29 de abril de 2012
Misteriosa Buenos Aires, Mujica Láinez
En este capítulo leo los cuentos de Misteriosa Buenos Aires en el orden inverso y eso me pega raro.
Entrevistados: Ernesto Schoo, Alejandra Laera, Daniel Schavelzon
27 de abril de 2012
Cómo festejar un gol
Perfil, 27 de abril de 2012
17 de abril de 2012
Cuentos de locura de amor y de muerte, Quiroga
Impreso en Argentina II: Cuentos de amor de locura y de muerte from Eternauta Dos Mil Uno.
En este capítulo me pierdo en la selva misionera.7 de abril de 2012
Alambres 3
5 de abril de 2012
El Aleph, de Borges
24 de marzo de 2012
Los goles de Messi
Pedro Mairal
Ni el argentino promedio con el desprecio siempre a flor de labios, ni el más furibundo negador de la evidencia, ni el más escéptico espectador de fútbol en el bar de la esquina, puede negar que en Messi hay algo prodigioso. En el video de sus 234 goles en el Barça, es interesante mirar no tanto al jugador genial sino a los arqueros. Algunos goles son fusilamientos, disparos de pelota que dejan arqueros amarillos, verdes, negros, celestes y blancos desparramados por el piso en todas las posiciones posibles; otros son disparos de magia rara que dejan a los arqueros de pie, con los brazos colgando, humillados por el sombrerito, la trayectoria aérea de la pelota picada, la parábola perfecta que –como dibujada con guiones por encima del largo de brazos en la máxima extensión del salto más allá de los guantes– termina en gol. Arqueros alcanzados por el rayo paralizante de la calidad. Porque uno ya los ve nerviosos cuando viene Messi por la derecha y empezando a cruzar hacia la izquierda, dejando jugadores desactivados por el camino, y a punto de patear por esa tangente que encuentra justo el hueco entre cinco piernas defensoras, como un túnel que solamente él puede ver, y es gol. Cuando se acerca, los arqueros se ponen en esa pose rara de agacharse, juntando un poco las rodillas, con los brazos abiertos, pose como de gallina enojada, de paralítico en pleno milagro de volver a caminar, y les da una zozobra ante el cataclismo que se viene, hacen como un repiqueteo, un principio de malambo para un lado, para el otro, ¿por allá?, ¿por acá?, gol. ¿Cómo fue? De caño. Gol de caño a los mejores arqueros del mundo que quedan como desnudos, manoseados, algo les pasó entre las piernas, un golazo global y vía satélite, un relámpago y a la vez un papelón en cámara lenta registrado para siempre en los anales del fútbol. Qué feo ser arquero contra Messi. Si estuviera hecho de palabras y sintaxis, ¿cómo sería un gol de Messi? Habría que empezar quizá con palabras extensas y certeras, los pases de otros jugadores, la velocidad normal, la táctica sintáctica del pase corto, buscando el fantasma del gol por la mitad de cancha, el gol que Messi ya vio y por eso empieza a correr como si fuera a llegar tarde al gol ya escrito, y ahí cuando la agarra se acelera el ritmo de la frase, habría que empezar con monosílabos, voces cortas, amagues, ser casi preverbal, medio autista, acá, allá, un, dos, chau, tres, bis, no, no, sí, gol. Algo así, aunque no se pueda. Mejor seguir viéndolo jugar con su facilidad implacable, desmaterializando arqueros.
Perfil, 23 de marzo de 2012
23 de marzo de 2012
Rayuela, de Cortázar
En este capítulo armamos nuestra propia versión de Rayuela y entrevistamos a Fabián Casas, a Sylvia Iparraguirre y Aníbal Jarkowski.
Impreso en Argentina II: Rayuela from Eternauta Dos Mil Uno.
15 de marzo de 2012
El juguete rabioso, de Roberto Arlt
En este capítulo, entrevistamos a Mirta, la hija de Arlt, a Sylvia Saítta y a Ricardo Ragendorfer.
Impreso en Argentina II: El juguete rabioso from Eternauta Dos Mil Uno.
11 de marzo de 2012
El subrayador
Pedro Mairal
En un bar de Belgrano, donde desayuno a veces, siempre encuentro los diarios subrayados en birome azul. Me intrigaba saber quién hacía eso porque son subrayados muy buenos, afilados, obsesivos, a veces mínimos. Voy a ese bar en busca de esos subrayados porque me ayudan a leer el diario con mejor humor y en menos tiempo. No leo tanto el diario, sino que leo lo que el otro señaló. Busco sus marcas en las páginas. Porque, a veces, no sólo interviene las notas sino también las fotos, y lo hace apenas con unas flechitas que le encontré un par de veces señalando una cara en particular entre varias; puede ser un periodista deportivo con una cara imposible o algún ministro de mirada oblicua, en segundo plano. Siempre es revelador. Y encuentra detalles hasta en las bases de promoción, con letra microscópica, donde una vez subrayó la frase “la utilización de técnicas de naturaleza robótica”.
