27 de septiembre de 2006

Silvia Attwood va por más


Primero fue ese video con el pez dorado saliendo de su aterciopelada vulva. Ahora empieza a probar con animales más grandes, como un perro manto negro y muestra las fotos en el Cabildo Histórico de Córdoba. Empieza hoy. Si el sr. de abajo estuviera en Córdoba, iría. La muestra (en serio) se llama "La dama y el perrito".

Todos somos Arjona

por Rodolfo Edwards


en la Torre de los Ingleses
son las siete menos cinco
y arranco las agujas del reloj
para hacerme harakiris
y otros tragos orientales
invento a cada rato
tantas formas de pensar en ti
sí en ti en ti en ti

y como un necio
trato de ignorar esta distancia
que es como ir hasta la luna
y volver siempre volver

acaríciame al menos el cabello
como a un perro zalamero
como a un niño de la calle
olvidaste mi corazón
en el cuarto de los trastos
es un triste obús desactivado
de la guerra del 14
una pieza de museo
que no cotiza en el mercado
sabés bien que no tengo
otra cosa que ofrecerte
que una mañana de lilas muertas
en la cama
oh en la cama

me enteré que ahora sos
la novia de un rockero
muy pagado de sí mismo
que canta cosas que no entiendo
él es un maestro del cinismo
y yo un aprendiz
en esto de amarte sin coraza

yo sé que no estoy pa´ campeonato
pero al menos quiero
mantener la categoría
verte en sueños
pasar como a una liebre
siempre linda siempre linda
oh dulce añoranza en mi memoria
en mi memoria
en mi memoria

por vos hoy abrí una lata
de fantasías importadas
de países sin bandera
soy pirata equivocado
en tu vida sin fronteras

¿y si busco un abogado
y te armo un pleito
por robar de mi pecho
algunas cosas?
son testigos las estrellas
y una nube que pasaba
donde escribí tu nombre
con mi pluma de poeta

aunque pasen mil años
en la historia de la tierra
ante tus ojos seguiré siendo
este niño engominado
temeroso de la brisa
que lo lleva con las aves a la altura
donde florecen los olvidos
los olvidos
oh los olvidos

tú eres la cruz
y yo no soy Cristo
soy un equilibrista
entre tu boca y el destierro
soy el pobrecito de la novela de la tarde

ya no quiero ver el sol
que me destruye
los sesos la cordura
prefiero la luna
plateando tus caderas
cuando supe que tu espalda
era una escalera hacia la gloria

de tu piel probé tequila fuerte
y me he quedado borracho
pa toda la vida
casi siempre veo doble
y me enamoré
de vos y tu melliza

y aunque nada sabés
de mi abril desesperado
de mis dramas de domingo
dejo esta nota
en el umbral de tu sonrisa
para ver si puedes leer a contraluz
mi confesión de imberbe monaguillo

Bob Dylan + Scarlett Johansson




When the deal goes down (Modern times, 2006)

(se puede traducir literalmente como "Cuando el trato se realice" o en su sentido metafórico: "Cuando llegue el momento")

En la quietud de la noche, en la antigua luz del mundo / Donde la sabiduría se abre paso a golpes / Mi cerebro desconcertado trabaja en vano / A oscuras por los senderos de la vida / Cada rezo invisible es una nube en el aire / El mañana sigue dando vueltas / Vivimos y morimos, no sabemos por qué / Pero voy a estar con vos cuando llegue el momento // Comemos y bebemos, sentimos y pensamos / Vagamos calle abajo / Río, lloro y me obsesiono / Por cosas que nunca deseé ni quise decir / La lluvia de medianoche sigue al tren / Todos llevamos la misma corona de espinas /Alma con alma, ruedan nuestras sombras /Y voy a estar con vos cuando llegue el momento // La luna da luz y brilla en la noche /Cuando apenas siento su ardor /Aprendemos a vivir y después perdonamos / En el camino que nos lleva /Son más frágiles que las flores estas horas preciosas / Que nos atan tan fuerte uno al otro / Llegás a mis ojos como una visión del cielo / Y voy a estar con vos cuando llegue el momento // Junté un flor, floreció en mi ropa / Seguí el arroyo ondulante / Oí el ruido ensordecedor, sentí alegrías pasajeras / Sé que no son lo que parecen / En estos dominios terrestres, llenos de desilusión y dolor / No me van a ver poniendo mala cara / Te debo mi corazón y esa es toda la verdad / Y voy a estar con vos cuando llegue el momento.

21 de septiembre de 2006

19 de septiembre de 2006

La Revancha


El partido es el domingo 24 de septiembre a las 12 hs en Open Gallo, y los cordobeses ya están temblando. Nos llegó el siguiente mail:
Gente
para que no hagan falsas presunciones
ni fabulen
con un partido fácil
llevo a Quique custodiado
el jueves por la noche
necesita relajarse
aclimatarse
dos días de antelación van a funcionar
Le estuve pasando informes
de lo que ví aquella noche en el Gallo
la calidad del suelo
la ligereza del balón
las patadas de Terra
de aquellos jugadores nuevos
como Santiago, Mairal
(tiene equipo nuevo, sin lustre)
llegaremos el viernes temprano

Tenemos una dieta que cumplir
sólo hidratos y ensalada
avisen novedades

abrazo grande

JQ

ellos y yo

por Superloyds

al expositor le patina la ere
las carteras no están más
solas

nos la mandan a guardar

los performers están locos:
uno es un bodrio
el otro es bizarro pero
al menos hace gracia

el rubio se queda dormido
en todas partes
nuestro arquero da rebote
en la última jugada

el cumpleañero me lima la gorra
con su tributo a jimi hendrix
los delanteros
no le hacen un gol a nadie

los gorditos caretas
pagan en dólares
tienen hijos y hablan
de carreras empresariales

mientras yo
me enamoro de una casa
recorro el barrio de moda
diagramo un cuento impublicable

