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24 de octubre de 2008

En el Benito Juárez

por miguel u

-Ocho horas de espera para el vuelo a bs as, en el aeropuerto benito juárez del df, en méxico.
-Dónde hay wifi? La chica de información, muy linda, morocha lacia, mexicana ultra prolija, me dice que sí pero que es pago y no entiendo bien. Me sonríe. Anota algo en un papel y me lo da. Es la clave. Me hace señas de que no diga nada.
-En una punta de las salas de embarque, consigo un enchufe donde poner la laptop porque no tengo batería. Me siento en el piso. Tengo internet.
-Chequeo mails. Leo blogs. Un tipo viene limpiando ventanas desde la otra punta. Una por una. En un momento me tengo que mover para que limpie donde estoy yo. Se me duermen las piernas. Voy a dar una vuelta.
-El empleado que limpia el baño te corta el papel para secarte las manos y te lo da. Espera propina a cambio. Un alemán rechaza la oferta y arranca él mismo su papel para secarse. El tipo masculla algo.
-Una serie de ocho hombres con chombas azules en silla de ruedas. Son de algún equipo de algo, pienso. Pero sanan de golpe y empiezan a caminar. Les están dando un curso de invalidez. Esos cursos de “un día como”. Para que sepan cómo se siente alguien en silla de ruedas. Después los veo sentados en ronda en las sillas charlando. Riéndose, tirando pataditas de risa.
-Gente en bermudas y camisa hawaiana, y gente con campera y bufanda. Los turistas vienen del frío, o vienen al calor, o van al frío, o van al calor. Gran variedad de atuendos climáticos.
-Los autitos eléctricos que llevan a gente que no puede caminar están tuneados. Van muy rápido. Los conductores hacen finitos. Disfrutan
-Esoy atrapado en un shopping. Todos los negocios venden lo mismo. El mismo robot de juguete. Los mismo vasitos para tequila. Los mismos anteojos en estantes iluminados desde adentro.
-Pasa corriendo un rubio alto con el sombrerote en la mano. Pierde el vuelo. Los apurados y los que hacen tiempo se mueven muy distinto.
-Una flaca en mini de patas largas mira cosas en un negocio; un tipo la tiburonea alrededor, simulando que también está eligiendo chucherías de aeropuerto. Me da vergüenza. Soy yo.
-Cayó la noche afuera, pero apenas se nota el cambio acá adentro. Paso cerca de la oficina de información. Podría decirle gracias a la chica que me dio la clave. Pero adentro de la cabina hay otra chica, que no es fea pero por no ser ella es monstruosa. El mundo giró y yo sigo acá.
-Vuelvo a mi enchufe. Me lo usurparon. Así que me entrego a esta lentitud de aviones y gente moviéndose a toda velocidad. Pasan, pasan, y yo quieto. Hasta que un vuelo se lleva al usurpador y me conecto otra vez para escribir. Falta un rato nomás para mi vuelo y todavía no saqué ninguna conclusión.

17 de octubre de 2008

Apago el motor

por miguel u
Apago el motor del auto. Mi hijo se quedó dormido en el asiento de atrás. Lo fui a buscar al colegio y ahora lo traje a la casa de su madre. Miro los otros autos en el garaje. Escucho los metales de este auto reacomodándose con chasquidos a medida que se enfría; la materia volviendo a su estado normal. Escucho la respiración de mi hijo. Lo dejo dormir un rato. Bajo un poco la ventana para que entre aire. Ya no duermo en esta casa con él. Así que me quedo un rato con mi hijo en el auto sin despertarlo, solo para estar con él mientras duerme. En un par de horas me voy de viaje y no lo voy a ver por dos semanas. No entra ni sale nadie del garaje. Si alguien entrara y me viera acá sentado al volante, como un remisero de guardia, podría decirle que estoy cuidando el sueño de mi hijo. Podría hacer un poema con eso, pero ya no escribo poesía. Solo tecleo estos párrafos sueltos y los dejo flotando en el espacio.

