4 de agosto de 2006

Entrevista a Daniel Durand

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¿Cuándo empezaste a escribir El estado y él se amaron?

“El estado y él se amaron” es una recopilación y un recorte de mi poesía. “Segovia” lo empecé a escribir en el 90, el resto de los textos son posteriores, “Durán deberías...” por ejemplo lo empecé en el 92, el libro respeta bastante un orden cronológico, a “Salto Grande” lo tenía escrito en prosa desde el 98 más o menos, pero recién lo versifiqué en 2006, de manera que hay textos muy viejos de hace mas de 15 años, textos intermedios como “Marquina” del 98 o “Nueces mojadas...” del 2003 y textos más recientes que escribí o definí entre 2005 y 2006 para ensamblar el libro.


¿Qué es el “ciclo segoviano”?

El primero que me propuso publicar una recopilación de cierta poesía mía fue Damián Ríos, lo pensaba para Interzona, queríamos hacer ese recorte, publicar Segovia y otros poemas similares. Finalmente la idea fue retomada por los editores de Mansalva y pudo ser editado por ellos. Por lo tanto el ciclo segoviano es eso, Segovia y los textos satelitarios. Pero yo me animo a agregar que el ciclo segoviano tiene que ver mucho con la poesía de los 90, con el tono que tratamos de crear en esa época y con la literatura que tratamos de valorar. También tiene que ver con el descontrol y con una manera un poco maldita, desprejuiciada y antiliteraria de relacionarse con la poesía y su entorno. Son los años de iniciación sexual y literaria, de alcohol, drogas y bardo... todo eso es el ciclo segoviano, pero es un poco impreciso este “ciclo segoviano” porque hay excepciones a lo que lo define en casi todas las páginas.

¿Qué poetas leés o releés?

Leí mucho toda la década del 90, desde el 87 hasta el 2000 más o menos, fueron los años de mayor formación. Leí mucha poesía americana del siglo XX, poesía inglesa metafísica y poesía inglesa del siglo XX, especificamente los university wits o ingenios universitarios, que son sucesores de la poesía metafísica del siglo XVII, y traduje algo de ellos. Traduje con un amigo un libro entero de Craig Raine que se llama The Onion, Memory, y textos de otros poetas como John Fuller o David Sweetman. Leí bastante poesía chilena, poesía italiana y poesía oriental, más todo lo de acá, esa es más o menos mi formación como lector, pero luego de ese período dejé de leer sistemáticamente, perdí mucho interés. Hacer ediciones deldiego me saturó mucho como lector, dejé de creer en la poesía y en la literatura, me cansé, me aburrí, dejé de creer en lo poetas, dejé de perseguir ediciones raras o libros inconseguibles, y también dejé de escribir y me metí a trabajar en un kiosko, y empecé a olvidar... Ahora ya pasó esa etapa, que también fue una consecuencia de la muerte de mi madre en 2002 y de la crisis de 2001, ahora me convertí en un lector salteado, releo, hojeo y pico nomás. Y para contestarte puntualmente la pregunta lo que más leí ultimamente es Calveyra, El maizal del gregoriano y tambien los cuentos. Ahora estoy con un diario íntimo de Benjamín Constant. Todo esto es lo que estoy picando ahora, pero lo que leo con más atención y de lo que hablo bastante es de los textos de mis amigos, y charlo de los textos con ellos y con otros amigos. Eso es lo que más hago como lector, pero no voy a nombrar a mis amigos escritores, tendrías que hacerme una pregunta específica sobre “ellos” y yo usaría varias páginas para contestar.

¿Hay algún poeta que hayas descubierto hace poco?

Hay algunos poetas jóvenes que leí ultimamente que me parecen interesantes, hace unos días me pasaron un texto muy bueno de Mariano Blatt, hace poco también leí algo bastante claro de Francisco Bitar. A quien si descubrí hace muy poco es a Cristina Campo, y me gustó mucho lo que leí de ella.

¿La experiencia como traductor influye en tu poesía?