17 de septiembre de 2006

Viajando vi una señora y aplaudí

por Rodrigo (Fideos con manteca)


Pensando en un tema de Sepultura, alegrísimo por volver a casa, subí al 53 y en la mitad del camino, después de la general Paz e hipnotizado por el sonido del motor del colectivo, por la ventana, en un toque y en una esquina, vi un bardo de mujer enorme cargando bolsitas de supermercado chino, a cada paso inclinándose a golpecitos de un lado a otro y tratando de equilibrar la escena, y una bocha de críos corriendo unos metros adelante y volviendo en círculos a la madre y jugando a ver quién corre más, a quién grita más, a quién es más ninja y a quién algo más; ella era una vaca tratando moscas, un planeta llevando lunas, una suela levantando mierda de baldosa, una ranchera Ford y perros ladrando, vino acabando bolas de frailes y churros o morcilla y riñoncitos, Blanca nieves bailando cumbia con los siete enanitos, boca cochina babeando putas madres y ave marías; ella era un nombre propio, virgen y sagrado, chinísima hasta en las chinelas, una pollera azul escondiendo verdín, pullover negro con olor a caldito Knor verduras, evitando las miradas ociosas e hiperbólicas (esas que se compadecen pero ridiculizan o ridiculizan para no compadecer) llegando a casa y nada más.

16 de septiembre de 2006

De costa a costa en 4 minutos

Castaneda revisitado

por Fabián Casas

El nombre de Carlos Castaneda lo escuché por primera vez en un aula de la facultad de Filosofía y Letras. Estaba en un teórico repleto del profesor que daba Introducción a la Antropología. El hombre –bajo, entusiasta, muy buen orador- discurría sobre su tema cuando fue interrumpido por un psicobolche que le preguntó qué opinaba sobre los libros de Castaneda. El profesor pareció perder la postura, hizo silencio y, después, largó una diatriba encendida sobre lo que él consideraba un chiste, una estafa que estaba muy lejos de la ciencia antropológica. Castaneda, nos quedó claro a todos, era un farsante que ponía nervioso a los antropólogos que no comulgaban con sus métodos de trabajo. ¿Pero cuál era su famoso sistema? Yo en ese entonces no sabía nada del aprendiz de brujo.

La segunda vez que escuché hablar de Carlos Castaneda fue en la casa de un matrimonio amigo. Era una pareja joven, de buen pasar económico debido a algún dinero que habían heredado de los padres. Vivían en un piso grande de Palermo y durante los fines de semana vendían artesanías en una feria donde yo también tenía un puesto. Esta gente tenía marcados intereses espirituales. Es decir, no sólo no querían morir –como todo el mundo- sino que querían encontrarle algún sentido a la existencia. Un sentido trascendente. Una tarde, el macho de la pareja –al que llamaré Gustavo- se quedó dormido en un sofá mientras los demás charlábamos y tomábamos café. Su mujer –a la que llamaré Amanda- nos hizo reparar en la posición en la que Gustavo se había quedado dormido. Era una enseñanza de los brujos del desierto de Sonora, era, más específicamente, algo que le había enseñado Don Juan a Carlos Castaneda. Todos nos quedamos mirando el cuerpo de Gustavo. Estaba tirado boca abajo, con los brazos extendidos a los costados, y las manos cerradas, pero sin llegar a convertirse en puños. “Por ahí”, decía Amanda, “por las yemas de los dedos que tocan apenas las palmas de las manos, pasa la energía y él se recarga mientras duerme”.

Carlos Castaneda empezó su carrera hacia la fama mundial matriculándose en la UCLA para estudiar antropología. Donde se dedicó a investigar el valor medicinal de determinadas plantas utilizadas por los indios mexicanos. Parece que es verdad que viajó al desierto mexicano varias veces en su trabajo de campo, y que obtuvo información de algunos informantes de las comunidades indígenas de la zona. La tesis de grado que escribió para coronar su licenciatura fue publicada –después de muchas idas y vueltas- por la editorial universitaria de California. Se llamó “The Teachings of Don Juan, a Yaqui Way of Knowledge”. En el libro se narra –mediante charlas socráticas delirantes - la aventura del joven “Carlos”, quien se acerca a un indio yaqui, “Don Juan”, para que lo instruya en el estudio de las plantas psicotrópicas. Lo cierto es que el indio lo tomó como aprendiz y le propuso que se convirtiera en un hombre de conocimiento, en un brujo. A través del aprendizaje de Carlos, los lectores de todo el mundo descubrieron una cultura esotérica que los indios americanos se vieron obligados a esconder cuando fueron sometidos por el invasor español. Convertirse en cuervo y volar, hablar con un coyote luminoso en medio del desierto, desaparecer, crear un doble o estar en muchos lados al mismo tiempo, son algunas de las hazañas que “soporta” el aprendiz de brujo. Siempre oscilando entre el terror y el humor. Ya que su maestro es un hombre que suele matarse de risa cada vez que Carlos es sometido a pruebas –mediante el uso de plantas alucinógenas o no- para expandir su percepción del mundo. Fue el libro de cabecera de los psicodélicos sesenta. Republicado por Simon and Shuster, impactó en toda una generación que estaba en busca del amor libre y las drogas que expandieran las puertas de la imaginación. Mochileros de todo el mundo, droguetas y demás salieron a buscar a los desiertos de México al mítico Don Juan. Castaneda entonces publicó un segundo libro –y otro y otro-, vendió millones, se convirtió en un gurú, construyó un mito en torno suyo ( no se dejaba fotografiar, nadie sabía dónde vivía, había eliminado –como le enseñó el maestro- su historia personal ( se separó de su mujer, abandonó a su hijo adoptivo, dejó de ver a su grupo de amigos) y, lisa y llanamente, desapareció. O casi. Hace poco se supo, después de su muerte, que Castaneda –quien se había autoproclamado el último Nagual- había formado una secta. Según sus enseñanzas, cuando llega la hora, el Nagual arde interiormente y, en vez de morir, pasa a otra dimensión. Pero cuando se le apareció Caronte, el cuerpo pesado de Castaneda no ardió interiormente, sino que crepó en su cama de un cáncer de hígado. Sus discípulas más cercanas –las brujas que él protegía y que formaban la jerarquía principal de la secta- desaparecieron y, se presume, se suicidaron. Un libro de Amy Wallace “Aprendiz de bruja, mi vida con Carlos Castaneda” narra por dentro y de manera cruel el fin del hombre que sólo buscaba, según sus propias palabras “ser un guerrero, un hombre de conocimiento”. Estas cosas le suelen pasar a los tipos que edifican una catedral con sus obsesiones. Pienso en Lacan, ya viejo, rodeado de los juguetes con los cuales construía los nudos borromeos, tratando de encontrarle una vuelta matemática a la eternidad, mientras que los discípulos de sus grupos de estudio se suicidaban.