21 de julio de 2008

Pequeños momentos de mi vida

por miguel u

La otra noche en una fiesta de disfraces -a la que fui de Lennon aunque me creyeron Lerner (me terminaron bautizando John Lerner)- había un Meteoro perfecto: casco blanco con la M, pañuelito rojo, remera azul… todo. Me acerqué y le dije: “Siempre quise saludar al ídolo de mi infancia”. Me dio la mano con sus guantes amarillos. Más tarde, con presencia de alcohol en sangre y música muy fuerte, me acerqué otra vez a Meteoro, que estaba ya sin casco y con el pelo atado en una colita que le llegaba a la mitad de la espalda. Le dije: “Meteoro, el enmascarado es tu hermano”. Y el piloto heroico de mis horas de la tarde bajó el vaso de cerveza y sin mirarme me dijo: “Ya fue, ya fue”.

24 de junio de 2008

Ann Hathaway


por miguel u
¿Nadie escribe más acá? A la Battu se le ocurrió empezar un novela y entonces solo cuelga fotos, Peter se desvela torturado por una columna semanal de tres párrafos y yo me enamoro de actrices que nunca sabrán de mi existencia. Ann Hathaway, ahora. Así se llamaba también la mujer de Shakespeare. Joyce, en el Ulises, sugiere que Ann tenía sus chongos, “Ann Has a Way”, dice Stephen en el diálogo de la biblioteca, ese capítulo que de alguna manera toma Piglia para hacer su diálogo sobre literatura argentina en el club de ajedrez que mira al Paraná. Diálogos imposibles, demasiado eruditos para ser ciertos, diálogos que a uno le gustaría protagonizar en la vida real, pero que nunca suceden, por suerte, porque siempre hay alguien que boicotea al catedrático de bar y lo ridiculiza, tirando al suelo la construcción intelectual. Por eso el catedrático la sigue después solo, escribe una novela, o se hace profesor, para que no lo interrumpan. A veces me dan ganas de escribir una novela, y que después se haga una película donde supriman todos mis diálogos ingeniosos pero no importa porque la eligen a la Hathway de actriz protagónica y entonces viajo a Holywood para charlar del guión con ella y ... Por estos días estoy metido en unos loops extraños. Como el paisaje de Meteoro cuando se veía una cuadra hecha de dos casas, un edificio y un árbol, y en seguida otra vez las mismas dos casas, el edificio y el árbol. Hablando de Meteoro, ¿Crischu K no tiene como ojitos de Meteoro con esa olita de lágrima que no termina de caer?

6 de mayo de 2008

La aparición

por miguel u

Este febrero en Gualeguaychú bajé a mear en una estación de servicio. Había tres tipos fumando afuera contra la pared del lado de los baños. Creo que dos eran empleados y el otro era mecánico o algo así. Hablaban casi a oscuras. Cuando salí y me estaba subiendo al auto, se oyeron unas voces femeninas, un ruido de taquitos y apareció una gurisa de la comparsa, desnuda, toda plateada, en microtanga, como una extraterrestre con espaldar de plumas. Venía con la madre, petiza, de pelo corto, con un celular en la mano. Buenas noches, dijo. Los tipos contestaron: Buenas noches. No podían ni fumar. Yo no pude arrancar. La madre le sostuvo el espaldar, la chica se escabulló por abajo y se metió en el baño apurada. Se hizo silencio total mientras esperaban. Después uno de los tipos dijo: Ha de ser pesado el coso ese. Sí -dijo la madre sosteniendo esas especies de alas enormes- le saca ampolla. La chica salió, se puso el espaldar y las dos se alejaron al trotecito.

