16 de noviembre de 2009
10 de noviembre de 2009
Entrar en librerías
por Pedro Mairal
Entrar en librerías, últimamente, me da mucha ansiedad. Trato ahora de entender las causas y noto que son varias y algo difusas. Para empezar, mi casa ya está llena de libros, muchos no leídos, o leídos por la mitad, libros en los estantes y también apilados en el piso contra las paredes, divididos en torres de las distintas literaturas –argentina, inglesa, latinoamericana, española, francesa–, torres que se derrumban cada tanto y tengo que volver a levantar. No hay más lugar para los libros, pero siempre se agrega alguno. Por eso entro en las librerías ya saturado y aplastado por el peso de lo no leído, el peso de las lecturas pendientes y los anillados intactos de mis amigos, juntando polvo sobre mi escritorio. Entro con una culpa original, una sensación de “no debo estar acá”, pero me lanzo sobre las mesas de novedades y casi en seguida me arrepiento, me da taquicardia. Todas esas tapas, ese diseño gráfico cultural rozándome las cuerdas, el marketing trabajando sobre mi persona, haciéndome calcular cuánta plata tengo en el bolsillo. Algo me aturde. Cómo escribe la gente, pienso, cómo publican, parecen todos César Aira, y yo sin escribir, sin publicar, sin tener siquiera un libro en el alma, como dice Pasolini. Qué bien funciona el mundo sin uno (el mundo editorial y el mundo entero). Qué paliza para el ego literario.
Suceden demasiadas cosas a la vez en esas mesas de novedades. Sobre todo en las novedades locales, uno puede ver las fuerzas chocando entre sí: los inventos editoriales, los intentos por reinstalar un autor, la timidez sobrepuesta de algún colega que al fin se animó, las apuestas a la calidad (esa palabra de la industria láctea como dice Cucurto), el buen ojo de un editor, las esperanzas de bestsellerismo, los premios, las poses no posadas en las solapas, las contratapas elogiosas escritas por el autor mismo, todo lo que el viento se llevó y se llevará. Ahí está la guerra visible de la que los narradores argentinos forman parte, los grupos editoriales, la incidencia oblicua del campo intelectual, un recorte extraño de lo que se escribe hoy día. Uno conoce las internas que conllevó esa antología, las amistades que se rompieron en el proceso de edición, los entramados hormonales de la lista definitiva, y el lobby de esa otra colección, los cafecitos secreteados, los chismes, la extorsión emocional. Cada libro es la punta del iceberg de un intento de operación cultural. Los títulos entre sí se sacan chispas. Como en todas las épocas.
Y está también la ansiedad cuando acabo de sacar un libro, porque me busco de reojo y expectante, me detecto, por un instante me hago upa a mí mismo, disimulo entre las mesas. Después, con las semanas, el libro se va saliendo de foco, se va a los estantes para alejarse finalmente hacia los saldos y los galpones de stock. El director de la librería Hernández, Ezequiel Leder Kremer, contó en una mesa redonda que una plaga de las librerías son los autores de incógnito en busca de su propio libro. Llegan, buscan, preguntan por un libro, hacen ir al empleado hasta el sótano a buscarlo y después lo dejan en un lugar visible. Dan trabajo y no compran nada. Y hay historias tristes. La de Fitzgerald, por ejemplo, cuando en sus últimos años de guionista en Hollywood quiso mostrarle a su nueva secretaria que él era un escritor importante y la fue llevando por las distintas librerías de la ciudad buscando sus novelas sin poder encontrar un solo título.
La ansiedad de las librerías puede aniquilarte. Cuanto más grande la librería, más ansiedad. Uno de los pocos lugares donde estoy tranquilo es la sección de poesía (en general, el tamaño de la sección de poesía es inversamente proporcional al tamaño de la librería). Ahí puedo quedarme hasta provocarme una tortícolis aguda leyendo títulos verticales en los lomos finitos. Me quedo en ese rincón (porque casi siempre la poesía está en un rincón) y busco sin apuro entre los libros de poemas, publicados fuera de la histeria narrativa, fuera de la novedad, fuera del podio de la revista cultural. Madariaga, Giannuzzi, Juanele, Viel Temperley. Ahí le pido a Alejandro Magno que no me tape el sol y me refugio con los poetas que trabajaron en silencio sus libros lanzados al mundo con esa lentitud implacable que le gana a la liebre. Libros de poemas que concentran toda la literatura. Si uno diluye un buen poema en un litro de agua consigue un cuento regular. Si uno diluye ese cuento en diez litros de agua, consigue una novela innecesaria.