Se ensaña con las noticias policiales. La expresión “darse a la fuga” lo lleva ya no al subrayado sino a circular esa frase entera en la que nunca antes me hubiera detenido. Es muy rara la expresión “darse a la fuga”, como si la fuga estuviera ahí y los delincuentes se dieran a ella, se entregan no a la policía sino a la fuga, a la carrera loca. También le gusta masa de hierros retorcidos, el infierno dantesco, el frondoso prontuario, el accionar policial, la actitud que podría haber acarreado trágicas consecuencias, el nutrido tiroteo, la cuantiosa cifra de dinero, el acaudalado industrial, el disparo mortal, el próspero comerciante, la salvaje agresión, la brutal golpiza, el repudiable atentado... Si aparecen dos veces en la misma página, le pone una mínima cola al redondel apuntando hacia la otra marca. Un artista.
Confieso que a veces le robo cosas para mis columnas. Una vez, marcó un gran titular que decía: “Plan ‘Más vida’ en La Matanza”; una frase que concentra en sí misma la larga historia de violencia nacional. A veces parece irritarlo la chabonización del periodismo, como un titular que decía: “Con una pantalla joya, el nuevo iPad salió a escena”. Por ahí le agrega un acento o una coma a los globos de los chistes. No hace las palabras cruzadas. Hasta que anularon el rubro 59 de los clasificados, se hacía un picnic con los avisos. Me acuerdo de algunos destacados: “Pelirroja bebo toda tu esencia. Madura alemana sin límites. El turco, ex Vélez, llamame”. Y en los saludos y agradecimientos, me señaló uno de los pocos que valía la pena. Entre los agradecimientos al Gauchito Gil y a San Expedito y los saludos de feliz cumpleaños, había un mensaje que decía: Gladys, nunca te quise.
A veces interviene la sección deportes. Le gusta marcar el “un”, cuando los periodistas dicen: con un River que jugó de fondo, un Boca irreconocible, un Racing que parece distraído. Y también: no encontró el gol, el gol se le niega, el anhelo de quebrar la valla. Frases así, que adornan las páginas. También es perceptivo con las sutilezas de los sociolectos: en Clarín señala palabras como chalé o nena, que un diario como La Nación casi no se permite y reemplaza por casa y niña. Todas estas marcas en birome azul son como una lección de advertencia frente a los eufemismos, las frases hechas, los lugares comunes, y una manera de señalar diamantes escondidos en el barro.
Me preguntaba quién lo hacía, quién alteraba el diario de esa manera en ese bar, hasta hoy a la mañana que por un madrugón de trámite hospitalario fui mucho más temprano de lo habitual y lo vi. Ahí estaba sentado, muy encorvado sobre el diario, con su birome azul en la mano. Es un señor de unos ochenta años. La parte de arriba de su columna vertebral está casi horizontal. Lo miré un rato: flaco y sumido, la campera doblada en la silla de enfrente, el estuche de sus anteojos a un costado, un pocillo ya vacío, el vasito de soda que cada tanto levantaba para tomar un trago mínimo. Por fin había descubierto al subrayador. Empecé a preguntarme qué decirle. Estaba muy concentrado, no lo quería interrumpir. Parecía Dios leyendo el diario, sin ningún interés por las tragedias humanas, señalando los detalles intrascendentes, los giros de la lengua, los bordes invisibles.
No le dije nada. Me pareció que lo iba a molestar, y además quizá le arruinaba esa especie de anonimato de su obra maestra de cada mañana. Me levanté y en la caja le pregunté al que parece el dueño o el encargado: ¿Viene mucho ese señor? –¿Aquel?, sí, todas las mañanas. Raya todo el diario, pero no molesta, me dijo. Pagué el café, pasé por al lado del cono de silencio del subrayador y salí a la calle.
Perfil, 10 de marzo de 2012
8 de marzo de 2012
Enero, de Sara Gallardo
Impreso en Argentina II: Enero from Eternauta Dos Mil Uno.
En este capítulo, para convertir a historieta la novela de Sara Gallardo, nos metemos con Juan en el campo.
