8 de marzo de 2009
4 de marzo de 2009
Condenado a siempre comenzar
por Daniel Durand
Pienso en poesía y en poemas y mentalmente
construyo oraciones dentro de alguna elucubración
teórica del momento que enseguida se desarticula
y desaparece mutando en otra agitación diferente…
como
“crúzalo al mar al biés” es un prurito barroco
en una piel de observación común y descriptiva.
mi pobre gran cactus de la entrada trata
de echar raíces en el escalón de mármol…
búsqueda del haiku de eso…
el cactus
busca entrarle
al mármol
hacerle cosquillas ahí en las carnecitas de la entrada
con la legua en puntín y poniendo en esa lanza la energía del toque
unas cosquillas apenas de ultra suave contacto y deslizantes
que hacia el vagar eléctrico impulsen alaridos vivoreos
zigzagueantes entre neuronas y tejidos y partes
rincones de hueso blanco y resbaloso.
La industria debe tender a producir objetos duraderos!
Es muy fácil producir un calzado eterno para una persona…
bueno… lo que es un zapato a medida
hechos por un experto.
A mis zapatos ortopédicos de niño deforme
los hizo un viejito de Colón,
hasta su casa viajamos para que me tome las medidas,
desde ahí usé zapatos ortopédicos pesados irrompibles,
desde los 11 a los 16 y así me salve de que me operen de los pies…
Unos golazos terroríficos, le daba con todo
De puntín con los zapatos
Contra el arco pintado en la pared
Del Ateneo infantil de Concordia
Reventaban los pelotazos contra el muro
de mis patadas ortopédicas,
mojábamos la pelota en la canilla
para que se vea bien donde había pegado,
era divino Dejar cimbrando
la columna de hierro del tablero de básquet.
Primero prohibieron patear de punta,
igual se las metía todas porque estaban asustados,
después prohibieron jugar con zapatos
y ahí si quedé afuera…
Mi mamá fue a hablar con la directora del Ateneo,
a decirle que yo solo podía ponerme los zapatos ortopédicos
porque tenía los pies sin arco casi para operar…
Volví a la canchita y nadie me marcaba
los ortopédicos eran de hierro y quebraban
les quitaba la pelota y la estrellaba
adentro del arco pintado
sobre el paredón trasero de la iglesia capuchina
Los otros chicos dejaron de ir al Ateneo
y yo nunca aprendí a jugar muy bien al fútbol.
Pienso en poesía y en poemas y mentalmente
construyo oraciones dentro de alguna elucubración
teórica del momento que enseguida se desarticula
y desaparece mutando en otra agitación diferente…
como
“crúzalo al mar al biés” es un prurito barroco
en una piel de observación común y descriptiva.
mi pobre gran cactus de la entrada trata
de echar raíces en el escalón de mármol…
búsqueda del haiku de eso…
el cactus
busca entrarle
al mármol
hacerle cosquillas ahí en las carnecitas de la entrada
con la legua en puntín y poniendo en esa lanza la energía del toque
unas cosquillas apenas de ultra suave contacto y deslizantes
que hacia el vagar eléctrico impulsen alaridos vivoreos
zigzagueantes entre neuronas y tejidos y partes
rincones de hueso blanco y resbaloso.
La industria debe tender a producir objetos duraderos!
Es muy fácil producir un calzado eterno para una persona…
bueno… lo que es un zapato a medida
hechos por un experto.
A mis zapatos ortopédicos de niño deforme
los hizo un viejito de Colón,
hasta su casa viajamos para que me tome las medidas,
desde ahí usé zapatos ortopédicos pesados irrompibles,
desde los 11 a los 16 y así me salve de que me operen de los pies…
Unos golazos terroríficos, le daba con todo
De puntín con los zapatos
Contra el arco pintado en la pared
Del Ateneo infantil de Concordia
Reventaban los pelotazos contra el muro
de mis patadas ortopédicas,
mojábamos la pelota en la canilla
para que se vea bien donde había pegado,
era divino Dejar cimbrando
la columna de hierro del tablero de básquet.
