3 de octubre de 2007

La importancia del deporte

(texto leído el 2 de octubre del 2007 en el ciclo Confesionario organizado por Cecilia Szperling en el CCRojas)
por Pedro Mairal
El jueves pasado cumplí 37 años y la gente que no me conoce me ve y cree que todavía no pasé los 30. Siempre tuve este desfasaje entre mi cuerpo y mi edad [SIGUE ACÁ].

14 comentarios:

Pablo Giordano dijo...

Recuerdo las peleas por ganar un lugar más atrás en la fila. Estábamos hartos de tener que estirar el cuello más que los de atrás para ver subir la bandera. Las chicas tenían algunos m,ovimientos extraños: su fila no era del todo pareja. Creo que las de atrás de todo, no siempre las mas altas, ya menstruaban; quizá había un órden secreto en esa fila, un orden femenino que se mantiene hasta hoy.
Tampoco pude enetender del todo el juego de los demás, pero siempre me dió envidia.

JD dijo...

está buenísimo, pedro, por momentos genial, lo del increíble hulk; el lampiño que quería pegarle latigazos con la toalla a los culos de los demás; y lo mejor, eso de actuar que jugabas al rugby, gran mérito. regla número 1: "manténgase lo más alejado posible de la pelota", ja.

Esteban dijo...

El texto es bárbaro. Me reí muchísimo cuando lo leíste en el Rojas.

Cualquiera que en la primaria no haya sido uno de esos chicos-monos que se desarrollaban antes que los demás y se pavoneaban orgullosos con su precoz masculinidad (los que eran Hulk todo el tiempo, bah), tiene que identificarse con las situaciones que contaste.

Y, pensándolo bien, la práctica del deporte o esos campamentos que organizaban cada tanto los colegios, es lo más cercano que los tipos que nacimos en la década del 80 para adelante, vamos a tener a hacer la conscripción. Afortunadamente...

Saludos.

jonas dijo...

groso, pedro, como te dije ayer coincido con jd, lo de la toalla es un hit.

Estrella dijo...

Me parece que todos somos grandes simuladores.
Yo, en cambio, era siempre la más alta, y sufrí toda mi infancia y adolescencia por eso: flaca, alta y desgarbada, me sobraba cuerpo, lo que hacía muy difícil dar con el escondite justo para pasar inadvertida. Y miraba a las chiquititas y menuditas con mucha envidia.
Me encantó el texto.
Me gusta tu escritura, por las dudas, te lo digo una vez más.

Una Clara dijo...

buenísimo, Pedro, me mata :"nunca me creo la vida, ese juego tan raro que practican los demás".
igual lo prefiero leído por vos. estuvo bueno ayer, lindo ciclo.

bes.

Gustavo Arballo dijo...

El quemado (en mi escuela llamado "delegado") debería ser elevado a la categoría de deporte olímpico.

Yo tenía un doble karma: era petiso (no como ahora, que mido 1.66) y además, mi apellido empezaba con A.

Entonces, y siendo que el alfabético es el estándar ordenador en exámenes y entrevistas secuenciales, casi siempre fui el que se expuso a lo desconocido y volvió para contarles a los demás -ellos saltando alrededor mío para oír mi visión- "qué te preguntaron que te dicen qué les dijiste decime".

Y el que no podía especular a que el profesor no llegara a pedirme la tarea.

Ahora tendría que vengarme, siendo actor -para aprovecharme del starring in alphabetical order- o firmando papers en coautoría, salvo con Álvarez.

marina k dijo...

qué bueno que lo posteaste, pedro. quería ir y no pude y justo te iba a escribir para pedírtelo.
lo leo y vuelvo a comentar.
un beso,
marina

Agustín dijo...

Creo que puedo decir, sin mucho orgullo, que "jugaba" al rugby como Mairal. Claro que no lo sabía. Hasta ahora pensaba que lo hacía del mismo modo que Stephen Dedalus "juega" al fútbol en el comienzo de A Portrait...
Supongo que simulaba jugar al rugby del mismo modo que Mairal, quien lo hacía de la misma manera que Stephen Dedalus. En cualquier caso, no obtuve ningún talento literario como premio consuelo.
Me gustó mucho el texto.

Luciana dijo...

Genial, como siempre. Ya parezco Quintín, "no consigo leer algo de Mairal que sea malo" ;-)

Besos!

elastichica dijo...

Habría que ordenar a los chicos en orden estético. Los más lindos adelantes. Atrás los que tienen esas caras desorganizadas con dientes encimados.

Acercandra dijo...

Genial el texto. Yo también me identifico: simulo. La vida no es así.

Felix Bruzzone dijo...

che, lo de la fila de menor a mayor es obvio que es para que el maestro pueda verlos a todos, yo fui maestro, yo lo se, el control en las escuelas tambien es visual.
como en las fotos grupales: los petisos adelante (o es por herencia de la formacion escolar?)
muuuy bueno el texto, sr.

Cosima dijo...

Qué lindo relato, qué sincero, humilde, dulce y humano. Gracias.