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22 de julio de 2010

Tembladerales de oro

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Poema de Francisco Madariaga

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"Este es el poema que yo más quiero. Una vez en un viaje que hice a esa zona de campo -esto fue en el 67...68- yo tenía una de esas pequeñas radios, de esas primeras que salieron a transistor, y pesqué la parte final de un informativo de la radio de Corrientes que decía: Paraná. Acaban de ser sepultados los restos del poeta Alfredo Martínez Howard, que han sido trasladados desde La Serranita en Córdoba a Paraná, su ciudad natal. Ese fue el orígen del poema. Martínez Howard me hablaba siempre del tema del oro a través de toda la historia de la poesía. Me leía lo que él conocía sobre el tema del oro y leía poemas relacionados con el oro. Le gustaba hablar de eso. Cuando me enteré, este fue el homenaje. Salí, era la tardecita, estaba por entrar el sol, y tuve la sensación de que todo se transformaba, estaba todo como una especie de cuadro vivo, en el paisaje todas las palmeras parecían lámparas encendidas, todas doradas, las vaquitas estaban en unas cuchillas pastando, doradas por el sol, todo era un paisaje de oro. Entonces surgió el poema. Por eso está dedicado a él".

(Francisco Madariaga, junio 1992, conversación con Félix della Paolera)

10 de febrero de 2010

El alba cálida



El poema leído por Madariaga

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EL ALBA CÁLIDA

Francisco Madariaga

¡Se clarifica el día! Oh viejos Elementos, dadme un poco de agua.

La ciudad ha sido invadida por el mar, pero conserva todos sus ruidos, su tráfico.
Todos los rumores se han transformado en cánticos de pájaros.

Viejos árboles míos, ¿estaréis locos en la campaña?
A cualquiera lo meten en un ataúd de habitación delgada hundiéndose en el mar.

¡Que un mar cálido le tape todos los nidos al alba cálida!
Los ferrocarriles penetran en la arena. Uno, sordo revienta y se le abre un abismo de mar. ¡Candentes aventureros que nadie atrapa, hermanos que aún no han pasado bajo mis árboles!

Eh, monos, corregid vuestros errores: al alba cálida no se la mastica ni se la contempla. La virginidad de las ramas de las últimas sombras que nunca ha visto a un hombre, no se la holla, monos. ¡Sacadle toda la boca para el alma!

Asnos que beben en el alba tímidamente porque hay bosques que los embriagan por la noche, me
encuentro bajo el mar, en una estancia de calor esmeralda. De entre ola y ola brotan los pájaros como balas de sol y saltan velozmente hacia el infierno.

¡El alba cálida es el infierno, la iniciadora de todos los amores!

Allá en el fondo la presión ha bloqueado a mi alma a lo largo, en su ataúd habitación. La ha hecho entrar rápidamente, por los pies, en el cuadro verde más infinito.

Después, cayeron ferrocarriles de punta en la arena.

Alba cálida, alba cálida, ¿Por qué acudís a mí en esta habitación tan delicada?
Oh movimientos de las sombras, humedades del pañuelo de los niños, gorjeo del polvo del amor, jaulas mías colgadas en el bosque:
Una liana de oro fuerte de relámpago atrapado por el bosque puede arrancar este ataúd habitación.

*

Las jaulas del sol, 1960

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Una noche de junio de 1992, Francisco Madariaga leyó poemas en la casa de Félix della Paolera. La grabación de esa lectura y esa charla estuvo durante años en casette y ahora está digitalizada.
En este blog vamos a ir colgando algunos poemas. El audio entero, con los comentarios de Madariaga sobre cada poema y sus historias de los antiguos gauchos de Corrientes, lo va a colgar Lucio Madariaga, el hijo del poeta, en el blog de homenaje a su padre Rincón del infinito donde está gran parte de su obra.