Primero prohibieron patear de punta,
igual se las metía todas porque estaban asustados,
después prohibieron jugar con zapatos
y ahí si quedé afuera…
Mi mamá fue a hablar con la directora del Ateneo,
a decirle que yo solo podía ponerme los zapatos ortopédicos
porque tenía los pies sin arco casi para operar…
Volví a la canchita y nadie me marcaba
los ortopédicos eran de hierro y quebraban
les quitaba la pelota y la estrellaba
adentro del arco pintado
sobre el paredón trasero de la iglesia capuchina
Los otros chicos dejaron de ir al Ateneo
y yo nunca aprendí a jugar muy bien al fútbol.
1 de marzo de 2009
Se viene
Hasta ahora las cosas en el cine me venían saliendo al revés. Lo que yo quería que terminara en papel terminaba en celuloide y viceversa. Primero escribí una novela y la hicieron película, después escribí dos largos que no se filmaron y que van a paso de caracol camino a la imprenta. La segunda semana de marzo se rompe la racha. Sorín estrena La ventana, la película que escribí con él hace un año. Es la historia del último día en la vida de un hombre. Acá, un mini trailer.
Finales
26 de febrero de 2009
Fragmento del documental Oro nestas piedras
Sobre el poeta Jorge Leonidas Escudero. Directores: Cristián Costantini, Leandro Listorti, Claudia Prado.
25 de febrero de 2009
24 de febrero de 2009
Lengua boricua
por Pedro Mairal
Me gusta conocer países latinoamericanos. Es como estar metido dentro de un diccionario de sinónimos. Uno llega, empieza a hablar, a comunicarse, y descubre que muchas cosas se dicen de otra forma, pero igual se entienden. La lengua cobra relieve, aparecen castellanos paralelos al que uno habla. Descubrimos cómo hablan los demás pero también cómo hablamos nosotros. Todo sucede como en los sueños donde la gente es conocida pero tiene otra cara; así, cuando hablamos fuera de nuestro país en Latinoamérica la vida cotidiana se distorsiona un poco, se corre de lugar unas palabras.
En Puerto Rico, donde me encuentro coordinando un taller literario de la Universidad, se habla uno de los castellanos más expresivos que escuché jamás. Esta isla es un estado asociado de los Estados Unidos. La moneda corriente es el dólar. Los habitantes pueden votar un gobernador cuya función principal es decidir cómo se distribuye el dinero que llega del norte. Las cosas son así desde 1917. Desde entonces se ha intentado mediante varias leyes nacionales borrar el español para imponer el inglés como lengua oficial. No lo lograron. No se puede borrar tan fácil la lengua que usa la gente todos los días, quizá porque es la lengua madre, y como decimos los argentinos “con la vieja no te metás”.
En el lavamanos del baño de un bar vi un cartelito oficial, seguramente establecido por ley, que dice “Employees must wash their hands” (los empleados deben lavarse las manos). Pero en la pared los graffitis están en español, uno dice “Daddy Yankee no me representa”.
Al final lo que importa es la lengua que usa la gente para escribir en las paredes del baño, la lengua que usa para amar, para reírse, para insultar. Es absurdo querer imponer un idioma. Es como si le impusieran a la gente de un lugar usar la ropa típica de otro lugar. Lo que la gente hace finalmente es tomar las cosas prácticas de esa imposición: unos botones, alguna hebilla, algún tipo de zapato. Así aparecen las palabras en inglés que tintinean en el castellano de la isla, tomadas por economía del lenguaje, por prácticas o porque en castellano no existen. El wiper se dice en lugar de nuestro larguísimo limpia parabrisas. El hamper se le llama al innominado canasto de la ropa sucia. Janguear, que viene de hang out, significa salir con los amigos a no hacer nada. En Puerto Rico no se percibe una lengua dominada por otra. Se siente la fuerza imborrable y viva del castellano que ya hace tiempo es el segundo idioma más hablado de los Estados Unidos.
Me gusta conocer países latinoamericanos. Es como estar metido dentro de un diccionario de sinónimos. Uno llega, empieza a hablar, a comunicarse, y descubre que muchas cosas se dicen de otra forma, pero igual se entienden. La lengua cobra relieve, aparecen castellanos paralelos al que uno habla. Descubrimos cómo hablan los demás pero también cómo hablamos nosotros. Todo sucede como en los sueños donde la gente es conocida pero tiene otra cara; así, cuando hablamos fuera de nuestro país en Latinoamérica la vida cotidiana se distorsiona un poco, se corre de lugar unas palabras.