Pero una cosa es el hombre y lo que éste hace con su vida y otra cosa son los libros que escribe. Y en los primeros cuatro que Castaneda publicó hay gran poesía –como bien lo señaló Octavio Paz en el prólogo a Las enseñanzas de Don Juan- . Así que, tratando de ser un antropólogo, Castaneda se convirtió en un poeta. Veremos por qué.

Como Castaneda inició sus escritos bajo la apariencia de un estudio de campo, la polémica estalló rápidamente. El centro de la discusión se puso en sí era cierto lo que Carlos informaba o si era un fraude. Algo de lo que nadie se animaría a acusar a Dostoievski, por ejemplo. Para mí la cosa es bien clara. Creo que los libros de Carlos Castaneda –si bien recojen parte de la experiencia vital de sus incursiones en el desierto mexicano buscando informantes- son pura ficción. Castaneda es un novelista extraordinario. Como Dostoievski o Conrad, nos transmite su visión del mundo a través de imágenes y palabras que se vuelven inolvidables. No se trata de estar de acuerdo con lo que dice, se trata de percibir la fuerza de lo que se expresa como algo que nos perturba y nos pone en estado de perpetua pregunta. Samuel Beckett se maravillaba –cuando descubrió a Schopenhauer- de poder leer a un filósofo que escribía como un poeta. Detrás de la obra de Beckett o de Kafka, vibra la presión de un postura filosófica no sistemática. Con la de Carlos Castaneda pasa lo mismo. Ahora las historias de los hombres están compartimentadas en géneros que son estudiados por especialistas, pero antes la filosofía, la poesía y los relatos religiosos se mezclaban en una única fuente.

¿De qué habla la saga de Don Juan? De la trágica y maravillosa cosa que es ser un hombre y la inevitable soledad que a veces implica vivir de manera impecable. Para Don Juan, convertirse en un hombre de conocimiento supone una larga ordalía. Eliminar la historia personal, despojarse de los afectos, volverse inaccesible y aprender a parar el mundo. Detener el diálogo interno para, finalmente, poder “ver”. Un brujo –le explica Don Juan a Carlos- ve que los hombres son huevos luminosos y que de su vientre salen hebras de luz que lo conectan con todas las cosas. En el mundo según Don Juan, nada pasa porque sí. El viento puede ser un aliado, la aparición de un cuervo, un augurio. El planeta se vuelve un lugar oscuro y peligroso, más intenso y vital. Y la muerte es nuestra compañera “siempre a la izquierda, a un brazo de distancia”, lista para tocarnos.

La habilidad narrativa de Castaneda hace que todo este bagaje de conceptos no resulte una estupidez pedagógica de un manual new age. Por el contrario, la lectura se vuelve –a medida que pasan los libros- intensa, adictiva. Don Juan es un personaje notable: se ríe rodando por el suelo, se tira pedos, hace chistes y, de golpe, también puede inspirar terror. Castaneda logra que el lector se indentifique con el personaje de Carlos. Mira a través de sus ojos. Carlos es inocente, medio estúpido, siempre sometiendo todo lo que ve a la bendita razón. Hasta que, superado por los acontecimientos, rompe a llorar o, literalmente, se caga encima. William Burroughs le dijo una vez a un periodista: “¿Por qué Don Juan no me eligió a mí en vez de al idiota de Carlos?”.

De manera que ahí están esas gloriosas escenas del aprendiz de brujo fabricándose un trampa para “cazar poder” en medio del desierto o luchando contra el doble de Don Juan, quien trata de engañarlo para matarlo. O la magnificencia de Don Genaro, el otro hechicero que aparece como contrapartida de Don Juan, una especie de Patoruzú condenado a la soledad de estar siempre “viajando hacia Ixtlán”.