Y sí, es una de las influencias que más he sentido, es lo que uno lee con más detenimiento y exactitud posibles dado el caracter del trabajo que está realizando, ¿no? Incluso hasta se podría decir que la traducción influye más que la lectura, sobretodo más que la lectura rápida que se practica ahora. La traducción es una gimnasia muy buena para cualquier escritor, más allá de todos los recursos estilísticos que uno puede aprender de ahí. Pero ya dejé de traducir de otras lenguas, ahora miro pasar los trabas que brotan a rolete acá donde yo vivo, ellos son traducciones de la carne, que quedan horrendos igual que los millones de poemas mal traducidos que existen en el mundo.

Tradujiste a Tu Fu. ¿Te gusta la poesía china y japonesa?

Si, traduje al Tu Fu que tradujo Keneth Rexroth, fue una época muy intensa, gocé mucho con la traducción de esos poemas, traduje 35, después traduje algunos más de otro traductor y no me gustaron tanto, de manera que me quedé con el Tu Fu de Rexroth nomás. Aparte tengo muchos poemas tufunianos, algunos más cercanos o parecidos y otros no tanto, son una especie de standar que siempre vuelvo a escribir. La poesía china sobretodo nos ha gustado siempre, su organización perfecta y elemental, su perdurabilidad es asombrosa, y la hemos transitado en forma de dinastía, en forma autoral y actualmente tratando de leer un poco de un tipo de poesía narrativa que se escribe ahora. Son algunos autores, casi todos chinos que viven fuera de su país, como Xiao Kaiyu o Sun Wenbo... Y alguna vez hemos intentado la traducción de algun poema antiguo directamente del chino, pero solo llegamos al punto de darnos cuenta de las grandes dificultades y no pasar de ahí.
¿El haiku te interesa? Ese poema que termina diciendo “las putas de este barrio, luciérnagas de febrero”, tiene algo de haiku?

Yo ya no tengo tanta simpatía por el haikú. Antes nos gustaba mucho, nos gustaba jugar a encontrar haikus en los poetas argentinos, encontrar pequeños nudos de gran significación, una imágen, recuerdo unos que le entresacábamos a Leónidas de “Las Patas en la fuente”, decían algo así como:

el hombrecito le dice a la mujer
allá va, allá va...
un saltélite en el cielo.


un huevo frito para vos...
un huevo frito para mí...
le dijo al hombrecito
la mujer que cocina
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El poema mío al que te referís es un texto bien en bruto que contrasta una parte iconoclasta con esta parte que nombrás vos, que es una imagen. Y se lo puede ver así, ligado al haikú, porque es una imagen. Y tambien las palabras son definitorias muchas veces: ahí en esa frase tenemos linternas y luciérnagas, que son dos conceptos muy familiares dentro de la cultura japonesa y se puede pensar en haikú al leer ese final, claro, pero en el haikú lo que se muestra, es decir, el texto, es la síntesis de todo un proceso no escrito. En mi texto no. Hay todo un proceso muy espureo, escrito, que termina en esa imagen limpia.

¿Se mete lo traducido en tus poemas?