En Puerto Rico, donde me encuentro coordinando un taller literario de la Universidad, se habla uno de los castellanos más expresivos que escuché jamás. Esta isla es un estado asociado de los Estados Unidos. La moneda corriente es el dólar. Los habitantes pueden votar un gobernador cuya función principal es decidir cómo se distribuye el dinero que llega del norte. Las cosas son así desde 1917. Desde entonces se ha intentado mediante varias leyes nacionales borrar el español para imponer el inglés como lengua oficial. No lo lograron. No se puede borrar tan fácil la lengua que usa la gente todos los días, quizá porque es la lengua madre, y como decimos los argentinos “con la vieja no te metás”.
En el lavamanos del baño de un bar vi un cartelito oficial, seguramente establecido por ley, que dice “Employees must wash their hands” (los empleados deben lavarse las manos). Pero en la pared los graffitis están en español, uno dice “Daddy Yankee no me representa”.
Al final lo que importa es la lengua que usa la gente para escribir en las paredes del baño, la lengua que usa para amar, para reírse, para insultar. Es absurdo querer imponer un idioma. Es como si le impusieran a la gente de un lugar usar la ropa típica de otro lugar. Lo que la gente hace finalmente es tomar las cosas prácticas de esa imposición: unos botones, alguna hebilla, algún tipo de zapato. Así aparecen las palabras en inglés que tintinean en el castellano de la isla, tomadas por economía del lenguaje, por prácticas o porque en castellano no existen. El wiper se dice en lugar de nuestro larguísimo limpia parabrisas. El hamper se le llama al innominado canasto de la ropa sucia. Janguear, que viene de hang out, significa salir con los amigos a no hacer nada. En Puerto Rico no se percibe una lengua dominada por otra. Se siente la fuerza imborrable y viva del castellano que ya hace tiempo es el segundo idioma más hablado de los Estados Unidos.
(Perfil, 21 de febrero de 2009)
20 de febrero de 2009
19 de febrero de 2009
Atrévete - Calle 13
Atrévete, te, te, te /Salte del closet, te / Escápate, quítate el esmalte/ Deja de taparte que nadie va a retratarte/ Levántate, ponte hyper/Préndete, sácale chispas al estárter/ Préndete en fuego como un lighter/ Sacúdete el sudor como si fueras un wiper/ Que tu eres callejera, "Street Fighter"
Cambia esa cara de seria/ Esa cara de intelectual, de enciclopedia/ Que te voy a inyectar con la bacteria/ Pa' que des vuelta como machina de feria / Señorita intelectual, ya se que tienes/ El área abdominal que va a explotar/ Como fiesta patronal, que va a explotar/ Como palestino...7 Yo se que a ti te gusta el pop-rock latino/ Pero es que el reggaeton se te mete por los intestinos/ Por debajo de la falda como un submarino/ Y te saca lo de indio taino/ Ya tu sabes, en tapa-rabo, mama/ En el nombre de Agüeybana/ No hay mas na', para na' que yo te vo'a mentir/ Yo se que yo también quiero consumir de tu perejil/ Y tú viniste amazónica como Brasil/ Tú viniste a matarla como "Kill Bill"/ Tú viniste a beber cerveza de barril/ Tú sabes que tú conmigo tienes refill
Hello, deja el show/ Súbete la mini-falda/ Hasta la espalda/ Súbetela, deja el show, más alta/ Que ahora vamo'a bailar por to'a la jarda/ Mira, nena, ¿quieres un sipi?/ No importa si eres rapera o eres hippie/ Si eres de Bayamón o de Guaynabo City/ Conmigo no te pongas picky/ Esto es hasta abajo, cogele el tricky/ Esto es fácil, estoy es un mamey/ ¿Que importa si te gusta Green Day?/ ¿Que importa si te gusta Coldplay?/ Esto es directo, sin parar, one-way/ Yo te lo juro de que por ley/ Aquí to'a las boricuas saben karate/ Ellas cocinan con salsa de tomate/ Mojan el arroz con un poco de aguacate/ Pa' cosechar nalgas de 14 quilates