Los dos primeros libros de la saga “Las enseñanzas de Don Juan y Una realidad aparte”, narran –entre otras cosas- la práctica de ingerir plantas alucinógenas para desprenderse del mundo glosado según los patrones occidentales. Don Juan derriba las estructuras mentales de Castaneda para introducirlo en una nueva forma de estar en el mundo. Para eso, le dice, es necesario que logre “detener el diálogo interno, lo que hace que el mundo sea lo que es para nosotros”. Escuchen:

-Durante años he tratado de vivir de acuerdo a sus enseñanzas –dije- por lo visto no he sabido hacerlo. ¿Cómo puedo mejorar ahora?
-Piensas y hablas demasiado . Debes dejar de hablar contigo mismo.
-¿Qué quiere usted decir, Don Juan?
- Hablas demasiado contigo mismo. No eres único en eso. Cada uno de nosotros lo hace. Sostenemos una conversación interna. Piensa en eso. ¿Qué es lo que siempre haces cuando estás solo?
-Hablo conmigo mismo.
-¿De qué te hablas?
-No sé, de cualquier cosa, supongo.
- Te voy a decir de qué nos hablamos. Nos hablamos de nuestro mundo. Es más, mantenemos nuestro mundo con nuestra conversación interna. Cuando terminamos de hablar con nosotros mismos el mundo siempre es como debería ser. Lo renovamos, lo encendemos de vida, lo sostenemos con nuestras conversación interna. No sólo eso, sino que también escogemos nuestros caminos al hablarnos a nosotros mismos. De allí que repetimos las mismas preferencias una y otra vez, porque seguimos repitiendo la misma conversación interna una y otra vez hasta el día en que morimos. Un guerrero se da cuenta de esto y lucha para parar su habladuría. Este es el último punto que necesitas saber si quieres vivir como un guerrero.

Otra de las pericias narrativas de Castaneda está dada por la manera en que relata su conversión. Nunca le es fácil. Abandona, retoma, vuelve a probar. Es humillado por Don Juan y Don Genaro, pero a pesar de esto también le despiertan un profundo afecto. Les tiene miedo, pero sabe que sólo en medio del terror a veces está la salvación. Y por sobre todas las cosas, aprende a no ser un hombre grave, serio, importante. Ni autoindulgente. Sentirse importante lo hace a uno pesado, rudo y vanidoso. Para combatir esto hay que aplicar el “desatino controlado” del brujo: “Primero tenemos que saber que nuestros actos son inútiles. Y luego proceder como si no lo supiéramos”.

“Viaje a Ixtlán” y “Relatos de Poder”, los libros que cierran la pentalogía inicial, son extraordinarios. En ellos Castaneda alcanza el súmmun de su habilidad narrativa. En el primero, cada enseñanza está apoyada por imágenes que parecen sacadas de una obra de teatro existencialista montada en el desierto. En el último, el recurso de hacer aparecer a Don Juan con traje en una barriada populosa de la ciudad de México –llevarlo del desierto a la ciudad- tiñe a todo el relato de un tinte onírico perturbador. La escena en que Don Juan, en una fonda de mala muerte, sirviéndose de un mantel y de los utensilios que están sobre la mesa, le enseña a Carlos la relación entre el tonal y el nahual –un punto central en su filosofía, llamado “la explicación de los brujos”-, es memorable.

Castaneda está llegando al fin de su enseñanza. Se está por convertir en brujo. Don Juan y Don Genaro vienen a despedirse porque, una vez que Carlos se convierta en hombre de conocimiento, no los va a ver más. El lector, emocionado, acompaña a todos los personajes de la saga mientras Carlos se prepara para la última prueba. Una proeza que consiste en arrojarse desde la cima de una montaña para volar hacia otro mundo convertido en energía. Entonces, en medio del valle, se escucha el ladrido de un perro: “El ladrido de ese perro es la voz nocturna de un hombre –dijo Don Juan-. Viene de una casa en ese valle, hacia el sur. Un hombre grita a través de su perro, pues ambos son esclavos compañeros de por vida, su tristeza, su aburrimiento. Está rogando a su muerte que venga y lo libre de las torpes y sombrías cadenas de su vida. Ese ladrido, y la soledad que crea, hablan de los sentimientos de los hombres –prosiguió-. Hombres para los que toda la vida fue como una tarde de domingo, una tarde que no fue del todo mala, pero sí calurosa y aburrida y pesada. Sudaron y se fastidiaron más de la medida. No sabían a dónde ir ni qué hacer. Esa tarde les dejó solamente el recuerdo del tedio y de pequeñas molestias, y de pronto se acabó; de pronto ya era de noche”.

15 de septiembre de 2006

Diálogos post futbolísticos

De noche, en una pizzería del barrio del Abasto:

Incardona (mirando arriba la pantalla de Crónica TV): ¿Viste que murió Frigerio?
Funes (preocupado): -¿Andrea?
Incardona: -No, Rogelio.
Funes (levantando los hombros con alivio): -Ah...

14 de septiembre de 2006

Enjoy

Es cierto lo que dice la Battu dos posts más abajo. No nos quedan ni neuronas. Pero no hay nada para decir que supere la belleza de estas chichis. Íbamos a poner un video de unos afro-reyes de la nortemérica profunda pegángose de lo lindo, pero al final nos pareció demasiado violento.

11 de septiembre de 2006

El blog y la ansiedad

Pedro Mairal
(Texto basado en la desgrabación -hecha por Malba Literatura, con algunos agregados y correcciones- de lo dicho en las Jornadas de literatura, crítica y periodismo, en Malba, marzo de 2007, específicamente en la mesa redonda -junto a Mariana Enríquez, Guillermo Piro y Gustavo Nielsen-, coordinada por Maximiliano Tomas, “Hipermedia. De los suplementos al blog”.)
Temperatura

Entre los aspectos que me interesan de los blogs, quizá el primero es que me parece un medio caliente y cambiante. Uno se mete en un blog y espera que haya cambiado; o siente la desilusión de meterse en un blog y descubrir que está abandonado hace un año. Se suele hablar de la televisión como un medio caliente a diferencia del cine que es un medio frío. Caliente en el sentido que se actualiza y habla de la actualidad y está todo el tiempo cambiando, en diálogo constante con el presente. En este sentido los blogs me parece que son un medio caliente, por donde pasan hoy las discusiones más interesantes, a diferencia de los suplementos donde las discusiones a lo mejor llegan tarde, frías; o incluso los libros donde hay discusiones, que también llegan un poco tarde. En los blogs hay una demanda de dinamismo por parte de los lectores. Por eso cuando dicen que el blog es una especie de diario personal me parece equivocado, porque en el diario personal nadie te exige que escribas, justamente por eso es personal; esto es un diario público, en todo caso.