Perfil, 7 de noviembre de 2009
8 de noviembre de 2009
2 de noviembre de 2009
29 de octubre de 2009
27 de octubre de 2009
Pozo de Aire - Guadalupe Gaona
.
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por Guadalupe Gaona
Suelto el bote
y me tiro panza arriba a escuchar
lo que se mueve conmigo adentro.
Una pierna que cuelga.
En el lago las cosas están congeladas.
Seguro que los peces finos y largos
no sufren el paso del tiempo.
Hasta la hora del almuerzo
provoco mi propio naufragio.
Mi madre me hace señas desde la orilla
para que vuelva.
Parece un flamenco atascado en el agua.
Hago que no la veo, que no la escucho.
Hago que no tengo madre.
Mejor soy el bote suelto en el lago.
.
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Ediciones Senda Vox, Buenos Aires, 2009
Nota en Radar, marzo 2007
19 de octubre de 2009
El tren
El tren de las putas
Anna Maria Farinato
Se me hizo tarde, y perdí el rewind de los trabajadores que después de pasarse el día en la metrópoli regresan al conurbano en horas decentes. La vida ya cambió de turno, y hoy me tocó el tren de las putas [SIGUE ACÁ]
29 de septiembre de 2009
La batalla
La manada policial había bloqueado
las calles laterales. Una operación mental
tácticamente correcta y fría. Pero en el tumulto
vibraba un núcleo incandescente
donde se decidían las cosas con puños alzados,
alaridos, blasfemias y razones coléricas.
Volaron llamas, escupitajos, mamposterías,
vidrios pulverizados, bulones: el lenguaje
encarnado de gente que sabe lo que quiere
en tiempos miserables. La multitud onduló
jadeante y ciega al estallido del gas
y aunque condenada a una asfixia de lágrimas
perforó por un instante
el cerco de escudos y plástico reforzado.
Silbaron balas y el aire humoso
se astilló en la dispersión. La furia general
se concentró, vaciada en las tensadas cavidades
de cada rostro. En la cabeza de la nación
hubo un leve crujido, como si allá afuera
hubiera sucedido algo todavía desconocido.
Las pantallas de la televisión
dieron por apagada la escena. Había otros temas
que atender y desmentir el desorden:
allí donde al amor sólo le quedaban
falsas definiciones, pero también sospechando
cuántas mutaciones llegarían
a depender de aquella batalla perdida
en el recodo de una guerra interminable.
Después, montado en un aullido de sirenas,
llegó el Estado perfecto en auxilio de los muertos.
(de Apuestas en lo oscuro, 2000)
27 de septiembre de 2009
La famila molecular
En la página de agradecimientos de un ensayo exquisito que acabo de empezar a leer, el autor reserva el final para las, se deduce por los nombres, mujeres que viven con él, les da las gracias porque “me han obsequiado el mejor regalo que una familia puede hacer a un escritor: me han dejado a solas para pensar, fumar y escribir”.
Leí esas palabras, me quedé inmóvil unos segundos y después cerré el libro, como hacen los lectores cuando quiere meditar sobre algo que los tocó. Sentí gran envidia porque cuando las mujeres de mi casa me dejan solo, mi primer impulso, el natural, es telefonear a algún cómplice y, por lo bajo, alcoholizarme. La contrarreacción inmediata es tratar de controlarme, no llamar a nadie. Si lo logro, ya entregado a la sensatez me paro frente la biblioteca, elijo algún libro al azar y abanico las páginas deteniéndome en los pasajes subrayados. No puedo evitar lo de marcar los libros, puedo tirar el teléfono al patio del vecino para alejarme de mis adicciones, pero nunca voy a dejar de subrayar los libros.