En los poemas se mete todo, el poema es una especie de esponja que absorbe, se impregna de todo lo que estamos haciendo, entonces no solo se mete lo traducido, sino tambien lo leído, lo escuchado, lo conversado, lo visto, lo amado, lo odiado, lo deseado etc etc. Por lo menos en el tipo de poesía que yo escribo, que muchas veces es una poesía en la que no ejerzo mucho control, ahí, en ese tipo de poesía se mete de todo.
Pero en el caso de la traducción no solo está el punto en que la traducción se mete en mis textos, porque dicho de esa manera, el “se mete” implica un grado de inconciencia. También la meto conscientemente y a propósito, como en “El cielo de Boedo” donde directamente intercalé cuatro poemas de Tu Fu en el medio del libro, ahí metí la traducción de un modo muy visible, porque siempre nos gustó mucho la idea de Girri de poner dos o tres poemas traducidos, generalmente de poetas americanos, al final de cada libro suyo, como un bonus track. Bueno, yo en mi caso quise ir un poco más allá de eso y ensamblar lo traducido con mis propios textos de una manera más orgánica. Esa es solo una de las maneras en que lo traducido forma parte de los textos propios, pero hay muchas maneras de jugar y experimentar con “la traducción”. También tengo otros experimentos con traducciones, como el poema “belleza me canso y te bardeo”: fue un día en que yo estaba traduciendo un poema de un poeta inglés, y todo venía bastante bien, hasta que en un momento me harté del palabrerío alto y tan poético que estaba traduciendo y ahí nomás me cansé y terminé de escribir el poema yo impugnando todo lo anterior, después con el tiempo le puse ese nombre y quedó dentro del corpus de Segovia. O sea que no solo que lo traducido se mete en mis poemas, sino que mis poemas se meten en lo traducido, y de estos ejemplos tengo muchos más, por ej cuando escribí “las máquinas amarillas” que es lo que ensayé antes de escribir Segovia copiando mucho el estilo de los Sea Harrier de Diego Maquieira. En ese libro, hay una sección que se llama las máquinas en la literatura que son mas de 40 poemas en donde trato de usurpar textos muy conocidos y meterles mis máquinas a presión en lugar de la imagen o parte más sustancial del poema, como por ejemplo, en el famoso poema de Yeats “Mosca de Largas Zancas”:

Máquinas de enormes ruedas


Para que la civilización no se hunda
perdida su gran batalla,
haz callar al perro, ata el potrillo
a un poste distante;
Cesar, nuestro amo, se halla en la tienda
donde los mapas están desplegados,
sus ojos fijos en el vacío,
y una mano bajo el mentón.

Como una Máquina amarilla de enormes ruedas negras
por la avenida desierta
su mente se mueve en el silencio.

Para que las insuperadas torres sean quemadas
y los Hombres memoren el rostro
muévete lo mas suavemente posible, si debes
hacerlo
en este solitario lugar;
Ella piensa, en parte mujer, tres partes niña,
que nadie la mira; sus pies
ensayan un paso de baile
aprendido en la calle.

Como una Máquina amarilla de enormes ruedas negras
por la avenida desierta
su mente se mueve en el silencio.

Para que las muchachas púberes puedan encontrar
el primer Adán su pensamiento
cierra la puerta de la capilla papal,
mantén fuera a esas niñas;
Allí en ese andamio esta acostado
Miguel Angel.
Sin más ruido que el que hacen los ratones
mueve su mano de un lado a otro,

Como una Máquina amarilla de enormes ruedas negras
por la avenida desierta
su mente se mueve en el silencio.

De este tema podríamos estar hablando mucho tiempo, una de las primeras cosas que hice con la traducción, antes de saber ninguna lengua extranjera fue traducir entero el cuervo de Poe, sin saber ni una palabra de inglés, y traducía a lo que me sonaba en español, quedó un texto muy libre e inconexo, pero muy divertido fue hacerlo. El texto en inglés como sabemos se llama “The raven” y mi traducción se llamaba “La rabia”.

En tus poemas aparece la naturaleza, el río, hay imágnes de la infancia en el río, estados casi amnióticos, mirando ese pescado que llaman "vieja del agua", por ejemplo...

Me gusta mucho eso que decís de “estado casi amniótico”, está muy bueno y me va a ayudar a definir algunos momentos de quietud, ausencia de ansiedad, pero es así, una vez que iba en tren para el oeste tuve una visión, empecé a ver todos los fondos de las casas, la mayoría de ellos con una pileta, y ahí llegué a la conclusión de que los seres humanos todavía somos anfibios, a mi la lluvia me redime, un vaso de agua me hace sentir mejor, las piletas me ilusionan, a la noche los chorros de agua que caen en los tanques me tranquilizan, me proporcionan imágenes ligadas a lo adánico, y ni que hablar de la sensación de ver correr el río, ahí me siento muy tranquilo.

¿Te sentís cerca de los escritores del litoral? Saer, Juanele, Mastronardi. ¿Creés que hay características en común?