Esa demanda también es propia porque uno se dice “hace mucho que no posteo, tengo que poner algo nuevo”. Es interesante la devolución inmediata que hay de los textos. Eso de publicar un poema y ser insultado inmediatamente. O que a alguien le guste. Uno puede escribir un poema y quizás ese poema tarda cinco años en llegar a un libro y después de ese libro se publican quinientos ejemplares de los cuales se leen treinta o cien y quizás uno nunca recibe una devolución de ese poema. En cambio si uno lo cuelga en un blog enseguida puede recibir una devolución.

Exhibicionismo

Después por supuesto hay un exhibicionismo en esta escritura on line. El colmo de eso sería un escritor que anunciara “tal fecha, tal día voy a escribir un cuento on line. Cada oración la voy a ir posteando, voy a ir actualizando el post como si fuera una especie de escritura transparente, donde sea vean las correcciones, etc.”. Una idea insoportable además; darían ganas de matar al autor. La idea del work in progress genera cierto exhibicionismo. Lo que me parece que también provoca la escritura en un blog es que uno empieza a pensar que no tiene sentido escribir en un documento Word. Un poco como cuando a Madonna la filmaban todo el día para hacer la película A la cama con Madonna. Warren Beatty, que estaba con ella en ese tiempo, dijo “Ella no habla fuera de cámara porque qué sentido tendría si no la están filmando”. La sensación que a veces uno tiene es que al escribir en Word, o algún otro procesador de textos, queda medio muerto el texto, queda latente o dormido. En cambio en el blog uno escribe y consigue los lectores inmediatamente. Dicen que la vida se escribe en borrador y pareciera que el blog es el borrador de la vida. Todo es borrador en el blog, nada es definitivo.

Literatura con minúscula

También me interesa el blog porque es como una rama bastarda de la literatura. Como un medio bastante desprestigiado. De hecho en EE.UU. hay unas remeras que dicen “A nadie le interesa tu blog”. Todo el mundo tiene blog, ya la gente nace con blog, es gratis (acá Nielsen y Piro dicen que la gente nace con el blog bajo el brazo). Y esa especie de gratuidad, además, baja un poco la exigencia de lo literario en su peor sentido, el querer hacer literatura con mayúsculas; hay un relajamiento de esa pretensión literaria.

Tengo un amigo que tenía un blog, y cuando se iba de viaje me daba su clave porque tenía miedo de morirse en el avión y no quería que su blog muriera y quedara congelado en un post estúpido. Justamente ahí tuve la idea de que los blogs tenían que estar moviéndose, él tenía miedo de que el suyo quedara quieto, como muerto. Ahora lo sacó, pero era un blog donde contaba que él trabajaba en un restaurant en Chicago y se iba afuera con otros empleados que trabajaban ahí a fumar un cigarrillo en esos lugares horribles de Estados Unidos, esos parking lots con nieve sucia; había una chica pelirroja a la que le pegaba el sol y, mientras fumaban y tiraban vapor por la boca, él decía que la chica era como una bruja de fuego (estaba bastante solo mi amigo). Pero lo que digo es que estaba contado muy naturalmente. Yo le decía “tenés que hacer una novela con esto” y fue un grave error: a los seis meses me mandó un documento Word que era ilegible, imposible de leer. Cuando decía cosas así como la del pelo, en vez de decirlo naturalmente había puesto “la luz cansina, oblicuamente pegaba sobre su cabellera”. Quiso hacer literatura. Y justamente creo que ese relajamiento en los blogs está provocando una escritura muy viva, sin pasar por el filtro de lo prestigioso que en general momifica todo.

Hay un blog que se llama The Charlotte Papers (Uncensored). Es casi como una novela; está contado por una chica que fue a un colegio en zona norte y habla de sus sucesivos novios, de su padre enfermo, de su madre alcohólica recuperada. Hay personajes reconocibles que están transitando un cambio -como sucede en las novelas- pero es como una novela abierta, todavía sin final, que se sigue escribiendo y que no se sabe hacia dónde va. Pero no pretende ser una Novela con mayúscula. A mí me parece justamente que esa falta de pretensión literaria salva muchos textos que se escriben en los blogs.

Supongo que esto pasó siempre. Petrarca quería trascender a través de sus libros escritos en latín y nunca pensó que iba a trascender con esos sonetos escritos en lengua vulgar, que era el italiano de la época. Echeverría pensó que su gran obra era La Cautiva (ese plomazo romántico) y su texto más conocido, más potente, más vivo, es El matadero, ese cuento que él nunca publicó. Es como si lo hubiera escrito –voy a exagerar- en un blog, aparte.

Las fugas y los puentes

Los blogs brindan un espacio de fuga, permiten una disolución o atomización del “yo”, la posibilidad de escribir con pseudónimos, de travestirse. Yo escribo con varios pseudónimos, con nombre de mujer: eso me libera mucho, me libera de la información de solapa, esos datos personales que te persiguen, “sos eso, naciste en tal lugar, tenés tal nombre, tal sexo”. Esto también lo permite una novela, pero es gracioso escribir como mujer y recibir comentarios dirigidos a esa mujer (a esa voz de mujer) que uno inventó. Se liberan así (como dice Chico Buarque) “las mujeres que viven dentro de uno”.