Hace un mes, más o menos, cumplí cuarenta años, una edad simbólica, querámoslo o no. Lo celebré con la familia nuclear y amigos cercanos. Rebobinemos: lo pasé con la familia extendida, esa que llamo la familia molecular. Nos reunimos desde tipo 4 de la tarde en el restobar de una amiga, una casa de los 70 con un amplio jardín trasero. Entre cervezas y música de fondo, fue cayendo la noche y de los niños, poco a poco, apenas se oían los chillidos y gritos que venían del lugar donde, cuando hubo luz, podíamos ver el tobogán y la caja de arena.
Hace un mes, más o menos, murió un amigo, Felipe Granados. Tenía 33 años y eligió morir, para ser precisos. Fue, en mi opinión, un escritor excepcional. Aparte de eso, una persona que evidentemente no estaba dispuesta a negociar con nadie la manera como quería vivir y morir. Pocos días después de que falleció, las mujeres que viven conmigo me habían dejado solo en la casa y me senté, con un trago, a pensar y escribir. Saltaba de un texto a otro, igual que cuando abanico libros al azar buscando pasajes subrayados. Como no lograba unir dos oraciones ni medianamente aceptables, recurrí al género epistolar: me puse a redactar mails. Escribí uno corto, telegráfico y que, en rigor, no decía nada concreto, iba dirigido a una lista de correo que incluye a ciertos amigos. En el mismo nanosegundo que le daba enviar me di cuenta de que entre los destinatarios estaba el correo de Felipe. En el nanosegundo siguiente me lamenté en voz alta, “le hubiera preguntado algo inteligente”.
La misma semana de la muerte de Felipe y de mi cumpleaños, nació Sian. Es la hija de Marco y Clea, parte de la familia molecular. La fuimos a conocer y estaba hundida en un almohadón gigante que se amoldaba a su figura como un nido de espuma de poliuretano. Como todos los recién nacidos, tiene ese aire de extraterrestre sabio y semihostil. Como toda recién nacida, Sian también tenía puestas las medias rojas más diminutas posibles ¡y el elástico le quedaba grande!
Ya me estoy acercando al final de esto que quería contar. En realidad, nunca tuve muy claro qué era exactamente lo que tenía para decir, sólo sabía que de pronto se habían juntado eventos particularmente intensos en un par de semanas y que necesitaba sentarme a pensar, escribir, quizás llamar a algún cómplice, quizás no. Se fueron reuniendo en un mismo lugar el escritor del ensayo que estoy leyendo, mi familia molecular, Felipe, una recién nacida. Uno pensaría que de esto tendría que extraerse algún tipo de sabiduría pero la verdad es que no la veo por ningún lado. Tal vez si trazo una línea divisoria en mitad de este texto, de un lado quedan los vivos, del otro los muertos. De un lado el día, del otro la noche, y del fondo de esa noche, desde algún lugar de esa oscuridad, nos parece oír la voz de los que no vemos, como la de aquellos niños que, más imaginarios que invisibles, siguen jugando en el tobogán, en la caja de arena.