Taller de poesía 2012
Dentro del poema
Taller de lectura de poesía
Coordinado por Pedro Mairal y Alejandro Crotto
A lo largo de 8 encuentros, analizaremos poemas de diferentes autores como Neruda, Viel Temperley, Watanabe, Fabián Casas y muchos otros. Intentaremos ver por qué funciona cada poema.
Todos los jueves de 19 a 20:30. Comienza el 15 de marzo, en Callao al 868 - Usina Creativa Callao.
Cupos limitados. Inscripción hasta el 14 de marzo.
Programa de cada reunión:
1 Fabián Casas, Sergio Raimondi, Daniel Durand, Ezequiel Zaidenwerg
2 Joaquín Giannuzzi, Ernesto Cardenal, Gonzalo Rojas
3 El haiku, Jack Kerouac, José Watanabe
4 César Mermet
5 Pablo Neruda
6 El soneto, el endecasílabo
7 Héctor Viel Temperley, Néstor Perlongher
8 Poemas sobre animales
Para más información y reservas: tallermairal@gmail.com
1 de marzo de 2012
29 de febrero de 2012
Tomar las islas
Pedro Mairal
El año pasado entrevisté a Hugo Emilio Sánchez para un programa sobre Los Pichiciegos y me contó que estaba terminando un libro. Lo acabo de leer. Se llama Brilla tú borracho loco, lo publica la editorial Garrincha en marzo. Es la historia de su regreso a Malvinas, 27 años después de haber estado peleando ahí como soldado. Quizá son prejuicios míos, pero el testimonio del regreso de un ex combatiente a Malvinas podría caer en varias trampas emocionales: la solemnidad, el patrioterismo, el rencor, la grandilocuencia, el sentimentalismo. Este libro es todo lo contrario. Su brillo más fuerte es la valentía de su honestidad, su humanidad, su sentido del humor. Y su gran acierto es la decisión de contar esa historia personal en poemas que concentran cada uno un núcleo epifánico y narrativo muy fuerte. Son como gotas que guardan lo esencial de la experiencia, y crecen en la cabeza del lector. La historia se adivina, se entrevé, crece de poema en poema.
Los distintos tiempos –el tiempo de la guerra y el tiempo de la paz– se superponen, se intercalan, con dolor y serenidad, con una calma que parece ser una de las claves del viaje: vivir el silencio actual de un lugar que antes fue atronador; la necesidad no de borrar el recuerdo de guerra sino de contraponerlo a la tranquilidad del presente en la bahía. Dormir en el lugar de las trincheras, pero en paz, bajo las estrellas, sin que nada explote. Con una especie de sabiduría etílica, Sánchez va hilando los momentos del regreso: volver con amigos ex combatientes a tomar las islas, literalmente, con whisky y buenos vinos. Reencontrarse con kelpers, conocer a soldados ingleses que volvieron por el mismo motivo, y dejar que el alcohol devele la hermandad.
Seguí brillando, diamante loco, le pide Roger Waters a Syd Barrett en la canción de Pink Floyd, y en esa euforia vital Sánchez celebra el estar vivo, se arenga a sí mismo a seguir brillando, a seguir viviendo sus contradicciones, haciendo del conflicto (el gran conflicto) algo propio, algo íntimo. Se refiere también a Galtieri, el Teniente General que en su constante curda peligrosa tomaba las decisiones. Brilla tú borracho loco dialoga con el pasado que está ahí todavía: los muertos, los cañones oxidados, la mentira de los noticieros, Las 24 horas de Malvinas, los mundiales de fútbol, la manipulación de los militares argentinos, el maltrato a los soldados. Pero no hay venganza, hay cuentas que se saldan con un poema certero. La amistad de los cuatro amigos que vuelven a las islas es la fuerza que los sostiene para poder atravesar la esfera de fuego de ese recuerdo.
Se están por cumplir treinta años de aquella guerra. El conflicto sigue vigente en las tapas de los diarios. Se escribió, se escribe y se escribirá mucho sobre Malvinas. Pero tengo la impresión de que este libro de poemas de Hugo Emilio Sánchez es lo más verdadero que se pueda escribir sobre la guerra.
