen. Jeff Wall, Philip Lorca di Corcia, Sharon Lockhart y Sarah Jones. Dead Pan: La mirada impasible. La vuelta al gran formato. La representación del espacio. (Fotografía Alemana. Los alumnos de Bern y Hilla Becher: Thomas Struth, Thomas Ruff, Candida Höffer, Andrea Gursky.) El retrato: De August Sander a Rinike Dijkstra. Vida íntima: Nan Goldin, Nobuyoshi Araki, Wolfgang Tillmans.


inicio del curso: viernes 6 de mayo, 11 hs. duración dos meses.

MERIDION ac

INFORMES E INSCRIPCIÓN:

meridion.meridion@gmail.com
Chile 1331 Montserrat

Estreno



14 de abril de 2011

Impreso en Argentina - Miércoles 20 de abril

El primer capítulo de Impreso en Argentina, es sobre La invención de Morel, de Bioy Casares. Lo dan el 20 de abril a las 20:30 por canal Encuentro (canal 6 en Cablevisión y Multicanal, canal 126 en Direct TV).

23 de marzo de 2011

Cactus

Cactus from Luz Rapoport on Vimeo.

6 de marzo de 2011

Media docena

Pedro Mairal

Una novela que siga la historia de media docena de huevos desde el vientre de la gallina ponedora hasta su destino sudamericano cuando la mucama chaqueña los saca de la góndola del Disco, los pone en el carrito, al lado de las endivias y la caja de Earl Grey que figura en la lista que le escribió la señora, y deja el pedido para envío y van a parar al departamento en Avenida Libertador, donde los primeros dos se los come la hija mayor revueltos y con pimienta apurada saliendo para la productora de publicidad donde trabaja, el tercero se lo lleva el hermano más chico para una manualidad en el colegio donde lo van a vaciar y a pintar como un jugador de fútbol con la camiseta de la selección, el cuarto y el quinto se los come duros y picados en una ensalada con endivias la madre con sus amigas de yoga, y el sexto lo agarra la hija del medio con caja y todo para tirárselo por la cabeza a Vargas Llosa en la inauguración de la Feria del Libro, para demostrar que es un operador de la derecha internacional, aunque no lo leyó pero le cae mal porque se parece un poco a su papá que ahora está de viaje de negocios en Toronto, así que el huevo viaja en su mochila en el 37 junto a su novio que conoció en la plaza cuando murió Néstor y ella se sumaba a los saltos y los cantitos de “che gorila, che gorila, no te lo decimos más si la tocan a Cristina qué quilombo se va a armar” y se besaron llorando, así que ahí va el huevo que parece tener un glorioso destino de huevazo hasta que en el tumulto, un amigo del novio le dice que los muchachos de La Cámpora bajaron línea de que no vuele una mosca y el huevo vuelve a la heladera de donde lo saca la chaqueña a los tres días y se lo come de parada, frito y con cebolla, tarareando una canción de Justin Bieber.

(Perfil, 5 de marzo de 2011)