13 de marzo de 2008

Mairal está en la sopa

Me enfermé. Me simpsonicé de tanto hablar de mí. Battu, Migue, pónganse las pilas y escriban algo. Yo me tengo que callar.

10 comentarios:

Andrea Marra dijo...

Bonita foto ;)

gabyota dijo...

Asi que bailarin de salsa??? quien diria... con esa cara de bueno e inteligente.

tetrabrik dijo...

me dice ana que mandaste que me dejaste un libro. viene en camino. thnx.

Lexi dijo...

... mmm muy amarillo... yo vería a un gastroenterólogo!

Tommy Barban dijo...

y para respetar el verosímil esa remera debería ser una camisa y ser negra

tony wilson dijo...

Pedro,
Y la revista Apeirón?
emmet.ray@gmail.com

tony wilson dijo...

Un arquero de lejos.

En la infancia acostumbramos a ser un poco crueles. Nos burlamos de los otros por cualquier cosa. Parece ser que siempre encontramos un motivo. Por el aspecto físico, por la manera en que uno habla, nos burlamos de sus familias, de las creencias o buscamos cualquier desperfecto para pasar un buen rato con nuestros amigos. Jugando al huevo podrido…huevo podrido! huevo podrido! Que mirás puto?!! Che gordo querés que te lleve la panza o podés sólo? Larga la soda gorda llena de gases!Que te hacés la linda pokemón?!
Yo nunca fui el típico buen tipo pero reirme a costa de los demás siempre me costó un poco. Creo que alguna vez me prendí en esa pero mas que nada fue por falta de personalidad, tipico a esa edad, y para seguir la corriente del grupo pero en el fondo nunca lo disfruté ni un poco. Puede que sea que haya siempre estado demasiado ocupado en mis defectos como para reirme del prójimo, no sé.
Fue en el colegio primario que conocí a Alex Xantópulos. Era un ex pat como me dijo él cuando se presentó. Era nuevo, recién llegado al país y a mi colegio. Es normal que cuando llega un nuevo nadie le da mucha bola, y más aún si es extranjero y no habla bien el idioma. Alex era norteamericano, no hablaba ni una palabra de castellano, era petiso, medio gordito y tenía una cara muy particular. Fue con esa cara que rápidamente se ganó el apodo de todos. Muy pronto Alex se convertiría en el Sapo.
A mí me entusiasmaba mucho conocer a alguien nuevo, al forastero, al extranjero. Nos hicimos amigos rápidamente. Creo que el Sapo apreciaba mucho el hecho de que yo le diese cabida. En poco tiempo conocí su casa, su familia, sus origenes, su pasado en Usa. Era norteamericano descendiente de griegos. Sus padre era diplomático. Así conocí sus vida antes de llegar acá, su discos, el rap, el football americano, el skate. Todo era una novedad para mi. Todas estas cosas sólo las había conocido por la televisión o por amigos que habían visitado Estados Unidos pero que simplemente lo habían aprendido en forma de souvenir.
Además en el plano sexual, Alex, estaba adelantado; ya había besado a varias chicas e inclusive ya había cogido con tres. Yo ni squiera había debutado todavía así que Alex para mí era un referente en todo sentido.
Poco a poco Alex, con toda las novedades que se traía fue incorporándose a mi grupo de amigos. Supimos y pudimos verlo en el jardín de su casa que en Usa había sido un muy buen Quarter back (el que lanza la pelota) en el colegio al que iba en Michigan.
Y así Alex Xantopulos se convirtió en el arquero de nuestro equipo de fútbol. No es que era genial, pero para venir de un país donde el fútbol no era un juego muy popular no atajaba nada mal.
Era una costumbre para nosotros jugar en el campo de deportes de nuestro colegio, después de hora cuando ya estaba cerrado. Estaba prohibido pero así teniamos todo para nosotros. Cruzábamos el alambrado y nos poníamos a jugar hasta que se hiciera bien oscuro. Omar, el encargado, nos daba el permiso. Es más, disfrutaba mucho vernos jugar desde la garita, su puesto de trabajo mientras tomaba mate. La única condición era: - Muchachos jueguen, pero cualquier cosa… yo no vi nada!
Fue un jueves a eso de las siete que quedamos para jugar como acostumbrábamos hacerlo. Eramos como veinte. Se habían armado dos equipos. Últimamente yo no estaba pegando muy buena onda con mis amigos de siempre y bastante menos con Alex a quién notaba muy distante conmigo, no sabía porque. Entonces para cambiar un poco de aires, y un poco también para recordarle quien había pisado primero suelo argentino decidí jugar con los chicos de un año más arriba. Era un partido picado, imagínense, segundo año contra tercero.
Los de tercer año me apreciaban bastante y me dejaron jugar como delantero. Fue un partido de ida y vuelta con muchos goles. Ibamos empatados 8 a 8 y ya se estaba poniendo oscuro. Había que definir el partido. Yo tenía la presión, era delantero. Recibí la pelota en media cancha. Me saqué a dos jugadores de encima y seguí avanzando. Cuando sentí la marca muy cerca mío, la toqué justo y corrí sacándomela de encima. El de mi equipo me vió solo y me habilitó solo llegando al área. Atrás venía un defensor, lo esperé, le cambié la cintura dejándolo en el piso y encaré para el arco, para el arco que defendía Alex Xantópulos. Y le di con la zurda. Soy zurdo. Fue raro. Mi equipo gritó el gol, mis amigos casi se agarraron la cabeza de frustración. La pelota parecía colarse por el ángulo superior izquierdo cuando una mano, la mano del Sapo la desvió afuera. Lo pude haber definido pero no, era tarde. Y estaba oscuro y terminamos el partido ahí.