http://tetrabrik.blogspot.com/
llueve fuerte sobre mi cumpleaños
llueve fuerte sobre mi cumpleaños
sobre el domingo llueve sobre el pan
y llueve sobre vélez huracán
sobre los hinchas sobre los travesaños
más jóvenes que yo los jugadores
los taxistas los médicos de guardia
más jóvenes los poetas de vanguardia
más jóvenes los gordos locutores
diluvia en el asado suspendido
sobre el pasto vacío y la parrilla
con una indiferente maravilla
diluvia sobre el tránsito cumplido
treinta y nueve pirulos y yo inerte
y un poquito más cerca de la muerte
19 de septiembre de 2009
Un baile a beneficio
17 de septiembre de 2009
Censura de libros en escuelas de Puerto Rico
12 de septiembre de 2009
Maradona acumulado
Siempre me obsesionó el famoso gol de Maradona a los ingleses. No me canso de verlo una y otra vez porque Maradona corre ahí como un cazador amazónico, esquivando plantas, saltando matas, se inmiscuye, se cuela por el tiempo europeo (el tempo, el timming). Pícaro, corre como un chico, es un chico y los rivales lo marcan como adultos indignados. Maradona corre como fuera de la ley, eludiendo la rectitud moral del hemisferio norte, se escurre, se filtra, y a la vez no toca muchas veces la pelota, la deja ir, la libera hasta ponerla a salvo en el arco. Se la va pasando a sí mismo, al sí mismo que va a estar más allá, más adelante después de saltar al defensor, después del sobrepique, del cambio de ritmo. Se precipita, se cae, y a los cultores del fair play no les queda más remedio que faulearlo, pero como es un chico que se la robó, se la lleva y se la sigue llevando. Los ingleses parecen enyesados, parecen estar jugando a otra cosa, como si de repente les cambiaran las reglas de ese deporte inventado por ellos mismos. No entienden ni preven el individualismo latino; Maradona nunca se la pasa a Valdano, el compañero que tiene al lado. Todo dura 9 segundos. Mete el gol. Elude hasta al camarógrafo. No lo pueden alcanzar ni los compañeros de equipo para abrazarlo.
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento mediático, lo vemos parado al borde de la cancha, pero ahora como DT con sobrepeso, mirando el espacio invisible de su gloria, agarrándose las manos detrás de la espalda por la impotencia de no poder intervenir de manera directa en el partido donde sus once jugadores son once inútiles simplemente porque no son Maradona. Ninguno es Diego, ni Messi, que por alguna razón geofísica juega mal al sur del mundo. Hay que ganarle a Paraguay, corremos peligro de quedar eliminados del Mundial de Sudáfrica; hasta la Presidenta Cristina Fernández le habrá metido presión con un “Vamos Diego que el año que viene ganamos el Mundial”, un Mundial indispensable para tapar el gran desastre de patacones y bonos truchos que puede venirse en las provincias. Hay que ganar y Maradona se acumula a sí mismo, mira duro tratando de hacer telekinesis, tratando de dominar la pelota con la mente. Un pelotazo de Paraguay pega en el palo, un casi-gol peligrosísimo, una taquicardia bien disimulada por el Pelusa. Hay que hacer buena letra ahora que los goles reaparecieron, los goles liberados para la gente, aunque TyC se vengue pasando a cada rato el video institucional de sus 15 años donde Diego los felicita por haber hecho tanto por el fútbol y les desea muchos años más, hay que ganar y volcarse hacia la imagen nueva de él regalándole a la Presidenta la camiseta de la selección. Pero la selección está dispersa, no se asume como equipo: Verón se mueve espasmódico por la cancha, rifa pelotas aéreas, Messi no logra jugar con sudamericanos de pata pesada, no esquiva a nadie en esta desprolijidad general del fútbol sudaca, y la defensa hace agua. El año que viene es el Bicentenario, está todo el marketing patriótico armado en combo con el Mundial, es todo una misma gran escarapela redonda, la patria del fútbol, el fútbol de la patria, no nos podemos quedar afuera, no nos puede ganar Paraguay, pero Cabañas hace una pared con Barreto, Haedo recibe un pase exacto, patea al arco y gol de Paraguay. Un desastre. Tan fuerte vibra el estadio Defensores del Chaco que falla el cable coaxil y la imagen del Diego cerrando los ojos se pixela como si estallara de bronca en mil cuadraditos.
11 de septiembre de 2009
Teoría sobre este Messi
En general la mayoría de los argentinos no vemos los partidos enteros de las ligas europeas donde juega Messi. Estamos acostumbrados a ver en un minuto el compilado de sus goles, sus jugadas de lujo, sus tiros libres clavados en el ángulo. No lo vemos pifiar, no lo vemos cuando se la sacan, cuando no logra pasar la defensa, cuando no llega, cuando le falla un pase. No vemos los pifies de Messi. Vemos un Messi editado. Quizá sea cierto que Messi está jugando con menos habilidad y ganas en la selección que en el Barça, pero cuando lo vemos con la camiseta argentina a punto de patear un tiro libre, con toda naturalidad esperamos que haga lo que nos acostumbramos a ver, que meta la pelota en el arco de una manera increíble. Pero Messi a veces pifia, aunque los argentinos no lo podamos creer. Nuestro desencanto con Messi es mayor de lo que debería ser simplemente porque nuestra expectativa es demasiado alta. Queremos que haga siempre lo imposible, queremos al Messi del compilado y ese Messi no existe en tiempo real .