Si claro, me siento muy cerca de algunos escritores del litoral, me siento uno de ellos, aunque no viva ahí, participo de encuentros regionales y estoy comunicado con muchos de ellos, y está bueno porque ese ámbito no se toca mucho con la actividad de capital, es un circuito menor, zonal, y hay poetas y escritores por todos lados, que surgen todo el tiempo. Ahora me han puesto en una página web que se llama autoresdeconcordia.com.ar ahí estoy con otros poetas y escritores de la ciudad de donde provengo. En muchos aspectos mi actividad está centrada hacia abajo, y no tanto hacia arriba, es decir que me fijo más en los poetas que recién empiezan, y no tanto en los dioses del olimpo fluvial, ya transité esa franja, reconozco su importancia y sus logros y es lo que recomiendo para la formación de un lector o un escritor, pero no le doy ya tanta bola a Saer o a Juanele, a Mastronardi menos, tengo más presente a Calveira o Zelarrayán, que son más parecidos a mí, es decir que no viven en el litoral pero tienen al litoral como espacio o zona donde se ubica su escritura, y también tengo presentes a otros escritores litoraleños que recién empiezan, como julián Bejarano o Ariel Delgado, solo por nombrar a dos poetas jóvenes que conocí el año pasado y que me gusta lo que hacen.

Tenés un poema que se llama "El gran capitán", sobre el tren que va a Entre Ríos, y pasa por Corrientes y llega a Misiones, ese “tren casi fluvial” que aparece en la poesía de Madariaga. ¿Podrías contar cómo eran esos viajes?, ¿cuándo fue la última vez que lo tomaste? ¿Cuándo te viniste a vivir a Bs As y cómo fue esa llegada?

Ese tren se llamaba “el gran capitan”, efectivamente es el que llega hasta Posadas, es el Ferrocarril General Urquiza, que termina en la estación Federico Lacroze, o Chacarita. Nosotros siempre tuvimos una parte de la familia en Capital, por eso la familia siempre viajó mucho, en ambas direcciones, nosotros veníamos casi todos los años a Buenos Aires y mis parientes de acá iban mucho a Concordia, en vacaciones o para festividades familiares tipo casamientos cumpleaños o velorios... Viajábamos en auto, en micro y en tren... Los micros me acuerdo eran unos que les decían doble camello, venían por camino de tierra y tardaban como 10 horas en llegar, pero lo que más usábamos sobretodo de chicos era el tren, porque los chicos podíamos pararnos y caminar por el tren, entonces íbamos y veníamos con mi madre y mi padre en tren a Bs As.
El tren era un desastre con los horarios, en teoría creo que debía tardar 9 horas pero le ponía 13 o 14, y muchas veces más todavía. La vez esa del poema “el gran capitán” demoró 24 horas en llegar hasta Concordia. El tren estaba bastante bueno, los asientos eran muy grandes, de cuerina verde la primera clase, de cuerina marrón y mucho más duros los de clase turista. Nosotros viajábamos en primera, los asientos eran dobles y se podían girar y quedaban enfrentados, hacíamos un pequeño living donde comíamos y éramos atendidos por nuestras madres, eran ideales para jugar al truco, que era lo que hacían exclusivamente los grupos de hombres que viajaban de esa manera. Pero el escollo más grande que debía sortear el tren era el río Paraná, en el delta, y estaba el ferry, que era un barco con vías que cargaba los trenes, para mí -que era un chico- era un super transatlántico, y el tren no entraba entero a lo largo del barco, lo tenían que dividir en tres o más partes para que entrara, entonces había mil maniobras previas, después el barco navegaba como 6 horas por el Paraná hasta que desembarcaba en la provincia de Bs As. y otra vez había que esperar a que engancharan de nuevo todos los vagones para seguir el viaje. Era un delirio esa espera, muchas veces entre neblinas muy densas y las luces del ferry y del tren que la iluminaban, y nosotros entredormidos obteníamos esas imágenes que no eran reales, eran momentos imaginarios, de alto contenido visual.
Después hicieron los puentes de Zárate-Brazo Largo, en los 80 aproximadamente, y todo se hizo más fácil y más rápido. Una de las últimas veces que viajé en ese tren estaba recién casado, sería como el 87, yo tendría 23 años, y nos enteramos que regalaban pasajes para ir a votar a Entre Ríos y como nosotros estábamos casados legalmente nos dieron camarote gratis para mí y para mi esposa que también era entrerriana, con entrada incluida para el coche cine, el camarote era rarísimo, con un lavatorio dentro. Al rato de salir el tren de Lacroze, nos invitaron a pasar al coche cine, que era un vagón entero acondicionado como sala de cine, y fuimos a ver una película de un tren que era asaltado por ladrones, y así estuvimos como dos horas, creyendo estar realmente dentro del tren de la película.
Yo vine a vivir a Bs As el 17 de enero del 83, a los pocos días cumplí 19 años. Vine a estudiar Letras y a trabajar en un lugar que me haría entrar mi padrino. Hice el curso de ingreso para Letras en el mes de febrero, en el edificio de Marcelo T., se rendía filosofía e historia. Me hice amigo de un grupo de chicas, nunca estudié nada, me saqué un cero sobre cien en historia y treinta sobre cien en filosofía y no entré ni de casualidad, pero al poco tiempo, después de Semana Santa, entré a trabajar en PAMI, y empecé a ganar bastante dinero, ganaba el triple que mi padre y estaba enloquecido. Así me la pasé cuatro años, boludeando, yendo a bailar y conociendo chicas de todos los colores. Pero me rescaté. Fue en el 87 cuando vino a estudiar mi hermana a Bs. As. Ahí empecé a estudiar Letras otra vez, cursé la mitad de la carrera, ahí conocí a muchos de los poetas que serían amigos o compañeros de diferentes proyectos literarios.