Las cicatrices
Pedro Mairal
Cuando estoy entre peronistas me pongo gorila y cuando estoy entre gorilas me pongo peronista, le dije, citándole medio mal y de memoria la frase de Hebe Uhart. Me pedía que me callara porque quería escuchar. En su laptop sobre la cama, hablaba la Presidenta por cadena nacional. Tiene que haber sido enero de 2012 porque a la Presidenta la acababan de operar y tenía una cicatriz que le cruzaba la garganta. Es zombie, le decía yo para hacerla enojar, y me chistaba. ¿No se habrá hecho un trasplante de cuerpo entero? Sonreía apenas y se concentraba en las palabras de Cristina Fernández, que hablaba del milagro de su cáncer curado. “Mi amante kirchnerista”, le decía y ella me corregía: “Soy cristinista y, además, no soy tu amante”.
Teníamos el ventanal abierto, estábamos de vacaciones en Buenos Aires. Ella me había invitado a su casa, un monoambiente en un último piso con terraza. El tema de la cicatriz nos llevó a mostrarnos cada uno las cicatrices: yo, una larga y rugosa en el antebrazo por el día que atravesé un ventanal; ella, una cortita en el pulgar, cuando quiso separar hamburguesas congeladas con un cuchillo, y otra casi invisible en el tobillo que le hizo su hermano con la bici sin querer. Desnuda boca abajo en la cama, mirando su laptop, giró un poco y me mostró el tobillo. “Acá, ¿ves?” Y siguió oyendo su discurso, dejó los pies en el aire, los cruzaba y los descruzaba. No podía ser más linda.
Las cicatrices derivaron en lo raro de que te abran y te saquen cosas en una operación. Y me contó que una vez lo acompañó al campo a su ex, que era veterinario y trabajaba en un haras. Lo vio abrir una yegua muerta. Ella le tuvo que sostener la linterna pero le temblaba la luz. Me dijo que nunca lo había visto hacer eso y que la sorprendió la habilidad, la fuerza con que él le abrió la panza con un cuchillo filoso y la desmembró en pocos minutos. “Encima es un tipo grandote”, me dijo. No se terminaba de entender si la habilidad de su ex la asustaba o le gustaba. Quizá, las dos cosas.
No era la primera vez que me hablaba de su ex. Cuando todavía estaban juntos y ella vino un par de veces a mi casa, me habló de él. El departamento donde vivían en Monserrat era de él y, si se separaban, ella iba a tener que empezar de cero con su casa. Me acuerdo de que en un acto simbólico le regalé el abrelatas que estaba sobre la mesa. Era abrelatas, destapador y sacacorchos. Me contó que lo tuvo en la cartera las semanas antes de separarse y cada vez que buscaba las llaves lo encontraba con la mano al fondo y lo sentía como una llave para abrir algo que todavía no conocía. Y finalmente lo que abrió no fue una vida conmigo, sino un trabajo nuevo, el alquiler de ese depto en Coghlan, su nueva etapa de mujer soltera de 27 años. Ella no quería estar en pareja. “Nos vemos cuando queremos”, me decía. Yo le puse los ganchos de la hamaca paraguaya en la terraza.
Por fin cerró la laptop, nos abrazamos y sonó el portero eléctrico.
“No voy a atender”, dijo, pero se levantó porque sonó su celular. Se le cambió la cara. Volvió a sonar el timbre de abajo. “¿Quién es?”, le pregunté. “Mi ex, pero no pasa nada, no te vistas, no va a subir.” Igual me vestí. Más timbrazos. Ella fue a la cocina y escuché que decía por el tubo del portero eléctrico: “¿Qué querés?” Reapareció y me dijo: “está subiendo”. “¿Tiene llave?” “No, alguien le abrió.” El veterinario descuartizador de caballos estaba subiendo. Agarré mis cosas. “Subite a la azotea –me dijo– si salís por acá te lo vas a cruzar.” “¿Vas a estar bien?”, le pregunté, y hasta ahí llegó mi valentía. Hice pie en la parrilla de la terraza y me trepé a la azotea.
Arriba había dos tanques de agua y las cajas de cables. Me senté atrás de uno de los tanques. Se veía todo el cielo desde Coghlan hacia el norte. De vez en cuando, aparecía un avión y pasaba a mi derecha hacia Aeroparque. Recibí un mensaje de texto: “Lo traje al bar de la esquina estamos hablando después te abro”. Se fue haciendo de noche. De pronto se oyeron gritos por todos lados, un clamor que me asustó hasta que entendí que había sido un gol. Sonó como un gol atomosférico, fue increíble. Después me enteré de que había sido un gol de Boca. Desde entonces, me quedó una manía: cada vez que meten un gol en el Superclásico, le saco el volumen al televisor y escucho el gol que suena enorme en la ciudad. No me importa si es de River o es de Boca. Lo que me importa es volver a estar por un instante ahí arriba, escondido en la azotea de su casa.