7 de septiembre de 2009
Desde el camión
26 de agosto de 2009
El maestro de Kung Fu
Un cuerpo viejo pero trabajado para la pelea
madruga y danza
frente a los arenales de Barranco.
Se mueve como dibujando
una rúbrica antigua, con esa gracia, y
sin embargo, está hiriendo, buscando el punto
de muerte de su enemigo, el aire no, un invisible
de mil años.
Su enemigo ataca con movimientos de animales agresivos
y el maestro los replica
en su carne: tigre, águila o serpiente van sucediéndose
en la infinita coreografía
de evitamientos y desplantes.
Ninguno vence nunca, ni él ni él,
y mañana volverán a enfrentarse.
-Usted ha supuesto que yo creo a mi adversario
cuando danzo- me dice el maestro.
Y niega, muy chino, y sólo dice: él me hace danzar a mí.
.
Cosas del cuerpo, 1999
.
19 de agosto de 2009
Rock and roll, nena
14 de agosto de 2009
"El destino es el encuentro del individuo con su clase"
Eso dice sabiamente Lamberti en este libro de poemas editado por la Funesiana. Acá está un poema del libro: "Córdoba". Y acá una entrevista donde habla de la revelación que tuvo volviendo en ómnibus desde Buenos Aires.
9 de agosto de 2009
6 de agosto de 2009
Oh, yo no soy surrealista, soy empleado
.
Como si estuviera debajo de un árbol
.
José Watanabe
.
En otro lado esta muchacha tendría hermosas piernas
y yo abriría las manos midiendo en el aire su cadera
o pensaría algo impúdico y bello para nombrar sus senos.
Esta muchacha taquígrafa mecanógrafa de buena presencia
no me sonríe ni canta,
pero debiera.
Vive ocho horas diarias frente a mí
sentada sola y lejana
lejana en una larga perspectiva sobrevolada por estantes y escritorios y palomas
fijadas en el aire y una ventana que distorsiona su propio marco y ella más
sola y lejana cada vez.
Oh, yo no
soy surrealista
soy empleado
y esta muchacha archiva mi oficio y beneficio, mi nombre
que flota como un globo entre los conserjes y los doctores.
A la hora del refrigerio ella abre su lonchera
y dispone sobre el escritorio su alimentación de pájaro
como si estuviera debajo de un árbol.
Esta muchacha
como si estuviera debajo de un árbol debiera cantar
y yo debiera ser galante con el suave color de sus mejillas.
2 de agosto de 2009
Muchas Emmes
1 de agosto de 2009
Gris Lima
Fue domingo en las claras orejas de mi burro, de mi burro peruano en el Perú (perdonen la tristeza), empieza diciendo César Vallejo en uno de sus mejores poemas, escrito muy lejos de su tierra natal, esos versos que no paré de repetirme durante la semana que pasé en la Feria del Libro en Lima, aunque el domingo no vi burros sino surfers en una playa invernal y ventosa, de cantos rodados que ensordecen la orilla y casi no dejan hablar, porque el Pacífico no hace honor a su nombre, es revuelto y belicoso, y esa mañana hamacaba a los surfers que de lejos parecían focas, flotando en manada, esperando la séptima ola, la ola buena, adentro del mar gris. Enrique Molina definió el gris limeño como estar metido dentro de una perla porque en Lima no sale el sol, llovizna todo el tiempo y la bruma envuelve la ciudad como el alcohol a los autores invitados. Después del pisco y la cerveza Cusqueña uno puede quedar bastante perplejo frente al billete verde de 10 Soles que tiene de un lado un aviador y del otro un avión volando sobre el agua, pero el avión está al revés. El taxista explica que Quiñones Gonzáles fue un héroe de la aviación que hacía vuelos invertidos a pocos metros del las olas y que en la guerra peruano-ecuatoriana terminó inmolándose contra las baterías enemigas como un kamikaze. Cuando le pregunto si habrá sido por la fuerte influencia asiática que tiene el Perú, no entiende el chiste o no le hace gracia, así que escucho al presidente que anuncia planes por la radio en cadena nacional mientras por la ventana veo las peluquerías abiertas a la calle, las mujeres policías conduciendo el tránsito en garitas auspiciadas por Inca Kola, los carteles que dicen oro, plata, brillantes, peinados unisex. Perdonen la tristeza.