8 de enero de 2008

Enero en Buenos Aires

por miguel u

No tengo banda ancha en el nuevo depto. Una vez cada varias horas me conecto con dial up, que hace ese ruido antiguo biiiiiiiii-grrrrrrrr-boing boing boing-grrrrrrr. Y reviso mails que no contesto. Me encerré a escribir un guión que debía hace tiempo. No levanto la persiana. Dejo el aire prendido. Escribo parte de una escena y después disparo las flechas con sopapita que le regalé a mi hijo para cuando viene a casa. Disparo al vidrio, tres flechas. Trato de acertarle al blanco que dibujamos ayer con marcador. Algunas se pegan, otras no. Escribo otro pedazo de una escena. Me levanto, despego las flechas, me vuelvo a sentar. Escribo. No estoy en Buenos Aires (estoy pero no estoy). En enero se puede no estar. Es el mejor mes. Se puede ser como Wakefield. Pareciera que uno se puede mudar a la vuelta de su casa y no volver nunca más. De pronto a las 2 de la mañana tengo el cerebro quemado. Salgo a la calle. Esquivo los charcos de los aire acondicionados. Compro agua en el kiosko. Soy feliz. Cuando soy invisible no me cambio por nadie.

27 de noviembre de 2007

La pelota

por Miguel U.
Iba a la parada del 61 hablando por celular y se cortó. Enfrente al colegio de la esquina vi una pelota naranja de plástico entre los autos. Se les había caído. Un tipo de mi edad que cruzaba medio que hizo jueguito. Los chicos desde arriba le gritaron señor señor la pelota, pero el tipo hizo una gambeta sonriendo y la dejó. Le debe haber dado vergüenza o algo así. Viejo choto, le gritaron. Varios autos pasaron cerca de la pelota que seguía en la calle. Casi la pisan. Yo crucé y la agarré. Tuve que esquivar una combi que venía rápido. De nuevo: señor señor, acá, de bolea! Desde la vereda de enfrente calculé. Era un patio en un tercer piso. Todos mirando. Podía fallar. La patié fuerte por las dudas; mejor pasarme que quedarme corto. Y la pelota hizo una parábola exacta al patio. Bieeeeeeeeen, gracias señor!!!! El héroe de los niños.
Si fuera el comienzo de una película, para que funcione la escena, el tipo tendría que o encanutarse la pelota en la mochila y partir con un gran corte de manga a los colegiales, o hacerse el canchero y colgar (sin querer) la pelota a la mierda en el techo de la casa de al lado. La escena termina que se sube al bondi bajo los insultos y los gargajos de los niños.