Perfil, 28 de enero de 2012
23 de enero de 2012
Nuevo aviso
6 de enero de 2012
23 de diciembre de 2011
26 de noviembre de 2011
Día hábil
8 de noviembre de 2011
29 de octubre de 2011
Buscar la poesía
Pedro Mairal
Mañana voy a buscar los libros de poesía que me dejó. Repartió su biblioteca entre sus discípulos, sus amigos. Los libros de filosofía y ensayos a S., la narrativa a G., a mí la poesía. Tengo que ir a su departamento vacío y llevarme los libros. Los tengo vistos: Vallejo, Neruda, Giannuzzi, Dylan Thomas... Es un estante largo. Deben estar también mis libros de poemas ahí. Uno con la contratapa firmada por él. La última vez que lo fui a ver ya no podía hablar, así que hablé yo durante cinco minutos, que era el tiempo que él había adjudicado a las visitas. Le hablé de la efectividad de algunos ejercicios suyos en mi taller, como esa consigna que dice: por suerte, el viaje era muy largo. Le hablé de cómo va el trabajo de recopilación de la obra de César Mermet, le hablé de Entre Ríos, de la mejoría en la salud de un amigo en común y de otras cosas. Fueron siete minutos en realidad. El apenas acotó algunas palabras sin sonido en la voz, me dijo gracias, le agarré la mano y nos despedimos.
Me acuerdo de que ese día me había mentalizado para verlo así, tan horizontal, entonces yo estaba muy vertical, me sentía más alto que de costumbre, más sano y dinámico. Hasta me sentía atractivo, lindo. No sé cómo explicarlo bien, queda medio ridículo decirlo. Pero fue como una defensa. Me convertí en el Pedro más alto para aguantar. Salí de su casa y caminé, alto y hermoso. Mi amigo y maestro se estaba muriendo. Así que yo le tenía que mostrar toda mi fuerza. ¿Sería eso? Le tenía que mostrar que en mí, como en lo otros, algo de él iba seguir en la luz. Sin melancolía. Y es cierto. Incluso ahora que me volví a encorvar, ahora que me siento medio monstruoso y apaleado como un Ricardo III planeando cosas horrendas, ahora digo, algo de él va conmigo, en el envión del castellano, en la manera de sacarle el jugo verbal a lo estático y lo sucedido, la manera de rodear la experiencia hasta hacerla decir cómo fue, qué pasó, cómo era estar ahí en ese instante y metido en la totalidad del tiempo vivo. Se fue sin hacer escándalo, sin hacer bache en la reunión de amigos. En su despedida, se bebió, se fumó y, como corresponde, se habló mal de él durante un rato largo.
Perfil, 29-10-11
9 de octubre de 2011
Llega el pubis
Pedro Mairal
Parece que esta semana apareció un pubis femenino en televisión abierta y provocó gran conmoción. Después de años de bikinis encogiéndose hasta la histeria del hilo dental, finalmente llegó el pubis a todos los hogares argentinos. Tardó en llegar pero llegó. Venía de lejos, desde el fondo del tiempo, primero tapado por una hoja de parra y por puntas de mantos y harapos flameando convenientemente en los cuadros y los frescos. En Oriente ya había aparecido en grabados japoneses, pero en Occidente apareció quizá por primera vez en La maja desnuda en 1790. Courbet lo patentó el siglo siguiente, ya librado de la tiranía del rostro, en El origen del mundo, un pubis protagónico, hirsuto y alarmante. Después, Gauguin lo pintó exótico y polinesio; Toulouse Lautrec lo retrató prostibulario; Klimt, pelirrojo y Egon Schiele, por fin, dibujó el pubis trágico y erótico. Pelos, sombra sexual. Era todavía el pubis europeo de barba freudiana, tupido y poderoso. Hasta que el avance de la cultura playera, el salto a la fotografía, la masificación de las revistas de desnudos le infundieron pudor y ganas de acicalarse, y el pubis empezó a aparecer ya más prolijo, en gran abanico triangular, el pubis sesentoso, presente y arbustivo. En los ochenta, quizá el nuevo cavado de las mallas fucsias lo obligó a agudizarse y se fue angostando en su ve corta hasta quedar reducido a un bigotito Führer. Así entró en los 90, casi como postizo, una ceja vertical que en el cambio de milenio desapareció por completo y dio paso al pubis koyak, brasilero, desanimalizado, lampiño, impuesto así por la moda dominante del porno que, al considerar que el vello tapa lo esencial, desmalezó por completo el famoso Monte de Venus. La desaparición del pubis, esa nueva forma de calvicie, duró menos de una década, y el pubis se volvió a dibujar en el ideal de la intimidad sexy, la pelambre incesante volvió a ganar la partida hacia un pubis muy apocado, controlado, tapado apenas de la mirada del gran ojo de la televisión por microtangas casi simbólicas. Ahí estaba el pubis esperando en las bambalinas del canal después de recorrer todo ese camino de eclipses y ocultamientos pudorosos, quería por fin llegar a la sobremesa familiar y entrar para siempre en los hogares. Y finalmente apareció: un piolín de bikini que se desató por contrato y el pubis saludó a la teleaudiencia. ¡Buenas noches familia! Duró pocos segundos. El conductor tapó la pantalla, el canal ahora tiene que pagar una multa millonaria, pero el pubis llegó a las casas. Fue un hecho histórico.