(Perfil, 1 de agosto del 2009)
"No tenemos nada en común", nota en El Comercio, Perú
27 de julio de 2009
22 de julio de 2009
Juana Bignozzi
LUZ DE GAS
por Juana Bignozzi
Todos pudimos apagar y encender las hogueras
digamos, las luces
los más inconscientes lo hicimos
pero yo pregunto
quién tuvo la valentía de verlas agonizar
y siguió hablando moviéndose
pensando en las celebraciones
sonriendo ante las consecuencias del cambio de estación
la luz que agoniza era una obra que amaba mi madre
en su fantasía del teatro
pero aquí no habrá salvadores
lúcidos detectives jóvenes enamorados
sólo héroes que miran cómo agonizan
y simulan vivir una vida
¿quién la llamó vida?
sin revolución
.
De "Regreso a la patria" 1989
21 de julio de 2009
17 de julio de 2009
Fuego cruzado - Antología de poetas argentinos en Chile
Con estos dos
11 de julio de 2009
Mehr als Bücher

10 de julio de 2009
VOX Virtual Nº 23
Neobarrocos, objetivistas, epifánicos y realistas: nuevos apuntes para la historia de la nueva poesía argentina, Martín Prieto
8 de julio de 2009
Nueva narrativa argentina
Mi novia y mi ex-mujer están en una antología
de la nueva narrativa argentina... [sigue acá]
6 de julio de 2009
Diosiderio
En el 83 entré en Filosofía. El examen de ingreso se dividía en epistemología y lógica. Cursábamos unas semanas durante el fin del verano y después rendíamos. Aprobamos casi todos. Ya en la facultad, me sentía solo: eran nuevos los compañeros, la forma en que se estudiaba cada materia y el ambiente enfervorizado de los pasillos repletos de consignas políticas. También había muchas chicas hermosas. Silvio Rodríguez reinaba a todo lo ancho y lo largo del edificio de la calle Charcas.
1 de julio de 2009
25 de junio de 2009
21 de junio de 2009
Primer mandamiento
17 de junio de 2009
Hay un indio sioux en mi ballerina amarilla
Supongo que a mucha gente le pasa eso de ver caras en las manchas de la pared o en las vetas de madera. A veces de chico la ropa en la silla quedaba acurrucada como una vieja sentada y tenía que prender la luz para deshacer la aparición. En la web hay fotos de vírgenes que aparecen en las manchas de humedad, o incluso en las tostadas. Yo me quedo con el indio sioux que se me apareció en el trapo del baño.
16 de junio de 2009
La frontera me cruzó

13 de junio de 2009
Nueva poesía argentina
La crítica especializada denominó a este movimiento generación de los 90. Más allá de la dificultad de dar cuenta de esta emergencia en términos de décadas, hay que reconocer en este movimiento una genealogía sin duda más extensa, así como una proyección que llega hasta nuestros días: en los últimos años, se han venido consolidando muchos nuevos poetas, por lo que esta antología ya ofrece –como suele suceder-- un panorama incompleto y caprichoso".
Gustavo López – Bahía Blanca 2008
3 de junio de 2009
Abejas

Hacia esta luz que anima
la ciega sed de encuentro
que hace ávida copa, pronta vida
que se estira a encontrar
un paulatino amor más y más alto,
a tientas, vertical,
escala entretejida con espina,
el deseo, insistiendo
su amor, materializa
su ánimo de abrasarse encandilado.
*
ZOOLÓGICO
a T.