13 de agosto de 2007

El Gran Guionista

por Miguel U.
Voy a pagar unos libros que encargué, en una ventanilla, un piso 12, en una editorial. Detrás de la ventanilla un tipo con facha de stripper del golden, con pelo tipo marine y claritos, bronceado color terracota-solarium, camisa medio ajustadita en los biceps.
-Te traigo esta factura, quería pagar…
Ni me mira.
-Puse uno nuevo el otro día – dice en voz demasiado alta.
-¿Cómo? – le pregunto.
-Uno hermoso, pez velo se llama. ¿Sabés lo que duró? Tres horas.
Ahí entendí que no me hablaba a mí, sino a alguien que estaba fuera de mi ángulo de visión. Siguió:
-Se lo morfaron los otros. Lo estropearon todo. No sabés. Le comieron toda la cola. Lo metí y al rato veo que lo estaban persiguiendo y lo mordían. Tiene una cola como un velo de novia, por eso le dicen así, pez velo. Lo que más me dolió fue tirarlo a la basura.
Agarró la factura sin mirarme:
-Doscientos treinta y cuatro me dice.
Siempre siento que es imposible superar al gran guionista del mundo. No se te pueden ocurrir diálogos así. Cuando llegás a la escena en que el tipo va a pagar unos libros, rellenás con cualquier lugar común: un cobrador malhumorado, una mina muy pintarrajeada, no sé, una vieja. Lo raro es que hay novelas sucediendo todo el tiempo por todos lados. Esa gente ahí metida hablando de sus peceras, un tema al que vuelven y profundizan a lo largo de los años que trabajan juntos. Qué se yo. Siempre me fascinó la forma en que las cosas pasan, se desarrollan. Una vez fui a un velorio y a las dos horas a una fiesta en la misma cuadra; la gente de cada uno de los dos lugares ni se conocía.
No sé de qué se trata “La música del azar” de Auster, pero me gusta el título. Hay una perfección inalcanzable en el azar. Hace poco en una cocina, en una de esas fiestas de departamento, estábamos con mi amigo Ramón que nunca habla. Entraba gente, abrían la heladera, cerraban sin sacar nada. Fumaban. Salían haciendo unos mutis por el foro perfectos. Acepto que estábamos medio coloquetis, pero era sorprendente lo bien armado que estaba todo. Cayeron unos gorditos con fernet y coca, saquearon el hielo del freezer y lo mezclaron todo ahí, sólo para ellos, en dos botellas de agua mineral cortadas con un tramontina. Los tres de barbitas candado. Después me dijeron que uno era dealer. Más tarde parados en el mismo lugar había unos amigos de veintipico, una de las minitas colgada del novio que contaba chistes. Pero colgada como si el tipo fuera de helio. Era como una mochila. Si un día se pelean, el tipo se la va a tener que hacer extirpar. Había otro tipo con una remera de Bob Esponja que quería tomar mate a las tres de la mañana y abría las alacenas parado sobre la mesada de mármol.
Las cosas sucedían delante de nuestros ojos. Y se me está escapando todo. Perdí todos los detalles, todo el timming de comentarios y cruces de diálogos que formaban diálogos nuevos, toda la complejidad se me fue al carajo del olvido. La yuxtaposición musical que nos llegaba como en rachas, los ochentas remixados, la dueña de casa que se nos sentaba en la rodilla, el peso exacto de su culo, los ratos en que no entraba nadie. Ramón estaba totalmente chino por el cáñamo.
-¿Qué está pasando, Raimon? ¿Qué es todo esto?
-No sé, pero qué bien escribe Dios aunque no exista.
-Hay que escribir así sin meterse, dejar que escriba solo el mundo.
-No -me dijo-, para mí no hay que escribir más, ¿para qué? No hay que leer tampoco. Hay que asombrarse nomás.
Nos quedamos callados, sumergidos en un largo silencio loser. La dueña de casa se asomó por la puerta de la cocina buscando a alguien, colgándose del costado del marco de la puerta. Le vimos solo el torso y desapareció.
-¿La viste? Se asomó como una portera –dijo Ramón.
-Sí… ¿Vos decís que quiere japi?
-Querer sí. Pero hay que ver si quiere la tuya.
-...
- Quizá vas a tener que quedarte hasta que amanezca ayudando, limpiando vómitos. Pero puede ser.
Tendría que haberlo grabado, porque no fue así, fue más o menos así.

3 de julio de 2007

Bastante bien

por Miguel U.

Estoy almorzando en un boliche de San Martín y Paraguay que tiene butacas altas y una barra contra la ventana. El lugar te deja medio en vidriera pero podés comer solo con bastante dignidad, sin ese aire triste del que almuerza con su alma en una mesa vacía como un jugador de ping pong listo para sacar pero sin contrincante enfrente.

Afuera están trabajando unos tipos de telefónica. Uno está metido hasta la cintura en un pozo cuadrado en el asfalto. Me gusta mirar los trabajos en la calle; a veces me dan ganas de participar, arremangarme, levantar esas tapas de hierro fundido y cambiar una pieza de algo, cambiar cables, morder con la llave inglesa una tuerca grande hasta hacerla aflojar, un trabajo que se vea, sin dudas existenciales ni influencias del campito intelectual.

El tipo que está metido en el pozo -gordito de flequillo morocho, como un nene de cuarenta años- me ve comiendo mi sándwich. Pasa una mina. El tipo me hace cara de “mirá esa mina”, señalándola con la mirada y volviendo a mirarme. Miro a la mina. Le pongo cara de “bastante bien”. Medio que se ríe. Al rato una vieja platinada, un loro viejo hiperbaqueta, horrible pero con actitud, se para cerca para esperar un taxi. Cuando el tipo me mira, se la señalo con los ojos. La mira y, cuando la ve, me mira y nos reímos.