Perfil, 8 de octubre de 2011
8 de octubre de 2011
2 de octubre de 2011
Canciones - Dentro del poema
Por fin trajo el verde Mayo
correhuelas y albahacas
a la entrada de la aldea
y al umbral de las ventanas.
Al verlo venir se han puesto
cintas de amor las guitarras,
celos de amor las clavijas,
las cuerdas lazos de rabia,
y relinchan impacientes
por salir de serenata.
En los templados establos
donde el amor huele a paja,
a honrado estiércol y a leche,
hay un estruendo de vacas
que se enamoran a solas
y a solas rumian y braman.
La cabra cambia de pelo,
cambia la oveja de lana,
cambia de color el lobo
y de raíces la grama.
Son otras las intenciones
y son otras las palabras
en la frente y en la lengua
de la juventud temprana.
Van los asnos suspirando
reciamente por las asnas.
Con luna y aves, las noches
son vidrio de puro claras;
las tardes, de puro verdes,
de puro azul, esmeraldas;
plata pura, las auroras
parecen de puro blancas
y las mañanas son miel
de puro y puro doradas.
Campea Mayo amoroso;
que el amor ronda majadas,
ronda establos y pastores,
ronda puertas, ronda camas,
ronda mozas en el baile
y el en aire ronda faldas.
Él puso a su nombre todas las olas del mar.
Se miraron un segundo
Como dos desconocidos.
Todas las ciudades eran pocas a sus ojos,
Ella quiso barcos y él no supo qué pescar.
Y al final números rojos
En la cueva del olvido,
Y hubo tanto ruido
Que al final llegó el final.
Mucho, mucho ruido,
Ruido de ventanas,
Nidos de manzanas
Que se acaban por pudrir.
Mucho, mucho ruido,
Tanto, tanto ruido,
Tanto ruido y al final
Por fin el fin.
Tanto ruido y al final...
Hubo un accidente, se perdieron las postales,
Quiso carnavales y encontró fatalidad.
Porque todos los finales
Son el mismo repetido
Y con tanto ruido
No escucharon el final.
Descubrieron que los besos no sabían a nada,
Hubo una epidemia de tristeza en la ciudad.
Se borraron las pisadas,
Se apagaron los latidos,
Y con tanto ruido
No se oyó el ruido del mar.
Mucho, mucho ruido,
Ruido de tijeras,
Ruido de escaleras
Que se acaban por bajar.
Mucho, mucho ruido,
Tanto, tanto ruido.
Tanto ruido y al final...
Tanto ruido y al final...
Tanto ruido y al final
La soledad.
Ruido de tenazas,
Ruido de estaciones,
Ruido de amenazas,
Ruido de escorpiones.
Tanto, tanto ruido.
Ruido de abogados,
Ruido compartido,
Ruido envenenado,
Demasiado ruido.
Ruido platos rotos,
Ruido años perdidos,
Ruido viejas fotos,
Ruido empedernido.
Ruido de cristales,
Ruido de gemidos,
Ruidos animales,
Contagioso ruido.
Ruido mentiroso,
Ruido entrometido,
Ruido escandaloso,
Silencioso ruido.
Ruido acomplejado,
Ruido introvertido,
Ruido del pasado,
Descastado ruido.
Ruido de conjuros,
Ruido malnacido,
Ruido tan oscuro
Puro y duro ruido.
Ruido qué me has hecho,
Ruido yo no he sido,
Ruido insatisfecho,
Ruido a qué has venido.
Ruido como sables,
Ruido enloquecido,
Ruido intolerable,
Ruido incomprendido.
Ruido de frenazos,
Ruido sin sentido,
Ruido de arañazos,
Ruido, ruido, ruido.