El blog también funciona como puente de comunicación. El año pasado hicimos la experiencia de desafiar al fútbol a escritores y blogueros cordobeses, y fuimos hasta Córdoba a jugar, perdimos (estaba Maxi). Y a la noche hicimos con ellos una lectura de poesía y narrativa en un centro cultural. Después ellos vinieron para Buenos Aires y les ganamos por más de un gol (yo jugué cinco minutos nomás). Y también hicimos una lectura. Los blogs sirvieron para conocernos, para publicitar los eventos, para publicar textos de unos y otros, para difundir textos de editoriales independientes, para sugerir nuevas lecturas. Me parece que el blog es como un puente de comunicación entre gente que está lejos; genera una red de circulación de textos totalmente distinta a la provocada por las grandes editoriales.

(Es un puente que salta por encima de editoriales y editores, y por encima del poder de los medios. Se suele decir que con el blog todo el mundo puede ser autor. Pero eso implica que todo el mundo es también editor, porque entonces es uno el que tiene que hacer el trabajo de leer muchas cosas irrelevantes y desabridas para encontrar lo que sí le interesa.)

En marzo, en un congreso de escritores latinoamericanos en EE.UU, me sorprendió que fueran más los estudiantes que habían leído mi blog que los que habían leído mis libros. Algo bastante obvio que, además de otros factores, obedece a la disponibilidad de los textos (no estoy publicado allá y había un ejemplar de cada uno de mis libros en la biblioteca). Pero darme cuenta de que habían leído muchas cosas de mi blog me sorprendió, por todo esto que estoy diciendo del blog como un lugar lateral, etc. Uno escribe despreocupado en un blog y después resulta que ese texto puede ser estudiado en universidades americanas. Al lo que iba es que se generó este fenómeno de los puentes entre los escritores latinoamericanos. En general los escritores decían “mi libro está publicado en Polonia pero yo soy peruano y no estoy publicado en Argentina”. Después descubrimos que muchos teníamos blogs y que podíamos leernos sin necesidad de estar publicados en toda Latinoamérica. El blog entonces permite todas estas conexiones que saltan por encima de la incomunicación que provocan las políticas de las grandes editoriales digitadas desde España.

La tercera dimensión


Los blogs agregan una especie de tercera dimensión en la escritura con el uso de los vínculos o links. En alguna época, por ejemplo, Dickens escribía describiendo todo. Todavía no existía la fotografía, no se había popularizado la disponibilidad y circulación de imágenes, y el autor tenía que describir un edificio y los ladrillos con detalles. Después dejó de ser necesario todo ese tipo de descripción porque la gente ya había visto más cosas. La novela era una manera de viajar, supongo. La gente no viajaba y necesitaba descripciones. Ahora uno puede escribir directamente en un blog “conocí una chica que tenía el pelo así”, la palabra “así” es un vínculo que va a una foto de una chica que tiene de determinada manera el pelo. Eso no sé qué va a producir en la escritura, no sé si es bueno o malo, pero provoca una sensación extraña. La idea de la nota al pie, un poco abismal, porque uno clickea a la página con la imagen de la chica y quizás nos interesa un link que está en esa página -erótica supuestamente- y terminamos abandonando el primer texto, entregados al placer de la digresión.

Así como en el cuento de Walsh, Nota al pie, donde la nota al pie se come al cuento y termina siendo el cuento principal, de la misma manera los hipervínculos, con sus desvíos, muchas veces se terminan comiendo al texto.

La ansiedad


Me pregunto qué provoca en la escritura esta ansiedad de los links. Porque la máquina de escribir que se usaba antes, ahora se volvió una máquina donde uno tiene el correo, y videos, películas, música, la enciclopedia, toda la distracción está en nuestra página en blanco. Me pregunto qué provoca eso. ¿Qué hubiera escrito Proust de haber tenido banda ancha? Pareciera ser que el blog, con su escritura linkeada en tercera dimensión, logra asimilar la dispersión, el zapping textual, la distracción arborescente de los textos on line; esa ansiedad que provoca pensar que hay algo mejor en la página de al lado. El blog es quizá la manera que tiene la escritura de entregarse y de sobrevivir a la ansiedad de estos tiempos.

10 de septiembre de 2006

Constitución

Pedro Mairal

Una noche, hace varios años, Cucurto me quiso hacer un tour guiado por Constitución. Pasé a buscarlo por Honduras y Bulnes, y después nos tomamos el 168. Era invierno y hacía un frío horrible. Estábamos los dos con gorro de lana, hablando de cualquier cosa mientras el colectivo cruzaba Once y después Congreso. Cada vez que subía una chica linda, el diálogo se interrumpía por unos segundos.

No sé dónde bajamos, pero me acuerdo que estaba oscuro. Era un viernes a la noche. Empezamos a dar vueltas. Cucurto me decía “crucemos” y cruzábamos a mitad de cuadra en diagonal por las calles vacías, buscando y esquivando no sé qué. Fuimos hasta la cortada donde me había anticipado que estaba el Bronco bailable que aparece en muchas de sus historias. Estaba cerrado. Fuimos a buscar un bar donde se juntaban las dominicanas. Estaba cerrado. Me acuerdo de las persianas de metal bajas, hasta el piso por todos lados.