Empiezo a pensar en escribir esto, postearlo. De pronto pasa Saccomano caminando. De verdad. Esas pavadas que suceden. Cruza la calle super serio, da un paso largo para no pisar el rollo de cables. Pienso “Qué raro. Pasa Sacomano por el medio de este post. Aunque sea poco creíble lo incluyo. Si pasó pasó.” El tipo me señala un par de minas más. Desde ahí abajo tiene mejor ángulo que yo. Termino de comer y salgo. Le digo:
-No te gustó la vieja que te mostré.
-La vieja no -me dice-. Yo te busqué unas bastante buenas.
-Sí, bastante bien -le digo-. Bueno... Chau che.
-Chau- me dice.
Me cierro la campera y vuelvo al edificio calefaccionado donde trabajo leyendo textos y apretando teclitas.

28 de junio de 2007

Premonición

por Miguel U.
Me acuerdo que esa noche en lo de Clau estábamos medio fumados bailando con Dieguito y con la hija de un crítico argentino que fumaba de la buena. Era el final de una fiesta de departamento una noche de octubre de 2002. El dip de las papasfritas ya estaba vacío, había un chabón dormido en la silla playera del balcón, una amiga le contaba a otra en la cocina el brote esquizofrénico de su viejo. Habíamos bailado Kusturica y ahora no sé con qué música empezamos a hacer una coreografía tipo West Side Story o Hair con unos tubos de cartón y las remeras en la cabeza y así surgió: "Piqueteros, el Musical".
Lo inventamos todo mientras bailábamos, cayéndonos de la risa. Dijimos que tenía que haber policías revoleando la cachiporra, y piqueteros revoleando sus bastones y haciendo como un espadeo entre las barricadas. Mucho bailarín en cuero, mucho descamisado. Mucha épica peronista. Pero todo impracticable, demasiado inadecuado para ese momento.
Y ahora, cinco años después, prendo la tele y la veo a Nina, la reina piquetera, haciendo una coreografía como de Stomp (muy torpe) con chaleco flúo del MIJP y cubiertas de auto. Lo juro. El mundo se pone raro.

16 de junio de 2007

El día que murió El Caballero Rojo



por Miguel U.





Me agarró de sorpresa, me lo dijo mi hermana. La llamé para ver si iba a lo de los viejos hoy sábado. Viste el diario? (para ella "el diario" es La Nación). Qué? Se murió el caballero rojo. Noooo, dije medio en chiste. Y ahora que ya fui y volví de lo de mis viejos con mi hijo y ya lo dejé en lo de la madre, es sábado a la noche y me cayó la ficha de la noticia. El día que se murió el caballero rojo. Es un buen título para un cuento que seguro no voy a escribir.
Yo debo haber tenido 6 años cuando miraba Titanes en el Ring y tenía las figuritas y el álbum. Una infancia argentina en los setentas. Cantaba la canción caballerooooo, caballero rojooooo. Saltaba en la cama con mi pijama rojo y mis hermanas me decían seguí seguí, porque yo cada tres saltos tenía que levantarme el pantalón del pijama que se me caía. Les daba risa.
No sé por qué me gustaría más el caballero rojo que los otros luchadores.
Acá abajo lo encontré en youtube luchando contra Ulises el griego. Alguna vez yo luché así contra el Ulises de Joyce pero no salí empatado. Vaya entonces este humilde homenaje al caballero rojo. Según "el diario", se llamaba Humberto Reynoso, era oriundo de San Pedro, y sus últimas palabras antes de morir se las dijo a su mujer: "Abrazame. Hoy estás más linda que nunca".

28 de mayo de 2007

Diría eso

por Miguel U.
Si unos extraterrestres me abdujeran y en una galaxia lejana me preguntaran cuál era el ruido del planeta Tierra, yo les diría que era la voz de Tinelli, sonando allá arriba, presentando a alguien, al palo; el sonido del mundo, el ruido de fondo, que se oye por el pozo de aire y luz del edificio. Como el olor a churrasco de los vecinos, la voz de Tinelli se cuela por debajo de las puertas, se filtra en las ranuras, no sabés lo que dice, porque suena lejos, pero la reconocés como una banda sonora de la condición humana.

14 de mayo de 2007

Sábado

por Miguel U.