Espero que no te quedes con rencor ya sabes que lo mio
es puro amor hoy te fuiste y llueve tristemente la rima
rima con el nombre del dia jueves y con el dia que te vi que era numero 9
Y milagrosamente caia nieve no te olvides de mi nombre
Sara Hebe ay como me duele ay, como me duele
Dejaste tus aromas tan crueles
Por eso yo, por eso yo, por eso hoy yo yo yo
Tuve que quemar la cama
Tuve que quemar la sabana
Tuve que quemar la almohada
Tuve que quemar la foto de mi mama na na na na
Tuve que prender fuego el balcon
Tuve que quemar la cupula del congreso de la nacion
Yo! Tuve que quemar el meesenger
Tuve que quemar todo el ayer y el anteayer
Tuve que prender el gas
Tuve que explotar el balcon, el de atras
Tuve que quemar la planta
Tuve que quemar las plantas
Tuve que quemar
Quiero quemar, quiero quemar,
Quiero quemar, quiero quemar,
Quiero quemar, quiero quemar,
Quiero quemar, quiero que venga un amigo
Quiero que venga a quemar conmigo
Para olvidar y ayudarme a quemar el alcolchado
Tengo que quemar el departamento de al lado
Tengo que quemar todo lo que dejaste perfumado
Quemo quemo quemo y los labios me muerdo
Esto parece el infierno
Voy a quemar mi cuaderno
No tiene sentido lo que escribo
No tiene sentido lo que digo
Voy a quemarme, lo tengo decidido
Sigo, sigo, sigo si consigo
Quiero quemarme contigo
Tuve que quemar, tuve que quemar
Tuve que quemar
Yo! Tuve que quemar
Tuve que quemar, tuve que quemar,
Tuve que quemar, tuve que quemar,
Tuve que quemar, tuve que quemar,
Tuve que quemar, tuve que quemar,
Tuve que quemar, tuve que quemar
Yo! Tuve que quemar
Tuve que quemar a mi amigo
Tuve que quemar a los expertos
que me quisieron tratar
Tuve que quemar, tuve que quemar,
Tuve que quemar, tuve que quemar
Desgaste tu desodorante
Aprieto, sale el liquido que me hace recordarte
Me parte la mente
Como el encendedor y le doy fuerte
Quemo, quemo, quemo, olor a muerte
Quemo la mala suerte de no tenerte
Ay, que mala suerte la de no tenerte
Que mala suerte, que mala suerte
Olor a muerte, olor a muerte
Tuve que quemar, tuve que quemar,
Tuve que quemar, tuve que quemar
Yo! Tuve que quemar
Tuve que quemar las cortinas
Tuve que quemar a los tipos con gominas
Tuve que quemar a todas las minas
Tuve que quemar la lampara
Tuve que quemar este amor que me desampara
Tuve que quemar las preguntas
"como", "donde" y "Para que? se invento el amor?"
Para quemarte, para quemarte para quemarte
Tuve que quemar (Voy a quemar)
Tuve que quemar (Voy a quemar)
Tengo que quemar (Voy a quemar)
Tengo que quemar (Voy a quemar)
Tengo que quemar los parlantes
Tengo que quemar el tiempo, diamante
Los diamantes
Tengo que quemar el micrófono.
Tengo que quemar para no llamarte mas, el teléfono
Tengo que llamar a todos los que quieran quemar
vamos que vamos. Vamos a quemar
Vamos a quemar, vamos a quemar
Vengan a quemar
Tuve que quemar, tuve que quemar
Tuve que quemar, tuve que quemar
Voy a quemar
Y no! Y no te olvides de mi nombre
No te olvides de mi nombre
No te olvides de mi nombre
No te olvides de mi nombre, Sara He-be
No te olvides de tu nombre
No te olvides de su nombre
Tuve que quemar
Tuve que quemar
Tuve que quemar.