¿Cómo te llevás con la narrativa, la prosa? ¿Qué narrador te gusta?

Con la narrativa me llevo extraordinariamente, ni la leo ni la escribo, al menos en estos últimos años, pero hay algunos narradores que me siguen gustando. Hebe Uhart me parece muy importante, me gustaría mucho tener ese nivel de traslación de la expresión íntima o casera llevada a lo escrito, en general me gustan muchos narradores que son los que nombra todo escritor semiformado dentro del medio local, solo quiero nombrar al Vizconde de Lascano Tegui que siempre me cae bien, y tambien leí un libro que se llama “Río Abajo” que es una historia del delta, escrito excepcionalmente con el seudónimo de Lobodón Garra por Liborio Justo más conocido por Quebracho, ese libro lo leí completo, y me encantó.
¿Las historias que querés contar están dentro de tus poemas? Pienso en poemas como Salto grande, por ejemplo, poemas bastante narrativos.

Sí, están dentro de mis poemas, las cuento en forma de poesía narrativa, o directamente me paso al “texto” pero nunca escribí una novela ni tampoco cuentos, si he imaginado muchas historias largas pero nunca he pasado de ese plano, del plano imaginario, aunque muchos me dicen que mi literatura tiene un alto contenido narrativo, o que soy un narrador.
Salto Grande, ya lo dije anteriormente, estaba inicialmente escrito en prosa, en forma de anotaciones como para dejar registrado el episodio que estaba recordando, y después esa impronta narrativa quedó muy marcada cuando versifiqué las anotaciones.
Cola de alpargata tiene algo de novela veloz, en cinco páginas, como una novela condensada.
Cola de alpargata son tres textos ensamblados. El primero está situado en esa zona imaginaria que es el viaje, el viaje litoraleño, la segunda parte está situada en Londres y la tercera en Bs As. Hay un yo entrerriano heterosexual, otro yo semigay en Londres y el último es un yo porteño adentrado en su cultura de libros y discos de parques de domingo. Esa sensación de novela veloz tal vez se deba a que no puedo escribir y desarrollar algo durante mucho tiempo, nunca pude hacerlo, soy muy ansioso, más ultimamente, entonces está eso, Cola de alpargata, que la escribí en un rato, pero tal vez la idea daba para algo más extenso.

Hay una oposición fuerte entre el agua de la infancia en Entre Ríos y la sequía de la madurez en Buenos Aires (pienso en poemas como Once seco). ¿Esa especie de destierro activa tu poesìa?