La ronda empieza por bloglines para ver blogs que postearon cosas nuevas, leo algunos, después diarios, clarín, página, la nacion, mails, contesto los atrasados, un par de clicks en páginas porno, vuelta a bloglines, nadie posteó nada, debo ser el único que está en su casa frente a la compu un sábado de sol, todos los blogers deben tener vidas lindas, con parientes con jardines y están ahora riéndose con amigos, tirados en el pasto. Vidas de verdad. Nadie postea un sábado. Vuelvo a abrir los mails: "no hay mensajes nuevos". Leo notas del diario que había dejado para más tarde. Busco cosas en google. Y así se me va el día. ¿Y Proust que todavía no leí? ¿Y esos ensayos sobre Vallejo? ¿Y la biografía de Rimbaud que quiero terminar hace tiempo? ¿Por qué prefiero esta ronda de la nada? Tengo la sensación de que, si pongo "loser" en el buscador de imágenes de google, seguro la primera foto que sale es la mía.

8 de mayo de 2007

Entre los escritorios

Por Miguel U.
Estoy harto de mi trabajo. No quiero ir más. A veces me imagino que me suicido ahí, que viene mi jefe y me cita en su oficina para decirme que mi rendimiento está dejando mucho que desear, bla, bla, y yo me suicido. Pero me suicido sólo para ellos. Después yo sigo mi camino. Los miro agolparse alrededor de mi cuerpo tirado entre los escritorios, y me voy, dejo ese cuerpo de señuelo (el cuerpo que odio, el de corbata), llamo el ascensor, y me voy caminando por Reconquista, desempleado y arremangado, las manos en los bolsillos, y me meto en librerías, hablo un rato con la morocha de rulos que trabaja en El Ateneo, la hago reír, le digo que un día de estos la voy a invitar a comer comida árabe en un restorán de Palermo y me dice “me encantaría” y me doy cuenta de que no tengo un mango porque me quedé sin trabajo, entonces corro para atrás, para atrás, chocándome con la gente porque no veo nada, por florida, lavalle, reconquista, tomo el ascensor, vuelvo al cuerpo, no me puedo quedar sin trabajo, no puedo, reacomodo el cogote a la corbata, estoy bien estoy bien, fue solo un desmayo, sentate despacio, te bajó la presión, tomate un par de días, me los tomo, vuelvo, me pagan, y tengo billetes de cien para invitar a la morocha que por supuesto no existe, no está, no sabe, no contesta.

29 de diciembre de 2006

La mirada

por Miguel U.

Soy mirón, pero no de los que se dan vuelta, ni de los que hacen un comentario, y menos que menos de los que quedan ahí parados mirando al cielo, juntando las manos, al estilo Francella. Yo casi no muevo la cabeza. Casi. Tiendo más a la hernia ocular, al peligro de quedar con estrabismo permanente. Disimulo y disfruto lo que está en mi campo de visión. Me impresionan un poco los tipos cuando miran a las minas, serios, como asustados, enajenados. Me da algo de vergüenza pensar que quizá a veces hago lo mismo, quizá pongo la misma cara. Cara de desamparo, de acecho. Ese instante raro en plena ciudad cuando parece que empezara un documental sobre hormonas y mamíferos.

17 de octubre de 2006

La invitación

por Miguel U.
Supongamos que el mar llegara a Constitución. Que las olas pegaran en una escollera a tres cuadras de Constitución. Que hubiera una peatonal también, con locales de ropa, de souvenirs, y mucha gente, y un tipo que salta sobre vidrios rotos y pide monedas, y parejas viejas con hijos down, y amputados con tarritos pidiendo limosna, y un deambular de domingo en general, chicas con cicatrices, con labio leporino, un tipo con un bracito finito y corto. Y el mar pega contra una playa con espigones. El mar pega a tres cuadras de Constitución, y yo tomo un café en el bar viejo de uno de los muelles que levantaron hace años, cuando llegó el mar. Estoy sentado sobre las olas, las veo pasar, olas negras, fuertes, como si todo el piso se moviera por abajo del muelle, entre los pilotes del bar. Las olas se arman, se encrespan, pegan, pasan. Un mar muerto y potente que llega a la ciudad, hasta los edificios. Se va haciendo de noche, las luces de la costa flotan sobre la superficie cada vez más oscura y aceitosa, y hace frío. El mar llega a Constitución. Es el día de la madre y mi vieja está enferma y no sé qué carajo estoy haciendo acá, solo, en Mar del Plata.