23 de septiembre de 2011
Subirse al pony

12 de septiembre de 2011
La muerte de un galeno
10 de septiembre de 2011
Últimos años de Samuel Timorato
[ACÁ LEÍDO POR NASH EN YOUTUBE]
The sunset years of Samuel Shy, Ogden Nash:
Master I may be, /But not of my fate./ Now come the kisses, too many too late./ Tell me, O Parcae, / For fain would I know,/ Where were these kisses three decades ago?/ Girls there were plenty,/ Mint julep girls, beer girls,/ Gay younger married and headstrong career girls,/ The girls of my friends/ And the wives of my friends,/ Some smugly settled and some at loose ends,/ Sad girls, serene girls,/ Girls breathless and turbulent,/ Debs cosmopolitan, matrons suburbulent,/ All of them amiable,/ All of them cordial,/ Innocent rousers of instincts primordial,/ But even though health and wealth/ Hadn't yet missed me,/ None of them,/ Not even Jenny,/ Once kissed me.// These very same girls/ Who with me have grown older/ Now freely relax with a head on my shoulder,/ And now come the kisses,/ A flood in full spate, /The meaningless kisses, too many too late. /They kiss me hello, /They kiss me goodbye,/ Should I offer a light, there's a kiss for reply./ They kiss me at weddings,/ They kiss me at wakes,/ The drop of a hat is less than it takes./ They kiss me at cocktails,/ They kiss me at bridge,/ It's all automatic, like slapping a midge./ The sound of their kisses/ Is loud in my ears/ Like the locusts that swarm every seventeen years.// I'm arthritic, dyspeptic,/ Potentially ulcery,/ And weary of kisses by custom compulsory./ Should my dear ones commit me/ As senile demential,/ It's from kisses perfunctory, inconsequential./ Answer, O Parcae,/ For fain would I know,/ Where were these kisses three decades ago?
5 de septiembre de 2011
Salta la púa
Pedro Mairal
Cómo envejecen tus divas a pesar del Fotoshop, cómo el tiempo ya hizo estragos en tus musas eróticas y tus galanes contemporáneos encanecieron a la par con el espejo. ¿En qué momento sucedió ese cataclismo, en qué momento tu mundo se desplazó veinte años más allá, adentro de la falla del olvido? De pronto los taxistas y los médicos de guardia son más jóvenes que vos y cuando das clases, tus referentes no encuentran ninguna adherencia en los cerebros veinteañeros. En sus imaginarios resbalan a la nada tus ejemplos setentosos: decir que en esa parte del texto es como que salta la púa es una frase que deja a todos perplejos, ni siquiera podés decir que salta el compact, los noventas tampoco se entienden demasiado, quizá podés decir el texto en esa parte hace un poco de ruido, eso quizás se entienda. El habla popular avanza como una ola de la que ya sos apenas la resaca. La expresión “no le sube el agua al tanque” quizá podría reemplazarse por “se le cortó el wi-fi”, pero ya en unos años tampoco se va a entender.
No queda más remedio que seguir atrapados en la caducidad del lenguaje, entregarse al resbalar del mundo en su eterna destrucción y tratar de ir dejando algunas cosas asentadas como si fuéramos arqueólogos del presente, sabiendo que las alumnas angelicales ya no serán Lolita en el 2020, que toda esta actualidad es también basura cósmica y tecnológica, habrá dentro de poco montañas de Ipads y Tablets y Kindles descartados como hay ahora montañas de monitores de PC. Tus personajes actuales hablan de internet pero eso sonará algún día como los personajes de la literatura de 1940, cuando dicen que van al biógrafo o al cinematógrafo, con la diferencia de que el envejecimiento del lenguaje ahora es más veloz, porque en tres años todo intento por hacerse el teky desemboca en papelón anacrónico. Quizá la única salvación sea mirar el presente como si ya hubieran pasado muchos años, cargar a las estrellas pop con su transformación futura, como si hubiéramos podido adivinar a la rapada monstruosa y drogada pegando paraguazos a los fotógrafos en la dulce teen Britney Spears de 1999. Ver el Increíble Hulk que todo el mundo lleva dentro, calarle el Elvis obeso y enpastillado que oculta Justin Beiber.
No es sólo amargura, no es tanto pensar en la flor seca cuando recién está floreciendo, ni gratuitamente envejecer lo que se mira, aunque sea un buen ejercicio, sino pensar en la carga temporal que tienen las cosas y la gente, y sobre todo lo mediático, las generaciones de Batman, por ejemplo, desde el cómic y el Batman televisivo y psicodélico con onomatopeyas de golpes en cada puñetazo, pasando por los Batman oscuros del cine, hasta los futuros Batman que vaya a saber uno cómo serán. Cada generación tendrá su Batman, y así sus demás referentes. Tener hijos ayuda a renovar esos referentes pero igual mejor no tratar de estar al día. Porque todo se mueve muy rápido. Cual la generación de las hojas, así la de los hombres, dice Homero, y eso no envejeció. Pero el pop se pudre rápido. Cuanto más te metés en el río del pop más fuerte es la correntada que te desplaza en el tiempo.
Perfil, 3 de septiembre de 2011