Seguimos caminando. Cucurto estaba callado, yo no decía nada. Pensé que quería mostrarme un mundo que ya no existía más. Caminábamos por el fin de una época. Pensé en una foto de Marcos López que muestra una esquina desierta repleta de afiches y donde hay un poste con un cartelito que dice: “mudanzas al Paraguay” y un teléfono. Yo pensé que se habían vuelto todos, las paraguayas, las dominicanas, y habían cerrado Constitución.

¿Dónde estaba el calor tropical de la bachata, la música, el ruido, la alegría? Hacía un frío pos-menemista. Se había apagado la matrix. En una cuadra había un travesti boliviano peleando solo y vomitando. Había varios patrulleros dando vueltas. ¿Qué buscaba Cucurto cruzando las calles en diagonal, dos, tres veces? Cruzamos acá, Pedrito, vení, crucemos acá. Cucurto me mostraba los lugares cerrados como si fueran ruinas: acá estaba la peluquería donde se juntaban todas las dominicanas, acá, en estas dos puertas que están ahí ¿ves? estaba el hotelito donde me encamaba todo el día con las negras. Yo miraba. Tirábamos vapor por la boca, se venía el frío de la noche oceánica que Cucurto iba a cruzar en avión un tiempo después para ir a Alemania. Fue el frío negro de Stuttgart que se nos anticipó esa noche.

Muchos meses después, recién cuando Cucurto volvió sano y salvo de Alemania, volvimos a Constitución una tarde, antes de la presentación de un libro. Esta vez llegamos cuando todavía era de día, y Cucurto empezó con el “crucemos acá y crucemos acá” de su agenda secreta. Estaba todo mucho más animado, incluso Cucurto.

Entramos en una feria de ropa en una playa de estacionamiento. Dimos vueltas. Cucurto preguntaba precios, miraba zapatillas para los chicos. Todos los colores de la ropa colgada, un tsunami de ropa moviéndose al viento. Vi una camiseta chiquita de Independiente para mi hijo de cinco años y Cucurto insistió en regalármela (mi hijo no se la sacó durante un mes, dormía con la camiseta, iba al colegio con la camiseta abajo del buzo).

Después de dar vueltas y mirar y cruzar y recruzar calles saludando a las chicas que esperaban clientes en las puertas de los telos, Cucurto y yo terminamos entrando al bar de la esquina de Cochabamba y Salta. Ya se había hecho de noche. Vas a ver lo que es esto, Pedrito, te vas a morir. Había unos billares. Nos sentamos. De golpe entró una negra que nos pasó por al lado en cámara lenta. Fue como una aparición, nos pegó unas pestañadas como aletazos de pájaro biguá, tenía un conjuntito rojo ajustándole un culo de cachas siderales como dos planetas que se querían independizar uno del otro. Cortaba el aliento la negra. En un momento se nos sentó en la mesa. Dijo que se llamaba Coral. Yo quedé paralizado de las cejas para abajo, como una esfinge. Cucurto le hablaba de mí. Ella decía: es silencioso tu amigo. Cuando olfateó que no íbamos a sacar la billetera, se fue. Entraban más negras que lo saludaban a Cucurto, lo llamaban por uno de sus tantos nombres: Santiago. Así me presentó a Idalina y a su hermana. Salían de sus poemas las dominicanas del demonio, caminando con tacos, todas muy reinas aunque vinieran de la calle a calentarse un poco en ese bar después de no conseguir nada de nada.

Salimos. Hicimos un par de cruces más. Entramos al bar frente a la plaza. Yo le hablaba a Cucurto y él no me contestaba. ¿Eh?, me decía. En un rato tenemos que ir para la presentación del libro, Cucu. Ni bola me daba, estaba cruzando miradas con alguien, alguna paraguaya fuera de mi ángulo de visión. Me dijo “ahí vengo”, salió, volvió a entrar, me dijo “Pedrito, tomate una cerveza, en media hora estoy acá, bancame, no te vayás sin mí”.

Yo me quedé ahí sentado en una mesa enclenque. Al lado mío, una negra sentada en una butaca de la barra se hamacaba y su banqueta pegaba contra mi mesa, y se me hamacaba toda la cerveza en el porrón, todo se volvía inestable, se me hamacaba el alma. La negra, metida en unas calzas fosforescentes, hacía un mínimo zigzagueo desde la cabeza y le bajaba como un latigazo por la columna hasta ese culo de negra poderosa que golpeaba en mi mesa, en mi osamenta, en el piso del bar, y empujaba unos milímetros el mundo, lo ponía en marcha, hacía andar Constitución, pum, pum, lo iba impulsando a su ritmo, los toques eran mínimos y los hacía como sin darse cuenta, pero eran golpes en la puerta del infierno, una fuerza imparable que quería entrar en mi vida, y en un momento ella me miró riéndose. Era una negra medio avejentada, linda, altanera. Me soslayó, me siguió cadereando, me pegaba culazos en la mesa, me incitaba pegando con toda su materia sexual en la campana del amor, para ver si despertaba al rubiecito tímido que estaba ahí sentado como un turista entre las dominicanas de nombres bíblicos, los africanos que entraban a vender relojes de oro por las mesas con sus maletines, el mozo al que se le trasparentaba la camiseta musculosa abajo del delantal blanco, el cartelito que decía “toda consumición se abona en el acto”, las putas viejas pintarrajeadas en una mesa del rincón, las putas gordas forzando al máximo la costura del jean, la cumbia en la rocola, los tipos tomando vino…

Pasaron casi dos horas así. Cucurto no apareció. Salí y en un kiosco me compré un Gatorade para bajar la sed, la sed que me daba estar perdido, extraviado para siempre en el desierto. ¿Para adónde iba a ir? Mi guía personal se había entregado al misterio de su agenda y yo, con la camiseta de Independiente para mi hijo en una mano, no sabía para dónde rumbear.