Acelerado humo de colectivos
y de garrapiñada, gritos, globos,
grandes palomas negras, vamos,
acá se abre una fresca fuente de flamencos
a la mañana azul de tanta luz enorme
que enflaquece a los dos osos penosos y polares
de flecos blanco oscuro y amarillos,
y magnifica a la elefanta, su cabeza
arrugada de tierra tranquila,
el ámbar vivo de su ojo; reflejadas
personas parecieran adentro del vacío
cubículo felino, luego echada una sombra
resulta la pantera; ¿y qué añora en su ensueño
sentada, derechita, con la vista perdida
hacia el noreste una nostálgica
suricata…?; el bisonte
de brava barba entreverada
del lomo a la brutal cabeza luminosa
mendiga lengua saca por una galletita; ¡pero cómo:
lo que hay en esa jaula es sólo un par de chimangos!
y el chimpancé a treinta centímetros del vidrio
nos mira para adentro sin relámpago,
con la melancolía laminada como cera
en los ojos abiertos y velados...¡y basta!
que vinimos a ver los animales:
el cocodrilo cruel y quieto, tronco o roca,
clavado solo al sol boca entreabierta
y el avestruz que avanza elástico en su hip-hop afro, ¡chau
asno santísimo, cruza de yegua y de cordero! Vamos, dale,
caminemos, que yo también estoy cansado, por las tipas,
entre estas finas aves de corral con coronitas y colores,
volvamos ¡opa! a la ciudad, los edificios
transfigurados a través de la inflamada cola
del pavo real.
*
Alejandro Crotto nació en Buenos Aires en marzo de 1978. Coordina el blog Words words words. Abejas fue publicado en 2009 por la editorial Bajo la luna.
2 de junio de 2009
En el bar
Yo estaba machado en una mesa del bar de la facultad, medio dostoievski porque me acababa de despertar de apollinaire. El centro era un calderón chéjov. García lorca como para desmayar a los pájaros y el tiempo heráclito se empecinaba en acercarme el momento del examen. Ella entró como flotando, casi sin pizarnik, con una quiroga a lunares y su paso dante. Me saludó y diderot sobre la mesa un paquete de chesterton y su carpentier de griego con los borges ya gastados. Entonces se nos acercó el molière y nos preguntó qué nos servíamos.
-Un sandwich de camus y kafka y un shakespeare de banana.
-Yo un cortázar- dije y ella me cocteau que tenía los eurípides medios güiraldes porque estaba resfriada. Después me preguntó:
-¿Estudiaste?
-Casi nietzsche. Pero por ahí safo.
-Mirá que si te sacás unamuno no promocionás- me dijo- Te conviene dar el schopenhauer. Te pone un stendhal y así te sacás un cicerón de encima.
Yo no mallarmé. El molière nos trajo las cosas. Ella, antes de prévert su sandwich, me dijo:
-¿Querés un bocaccio?
-No gracián- le respondí y la miré yourcenar y beauvoir con mucho huidobro. El líquido marechal le bajaba por la góngora sonando "gogol, gogol" y al terminarse el vaso, poniendo una kundera radiante, me rimbaud. Creo que en ese momento vio mi cara de todorov enamorado, porque me tiró con un sobrecito de tolstoy que apenas pude baudelaire y yo le dije con cierta malherbe:
-¡Neruda!
-Qué te pasa, nabokov- me respondió y me miró de garcilaso porque estaba por estornudar:
-¡Arlt proust!
-Salustio- le dije y ya me quedé admirando su cabello maquiavelo y sus lugones cervantes, totalmente olvidado del examen, imaginándomela a ella con la mujica lainez y suave, en una homero muy profundo, volviendo a dormir y voltaire otra vez, hasta el erasmo más girondo de las asturias, para flaubert y flaubert durante todo el virgilio de la noche.
27 de mayo de 2009
El soldador
Tenemos a un hombre mayor en una cama.
Está por morir.
Es algo que pasa una y otra vez. Ayer, en la plaza,
Olga agarró una paloma con la mano para acariciarla,
pero el animal, por el susto, se murió.