26 de agosto de 2006

Las fuentes

por Miguel U.

Viendo el video de Dylan que está acá más abajo, descubro un par de imágenes que pasan rápido: la tumba de Kerouac, Dylan hablando con Allen Ginsberg, después una foto de Dylan Thomas y otra de Rimbaud. Es un pantallazo del imaginario poético de Bob. Ahora digo: Calamaro -que aclaro primero que me gusta bastante- ¿qué imaginario poético tiene? Su imaginario poético es el rock, es decir, sobre todo Bob Dylan. No se lo oye a Calamaro hablar de poetas latinoamericanos. Tampoco tendría por qué hacerlo, pero cuando dicen "Dylan es un grande", hay que saber que es un poeta que leyó mucho a otros poetas (además de ser buen músico).
Un amigo de mi primo compone temas en la guitarra que imitan a Pity de Intoxicados que a su vez imita a Calamaro que a su vez imita a Dylan que a su vez imita a Kerouac o a Ginsberg. Es decir que es una imitación de una imitación de una imitación de una imitación. Aclaro que las canciones del amigo de mi primo son pésimas, pero creo que no solo son pésimas porque el tipo es medio queso, sino porque la poesía le llega demasiado licuada por todos estos "vasos comunicantes de las influencias". Yo le dije, salteate toda esa mierda intermediaria y lee los poetas que lee Dylan. Andá a las fuentes, le dije. Y él me dijo: Andá a la mierda. Y quizá tiene razón. ¿Qué carajo le importan poemas como America o novelas como Big Sur al amigo de mi primo que se toma el 37 para ir a hacer todo el día telemarketing en el barrio de Congreso?

24 de agosto de 2006

Cosas difíciles

por Miguel U.
Dar clase con resaca. Muy difícil. Momentos en los que estoy en piloto automático diciendo algo que ya dije mil veces y una voz paralela que parece a punto de ser escuchada fuera de mi cabeza dice "loco no me banco más esto, necesito un jugo de algo, gatorade, o un multifruta con minerales, mirá las caras de la gente, están aburridísimos, y vos parecés Bill Gates pero sin plata y sin ideas, ayer a la noche por lo menos pensabes que alcanzabas la gloria de la risa en la parte más redonda de la borrachera pero ahora simplemente tenés que aceptar que tu vida es una mierda y salir a confesarlo por el mundo". Pero es raro, seguís, con el vozarrón post juerga y sin moverte demasiado vas pasando la clase poco a poco hasta el final. Y ahí te pagan sin echarte. La pregunta es: ¿Cuánto tiempo podrás pilotear esto?

12 de agosto de 2006

NADIE MOJA EN LA PATRIA


VIDEOS


por Miguel U.