No soporté esto. Pero bueno, un picado es un picado. Fuimos a la Shell a tomar unas Coca Colas y a enfriar las cosas.
Volviendo a casa esa noche pasé por el campo de deportes. No aguanté la tentación. Tenía que sacarme las ganas. Por suerte, tenía conmigo la pelota. Se la había pedido al dueño por un día, nunca le dije para que.
Me trepé por el alambrado y caminé hasta el arco, el mismo arco en donde Alex había desviado mi grito de justicia, mi grito de victoria. Omar me vió de lejos. – Que pasa flaco? Te quedaste con las ganas?- se rió Ahora que no está el arquerito cambiále el ángulo!!!
Yo me reí. Los dos entendíamos que era solo para sacarme las ganas. La pelota tenía que entrar. Este tipo de cosas nos pasan solamente cuando sentimos pasión por este juego y cuando tenemos menos de trece años.
Repasé la jugada y encaré sólo hasta el arco. Era fácil, el arco estaba vacío.
Esta vez la dejé picar, la paré arrogantemente con el pecho y le pegué. Fue un tiro perfecto. Iba en comba pero prolijamente hacia el angulo superior izquierdo. Levantaba la mano simulando un festejo sublime, un gol de copa del mundo cuando noté que una presencia, una mano imposible de estar, desviaba la pelota por arriba del travesaño.
Era imposible. La pelota iba adentro del arco y algo, alguien que no estaba ahí la desvió con un golpe de puño cambiando el trayecto del disparo claramente.
Ni busqué la pelota. Omar me veía de lejos sorprendido. Se quedó quieto tomándose la cabeza. Agarré mi bolso, corrí hasta el alambrado y salí corriendo.
Nunca le mencioné nada a nadie sobre esto, nunca en mis vida. Inclusive las que volví a ver a Omar ninguno de los dos mencionó el hecho.
Recuerdo que la mañana después cuando entramos a clase a primera hora, miré a la fila de bancos de atrás. Ahí estaba Alex, me sonreía. Su sonrisa y sus ojos develaban cierta malicia. Había una particular complicidad en su expresión como si sólo nosotros dos supiésemos lo que estabamos pensando o imaginando.
Un año después Alex dejó el colegio y dejó el país. La embajada trasladaba a su padre y a su familia a Singapur. Creo que allá el fútbol no es un deporte muy popular.

Charlotte dijo...

Tiene un lejos, definitivamente un lejos. Buena.

tony wilson dijo...

hola charlotte!
emmet.ray@gmail.com

tony wil

cecile dijo...

Yo no sé si ese Tony Wilson es una joda o que pero eso que leí me encantó. Me encantó. Me hizo acordar a Murakami, salvando las distancias claro.
Saludos, Cecile