Dentro de una bolsa de plástico
quedó en el tacho de basura.
Pensé mucho en el destino de esa paloma,
en los lentes negros e inmensos de Olga,
y en sus uñas manchadas con esmalte rojo.
El problema es que este hombre mayor es un ser querido.
Y que escribo el poema donde él se está muriendo.
El poema es mío, el hombre mayor es mío.
De estas posesiones surgen preguntas
difíciles de responder.
Un escritor, ¿no debería ir siempre
en contra de su habilidad? Y Aquiles,
¿no tendría que haber bajado un cambio
y cerrado el trato con Héctor?
De todas formas, el hombre mayor va a morir al toque.
Ha decidido hacerlo en su casa,
rodeado de los seres queridos.
El cerebro comenzó a enviar órdenes para que los órganos
se cierren en sí mismos
y empiecen a pasar los títulos
sobre una cara memorable.
Una cara para besar, una sandía jugosa en un día de calor.
Quería ser un soldado pero fue un soldador.
Bajaba la máscara de acero y trabajaba durante la noche
uniendo los destinos de personas
que se rechazaban como órganos implantados.
Aún hoy la gente del barrio comenta
los chispazos de luz y ruido
que el soplete largaba en la oscuridad.
Es el soldador que está trabajando,
decía el que paseaba al perro nocturno.
Es el soldador que está trabajando,
decía la que le pasaba el último trapo a la cocina
antes de acostarse. Me tengo que apurar,
pensaba el joven poeta mientras copiaba y copiaba.
El sueño sudamericano cabe en un mp3,
el sueño de los dioses no nos incumbe,
la pesadilla de los erpios es morir fusilados.
Los que fueron tocados por la gracia del Soldador,
jamás podrán olvidarlo. Publicó lo mejor
y lo peor de Horla City: al montonero que
se arrodilló ante la Reina,
al gaucho psicodélico, a la gorda resentida,
al que esperaba nervioso, sin escuchar a nadie,
que lo invitaran al podio para leer sus poemas.
Olga, la abuela de Baltazar, pasa los días
en una vieja casa de Almagro, la paloma muerta
no ocupa ni un milímetro de sus pensamientos.
Era enfermera, ahora es enferma y corrió
a refugiarse en el evangelismo. Se la puede ver
reseteando la biblia en las esquinas.
Dice Olga:
“Nadie podía tocar su cuerpo
porque todavía no se había presentado ante El Señor”.
Ese Señor fue mi pastor. Recuerden cómo era,
recuerden cómo hablaba.
19 de mayo de 2009
59
El colectivo te deja olvidarte de vos mismo, sobre todo cuando vas sentado contra la ventana. Vas más alto además. El taxi en cambio es bajo, rastrero, y tiene esa cosa personal de uno a uno con el taxista incluso si no le hablás; estás vos todo el tiempo ahí, mirando caer las fichas del taxímetro del yo. En el colectivo sos la ciudad, sos lo que vas viendo.
A medida que el 59 avanzaba por Suipacha, fueron apareciendo los personajes: el chico de la verdulería, la señora del bolso blanco llena de dudas, un falso gaucho de boina que entra en la librería, la chica que en el bar pela hombritos con su musculosa blanca. Dura 5 mintuos y no pasa nada más que eso. Al final, el 59 real y el fantasma pareciera que se encuentran.
13 de mayo de 2009
5 de mayo de 2009
Esperando a Junot
El domingo hubo una charla con el escritor dominicano Junot Díaz en Eterna Cadencia. Acá el resumen.foto: lucio ramírez
28 de abril de 2009
Chicho López
23 de abril de 2009
15 de abril de 2009
8 de abril de 2009
Los días que vivimos en peligro
Dieciséis escritores argentinos narran, desde una perspectiva subjetiva, los hechos que conmovieron al país. Entre la ocupación de las Islas Malvinas (1982) y el conflicto del gobierno con el campo (2008), el libro arma un fresco de los 25 años de democracia, vistos desde los ojos de la ficción. En la frontera peligrosa de la literatura y la política, el libro revisa la historia a través de esos días en que todo parece suspenderse y caer. 