Cambia esa cara de seria/ Esa cara de intelectual, de enciclopedia/ Que te voy a inyectar con la bacteria/ Pa' que des vuelta como machina de feria / Señorita intelectual, ya se que tienes/ El área abdominal que va a explotar/ Como fiesta patronal, que va a explotar/ Como palestino...7 Yo se que a ti te gusta el pop-rock latino/ Pero es que el reggaeton se te mete por los intestinos/ Por debajo de la falda como un submarino/ Y te saca lo de indio taino/ Ya tu sabes, en tapa-rabo, mama/ En el nombre de Agüeybana/ No hay mas na', para na' que yo te vo'a mentir/ Yo se que yo también quiero consumir de tu perejil/ Y tú viniste amazónica como Brasil/ Tú viniste a matarla como "Kill Bill"/ Tú viniste a beber cerveza de barril/ Tú sabes que tú conmigo tienes refill
Hello, deja el show/ Súbete la mini-falda/ Hasta la espalda/ Súbetela, deja el show, más alta/ Que ahora vamo'a bailar por to'a la jarda/ Mira, nena, ¿quieres un sipi?/ No importa si eres rapera o eres hippie/ Si eres de Bayamón o de Guaynabo City/ Conmigo no te pongas picky/ Esto es hasta abajo, cogele el tricky/ Esto es fácil, estoy es un mamey/ ¿Que importa si te gusta Green Day?/ ¿Que importa si te gusta Coldplay?/ Esto es directo, sin parar, one-way/ Yo te lo juro de que por ley/ Aquí to'a las boricuas saben karate/ Ellas cocinan con salsa de tomate/ Mojan el arroz con un poco de aguacate/ Pa' cosechar nalgas de 14 quilates
9 de febrero de 2009
4 de febrero de 2009
Mostrar el tiempo
(de la novela El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati)
Dos años después, Giovanni Drogo dormía una noche en su habitación de la Fortaleza. Habían pasado veintidós meses sin traer nada nuevo y él se había quedado inmóvil, esperando, como si la vida debiera tener con él una especial indulgencia. Y, sin embargo, veintidós meses son largos y pueden suceder muchas cosas: hay tiempo para que se formen nuevas familias, nazcan niños y empiecen a hablar, para que se alce una gran casa donde antes sólo había un prado, para que una hermosa mujer envejezca y ya nadie la desee, para que una enfermedad, incluso de las más largas, se prepare (y mientras tanto el hombre sigue viviendo despreocupado), consuma lentamente el cuerpo, se retire en breves apariencias de curación, se reanude desde más hondo, sorbiendo las últimas esperanzas; queda aún tiempo para que el muerto sea enterrado y olvidado, para que el hijo sea de nuevo capaz de reír y por la noche acompañe a las muchachas por las avenidas, inconsciente, a lo largo de las verjas del cementerio.
La existencia de Drogo, en cambio, estaba como detenida. La misma jornada, con idénticas cosas, se había repetido centenares de veces sin dar un solo paso adelante.
12 de enero de 2009
28 de diciembre de 2008
Coger en castellano
Pedro Mairal
(cuento publicado en la antología "En celo", editorial Mondadori, Bs.As., 2007)
No están desnudas. Pero casi. Algunas sonriendo, o serias en pose hot, o con anteojos de sol, boca abajo en la cama, casi pegándose el culo con los talones, mostrando las marcas del bronceado, o con bombachas de corazones rojos o de estrellitas, en esos cuartos que todavía tienen las cortinas rosas elegidas por la madre. [SIGUE ACÁ]
26 de diciembre de 2008
Recomendamos
La crónica de Barban de una visita al cementerio de La Chacarita.
Y más abajo en su blog está la historia de cuando se anamoró de la Tigresa Acuña.
Y más abajo en su blog está la historia de cuando se anamoró de la Tigresa Acuña.