8 de septiembre de 2006

“Vulneratus” por Silvia Attwood

“Vulneratus” 2007

(cosmética para un no-lugar)por Silvia Attwood

Intervención sobre asfalto en calle Colón al 1.100, Ciudad de Córdoba

Como una actividad de adhesión a la presencia de Marc Augè en Córdoba, Silvia Attwood desde la noche del 11 de abril de 2007 realizará Vulneratus (cosmética para un no-lugar). Se trata de una intervención cuyo soporte es la propia calle (Colón al 1100) adyacente a una parada de ómnibus (Líneas A2, A4, A6). “Hace tiempo que estoy trabajando con la temática de los No-lugares de Augé. En todas las obras que incluyo este concepto (10 metros de gritos, Micro-cuentos: Historias en el colectivo, Letras en el Vater) busco modificar el estatuto No lugar. El modo que he encontrado, es el de introducir un elemento ajeno al mismo. Ese elemento activa la comunicación entre los transeúntes ocasionales. Es precisamente el uso de la palabra lo que dota de sentido ese espacio, convirtiéndolo aunque sea en modo efímero, precario, fugaz, en un Lugar. Vulneratus muestra la analogía entre nuestras heridas (externas e internas) y las que se producen sobre el asfalto. Y de idéntico modo, metaforiza las formas de (en) cubrimiento de esas grietas cicatrizadas. Todo material es susceptible de romperse. Piel, alquitrán, cementos, epitelio, son vulnerables a las diferentes acciones agresivas. Sin embargo, en la búsqueda de la reparación, no sólo realizamos lo posible para borrar esas secuelas: también las enmascaramos, usando una cosmética que las oculte. Pero esa máscara (maquillaje / alquitrán) también es vulnerable, como las calles, como nuestros cuerpos. Poco a poco la cosmética se desvanece, mostrando, denunciando la cicatriz que está debajo. La memoria cuando se la oculta, siempre busca modos creativos y emergentes para estar presente. Los materiales utilizados en la intervención van desde textos en plotter, fotografías de cicatrices, lentejuelas, tapitas de bebidas, acrílicos y diminutos objetos. “Desde la medianoche del miércoles 11 y con las primeras horas del jueves, iniciaré el trabajo de intervención para que los usuarios del transporte se encuentren con la obra frente a sus ojos mientras esperan el colectivo. El tramo del asfalto se cubrirá de fotos, pintura, lentejuelas, plumas, purpurina y textos. Todo será documentado visualmente. Durante dos meses, en forma diaria, registraré la degradación del maquillaje sufrida por acción de los vehículos, el clima y el tiempo. La idea es realizar una video instalación futura con todo este material."

Darse un gusto

A este blog le quedan dos neuronas...

...pero tienen un culo entre medio y no hacen sinapsis. Un papelón, muchachos. Creo que se acabó todo. Este blog y los blogs y la literatura en general. Algún gorila tuvo un rapto de inspiración cuando, después de que los peronistas quemaran las iglesias y el jockey club, apareció una pintada que decía "Nerón cumple".

No sé qué carajo tiene que ver una cosa con otra. Quizá las ganas de quemar todo. No creo que se pueda escribir una novela de la época. O mejor dicho, no creo que valga la pena. No es una época tan distina de otras. Pareciera que escribir en un archivo word perdió la gracia. Ahora una necesita esta exhibición de la escritura, o del acto de escritura. Cada vez va a ser más así. ¿Para qué escribís si no lo posteás en un blog? ¿Para qué hablás si no te están filmando?

Adriana Battu

4 de septiembre de 2006

Notas

Para descripcion de charla entre dos viejos bandoneonistas:

"...y hablaron de fuelles perdidos".

3 de septiembre de 2006

Cabrones, hijos de puta

Pablo Neruda


Cabrones,
hijos de puta.
Hoy ni mañana
ni jamás acabaréis conmigo.
Tengo llenos de pétalos los testículos,
tengo lleno de pájaros el pelo,
tengo poesía y vapores,
cementerios y casas,
gente que se ahoga,
incendio en mis veinte poemas,
en mis semanas, en mis caballerías,
y me cago en la puta que os malparió,
derrokas, patíbulos,
vidobros,
y aunque escribáis en francés con el retrato de Picasso
en las verijas
y aunque muy a menudo robeis espejos y lleveis a la venta
el retrato de vuestras hermanas,
a mí no me alcanzareis ni con anónimos,
ni con saliva.
Existo entre metales y las harinas de las alas
entre el mundo y el cielo, con un corazón lleno de sangre y rocío.


(fragmento del poema Aquí estoy, escrito en 1938 contra los poetas que lo atacaban, entre ellos Huidobro)

2 de septiembre de 2006

Ojo que Casciari viene afilando el lápiz

La impresión que a uno le da es que Casciari sabe vivir su vida. Y sabe encontrar comparaciones así: "testarudo como ventrílocuo malo".
La luna, a retazos y en liquidación
por Hernán Casciari
Acaba de llegarme el título de propiedad de un terrenito que me compré en la Luna. Me costó 20 dólares —gastos de envío aparte— y lo pagué con tarjeta. Además del certificado con mi nombre grandote, me vino por correo una foto satelital de mi parcela. No sé si ustedes estarán viendo la Luna, pero si la tienen a mano dibujen en ella una cara imaginaria. Mi terrenito estaría sobre el ojo derecho. La región se llama Lago de los Sueños (Lacus Somniorum en latín) y está casi saliendo del Mar de la Serenidad, como quien va al Cráter Posidonius. (sigue en Orsai)