el antropoide ingresa
la constreñida sombra de amor subtitulada
oh sí folla mi culo con letras amarillas
tipeadas por un tipo en barcelona
en málaga en santiago de chuco del estero
de chile de brasil de compostela
las letras de la lengua que usó colón
la lengua que relame la leche del fornido
del bronceado con zunga
no la traga
babea hacia un costado simulando
desparrama
chupa el glande en la cumbre más alta
la vena de la verga en primer plano
la verga que pujó contra natura
que dilató la sombra del esfínter
la vaina más estrecha
mirá cómo le empuja la caca dijo césar
mi amigo que en las heras una noche
quiso guasquear la foto
de la boca gigante de un afiche
pero estaba borracho y parecía
que los labios rosados lo esperaban
como el sapo al mosquito
ahí viene el treinta y siete y se quedaba
culeando el fibroplast iluminado
porque la tierra es plana
como antes de colón pero de vidrio
de blindex de pantalla de cuarenta pulgadas
en el living de la familia nelson
la familia de césar
duermen todos con máscara de goma
su vieja se preocupa por los sauces
su hermano no va al country
fuma faso los viernes en su cuarto
su hermanita menstrúa en renault nueve
y llora porque el perro del vecino
le va a olfatear la vulva
su viejo lo patea
(a césar y al perrito) mientras pincha
la carne del asado
es igual a picasso y tiene várices
en una pantorrilla
y abajo de los sauces
nos preguntó hace mucho
a ustedes ya les salta?
le dijimos que no
el día que les salte
me avisan y los llevo
se engrampan una linda putita
y el silencio
ya venía la vieja de césar con helado
con el pareo flojo
clavaba la cuchara en cada pote
parecía que iba servir las tetas
colón llegó a los culos redondos de las indias
a su fruta cachonda
en cambio neil armstrong
llegó a la luna muerta
desde entonces la tierra es como un vidrio
un vidrio con gillette
con polvo sobre el sacro
con polvo enamorado entre las tetas
caucásicas orondas a destiempo
del rítmico bombeo del nacido
en alabama tucson minnesota
y el plano de sus glúteos marrón hawaian tropic
de sus bolas sajonas rosadas centinelas
campaneando la dulce madriguera
y las uñas pintadas que aparecen
sobándose la concha en el crepúsculo
los labios del poniente
de pie como un arcángel
la voz gangosa dice fuck my ass
oh sí rómpeme el culo
y el ruido de la carne
del contrachoque pélvico en las cachas
los mofletes apenas sopapeados
la juventud del orto
de katy lee sin pozos
sin cráteres lunares de la vieja
de césar que se entierra
en una arcilla negra
que prefiere los vuelos
contra la rotación terrestre porque dice
que la rejuvenecen
y nada le hace efecto porque la tierra es plana
y la luna
es una vieja muerta
que se encontró neil armstrong
reseca en el espacio el compatriota
del héroe americano que relame
la oscura convergencia de los muslos
las ostras de la herida
la chucha relumbrante
le manduca el hachazo se embadurna
le embute la toronja
ella goza los tacos en el aire
mirá cómo la lleva dijo césar
boludo la desflora qué la va a desflorar
la contrafloralresto
boludo es un peaje la concha de esa negra
una autopista al útero caliente
para llegar temprano poner cloro
mariposas de acero en cada esquina
del mantel amarillo por el viento
que sacude los sauces tan flaquitos
cuándo van a hacer pesas ustedes dos pajeros?
las minas ni los van a mirar este verano
o césar que pregunta en la cucheta
si pudieras cogerte a cualquier mina
cualquier mina del mundo en cualquier época
a cuál te cogerías?
a tu vieja
en una reposera en la pileta
hundiéndome en el tajo
de un durazno gigante sostenido
por las manos que aprietan blanda pulpa
la amazona montando con grititos
cayéndose en el palo enjabonado
tu coño es delicioso y se acomodan
en posición perrito en california
en oklahoma en tejas en florida
y acá nadie la pone
nadie moja en la patria



(publicado en la revista Ricardito, Nº3, 2001)
(del libro en preparación Nadie moja en la patria)

10 de agosto de 2006

La mano

por Miguel U.


hace unos años césar
perdió en un accidente
la mano de las pajas
la bengala de barco le voló
los dedos y una parte de la palma
al mes ya se reía
luchaba con muñón se proclamaba
el manco de bengala
después fue al hospital
su vieja lo esperaba
dormida con las piernas abiertas en camilla
la taparon con una tela verde
con un hueco en el medio tipo poncho
césar metió el muñón por el agujero
al fondo de la concha de su madre
lo durmieron inmovil así por siete días
después lo despertaron
retiraron el brazo y nuevamente
césar tenía su mano
se fundió la familia en un abrazo
la emoción embargó a las enfermeras
el médico le dijo bueno pibe
cuidado lo que hacés con esa mano
es una mano flaca femenina
ahora se pajea con la izquierda