16 de diciembre de 2008
Zelarayán, el compositor entrerriano
por Fabián Casas
Mateo es un peluquero joven del barrio de Monserrat. Una de sus obsesiones es poder dar un buen servicio a los clientes y que ese servicio se metabolice en un crecimiento de su negocio. También es fanático de los libros de autoyuda que te estimulan para potenciarte y “no decir sí cuando se quiere decir no”. Tiene mucho sentido del humor y chispa al hablar. Hace poco me dijo: “Todos las noches le pido a Dios que haga nacer pibes con dos cabezas”. Esa frase me hizo reir y después me dejó pensando.
Mateo es un peluquero joven del barrio de Monserrat. Una de sus obsesiones es poder dar un buen servicio a los clientes y que ese servicio se metabolice en un crecimiento de su negocio. También es fanático de los libros de autoyuda que te estimulan para potenciarte y “no decir sí cuando se quiere decir no”. Tiene mucho sentido del humor y chispa al hablar. Hace poco me dijo: “Todos las noches le pido a Dios que haga nacer pibes con dos cabezas”. Esa frase me hizo reir y después me dejó pensando.
15 de diciembre de 2008
"Si te cuentan que me vieron muy borracho...
...orgullosamente diles que es por ti"
Gracias a mis amigos Guadalupe Nettel y Gaston García por cuidarme en el surrealismo del DF.
11 de diciembre de 2008
Un burrito llamado Siete de Oros
"Bien que Siete de Oros se inventa, siempre en lo suyo. No la larga plaza del claro, ni el surco del sueño: sólo un remanso, reposo de pausa, con las pestañas mediando los ojos, el mundo de afuera hecho un sosiego, colado en la casi sombra y, de dentro, profunda certeza viva, subida de raíz; con las orejas -espejos del alma- , temblando, como punteros de cuadrante, ante los episodios del camino, a través del puente nebuloso por donde los burritos saben ir, lado a lado, sin conversación, sin preguntas, cada uno en su lugar, despacio, por los siglos de los siglos, mansamente amén".
Sagarana, João Guimarães Rosa
Sagarana, João Guimarães Rosa
8 de diciembre de 2008
6 de diciembre de 2008
Guadalajara II
Una vez entendido el anti tiempo mexicano, donde "ahorita" es "ahora no", y "luego luego" es "ya mismo", una vez descubierto el dosaje adecuado de tequila en sangre para no derrapar frente a terceros, las cosas marcharon mejor en la FIL de Guadalajara y no hay peripecias que contar. Se desarrollaron con normalidad y hasta con emoción, tanto la visita a la escuela regional en SanMartín de Hidalgo en el estado de Jalisco cerca de Cocula cuna mundial del mariachi, como las mesas redondas y los encuentros de cuentistas. Solo alguna errata por ahí.
4 de diciembre de 2008
Guadalajara en un llano
p.mairal
Día 1
Antes de mi primera mesa redonda -donde voy a tener que hablar con una escritora canadiense sobre literatura y cine y adaptaciones de novelas a la pantalla grande, etc.- me llevan de visita a Tlaquepaque. Soy Pedroernesto para los organizadores. Tenemos 53 minutos y quedo atrapado en un tour guiado personalizado en el museo de la cerámica. Sudo. Interrumpo un speech de la cocción precolombina del barro pidiendo perdón tengo que irme, y nadando entre gente atravieso la feria y llego solo cinco minutos tarde.
La novelista canadiense no tiene ni idea de quién soy, ni yo de quién es ella. Me dijeron que como a ella le adaptaron un libro al cine y a mí idem, entonces vamos a hablar sobre el tema, pero veo en el folleto que figuro como presentador. Casi me escapo, pero me quedo y entre el inglés y el francés tarzánico la entrevisto, metido en un gran equívoco. Ella no me pregunta nada. Me mira sufrir. ¿Soy yo el presentador? Nadie me avisó. Parece un mal sueño, pero es real y dura 50 minutos.
Después sólo se me pasa el susto y la palidez tomando unos mezcalitos en el stand de la editorial Almadía. El acohol hace puente con la cena y los tequilas del boliche (acá le dicen antro) donde nos llevan a los autores a la noche. Se llama "La mutualista". Buen nombre. Pero yo tengo una entrevista en tv a las 8 am. Me van a pasar a buscar a las 7 am por el hotel. Así que no bebo. Sólo un tequila, bueno dale otro, pero el tercero ya no porque alguien gritó y no sé qué carajo estoy haciendo bailando si yo bailo ridículamente mal y el cuarto tequila ya no es mío pero tampoco lo son mis piernas y me voy al hotel, che.