Sí, eso es bastante conciente, hay mucha agua en la infancia que es Entre Ríos y poca agua en la madurez que es Buenos aires. En la realidad es así. Lo actual es eso también, la abundancia de agua del pasado y la falta de agua del presente, y a esto lo podés asociar con muchas cosas, el agua es la calma, la falta de agua es la ansiedad o sed, lo podés ver así, o como vos dijiste, el agua tiene que ver con un estado amniótico, y por el contrario la falta del líquido tiene que ver con un nerviosismo o desesperacion. Pero, por otro lado, yo trato de asimilarme a la ruta del agua, en ese caso yo he recorrido la misma ruta del agua, y acá estoy, en Buenos Aires, reunido con más agua y con más gente.
Lo que activa mi escritura en “Vieja del Agua” es el ruido de los chorros que a la noche caen en los tanques de agua de los edificios, esa es la idea que yo manejo ahí, ese sonido suscitativo, ese ruido se asemeja al ruido de las cascadas de la infancia, ahí realizo la operación asociativa y se activa el desarrollo del poema.

¿Cómo se articula El cielo de Boedo con El Estado y él se Amaron? ¿Tiene algo de reencuentro con la naturaleza ese cielo, con cierta calma, un paisaje que parece siempre igual pero sin embargo va cambiando?

“El cielo de Boedo” no se articula con “El estado y él se amaron”, más bien está fuera, está desarticulado, es otra veta, otra experiencia de escritura, si le buscás una relación seguro que la vas a encontrar, pero a mí me gusta pensar en diferentes sistemas, diferentes estilos, ése fue al menos el plan: no al estilo único, del autor que lo cultiva y lo cuida, una vez alcanzado, como su quinta. De ese tipo de cosas, desarticuladas del grueso de mis textos hay varios ensayos o intentos. Está “la maleza que le crece” que es versificación de la prosa de Lezama, está “el krech” que es un intento pequeño de hacer comic pero dentro del género poesía, y muchos experimentos más que nunca he publicado, pero “El cielo de Boedo” fue el que mejor me salió, y se pueden pensar muchas cosas, ¿no? Yo personalmente lo entiendo como una sensación contemplativa que me quedó luego de haber tomado unas tremendas pastillas de éxtasis en unas discos de Londres por el 94, tremendos éxtasis de los que ya no hay ni la sombra, y ese texto trabaja con eso, con la gran calma artificial de la grandes drogas, y con el estado laxo y planchado, liso, del después. Pero bueno, eso es lo que yo sé y lo que yo pienso. Sé que no es lo que transmite el texto, por supuesto.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Publiqué una pequeña cita que me pareció muy buena en mi blog (http://verguenzanohay.blogspot.com/2007/01/traducciones.html)
Intentaré conseguir textos de este autor. Gracias.

papaf dijo...

Me encantó el reportaje.
Se percibe que le gustó halar con vos.
Muchas gracias.

Boy Ingouville

Anónimo dijo...

Hola, conocía a Durand sólo de oídas, donde se lo mencionaba como a un poeta secreto y genial. Después de leer el reportaje,fui hasta una librería para comprar el Estado y él se amaron. Lo leí acostada en la cama, con la ventana abierta por donde entraba el ruido de la calle. Enero, Buenos Aires. Fui del primero hasta el último de los poemas del libro, de un tirón. Quedé súper enganchada. Después compre todos los otros libros suyos que pude conseguir conseguir. ¡Me parecieron geniales!
un beso
Paula D´angelo

Rodrigo dijo...

Creo que la poesía en general está muy sobrevaluada como género.

Anónimo dijo...

Qué buena la entrevista, Mairal. Lo poco que conozco de Durand me parece buenísimo y siempre estoy pensando en leerlo más y esta charla tuya con él me dice que tengo dejar de pensar en leerlo y ponerme a leerlo de una vez. Selva Almada.

Anónimo dijo...

Interesantes respuestas! Las preguntas en exceso convencionales

chivilboy dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.