Día 2
Wake up call a las 6:30. El mundo da mucho asco a esa hora y con resaca. Pero me van a entrevistar. Ya me comprometí. Debe ser media hora, hablar de mis libros. Habar de literatura latinoamericana o argentina. Debe ser un programa cultural. En los mails parecían muy interesados así que vamos, vamos. Saco una foto del amanecer. Salgo. En la puerta de Televisa me frenan. Nadie sabe nada de la entrevista. Hay que llamar a no sé quién para que llame a no sé quién. Aparece un tipo de producción o de seguridad que me hace pasar y frente a una figura de la Virgen de Guadalupe anota en un papelito Su nombre? Es escritor? Qué libro viene a presentar? No, vengo a una entrevista. Un momento. Espero.
Me hacen pasar a un estudio. Noticiero matutino. Una periodista con máscara de maquillaje me mira con los ojos demasiado abiertos. Ni idea de nada. Por suerte traje un libro y se lo muestro para que se oriente. Me sientan en un sillón. Diálogo de 3 minutos con la periodista que no parpadea. Con la voz tequilosa hago el peor resumen que hice en mi vida de alguno de mis libros. Los televidentes del estado de Jalisco deben haber quedado perplejos, embalsamados, con la taza de café en el aire. Alguno hasta decidió que no iba a trabajar. De qué carajos habla este argentino? La mujer sin párpados me mira desde la dimensión desconocida. Bache televisivo. Y... cuéntenos qué le ha parecido la Feria del Libro de Guadalajara? Eh... (algo dije sobre la cantidad de gente). Y muchas gracias señor Pablo Mairil...
Volví alarmado. En un rato me llevan a una escuela (la prepa) para encontrarme con alumnos del secundario. Pedroernesto, ahorita diez y cuarto lo pasamos a buscar por el hotel... Y falta a la tarde la mesa redonda con el Eduardo Halfon y mañana el encuentro de cuentistas. Iba a terminar esto poniendo un cartelito de continuará, pero espero que no continúe, o que continúe bien, sin equívocos para contar.
29 de noviembre de 2008
Furia importada
por Pedro Mairal
Vi al chico de McDonald’s olvidarse mi pedido por la mitad. Siempre les tengo paciencia. Estar todo el día con esa gorrita sonriendo... Me acuerdo de los cuentos de mi amigo Lucas, que trabajó en el McDonald’s de Núñez cuando estábamos en la facultad. Así que, en general, me aguanto. Los espero. Lo vi empezar mi pedido: metió los dos vasos en la máquina de gaseosas, y por puro taylorismo –porque les enseñan que ya que vas a la cocina podés llevar las bandejas sucias, etc.– quiso aprovechar los diez segundos que tardan los vasos en llenarse y se dio vuelta, miró otra bandeja vacía con el ticket en espera y se distrajo. Se metió en otro pedido. Y mi McNífica ya estaba lista ahí. Pero aguanté. Le mostré a mi hijo que salía filmado en la cámara de seguridad y me puse a mirar los cartelitos. Crew del mes. Ya no es más empleado del mes. Ahora es crew. Un término náutico, supongo. Esos monosílabos inventados hace siglos por vikingos que tenían mucho frío y apenas podían abrir la boca y decían snow, wind, whale, storm, death. Crew. Tripulación. También debe significar personal. Pero evitaron empleado. La manera en que McDonald’s avanza en el habla popular. Teorías paranoico-lingüísticas, la sospecha de que la palabra sorbete la metieron ellos. ¿Quiere un sorbete? El miedo a decir pajita. Esa pequeña masturbación. Allá tiene los sorbetes, señor. Y ahora dicen sorbete hasta los quiosqueros peronistas. Hay que ver qué pasa con crew. Ahí está el cartelito con la cara de un adolescente. Empleado del mes les suena feo. Seguro que quieren evitar empleada del mes. Les debe sonar a mucama. Como mis amigos más solventes que trabajan en bancos y no son ni banqueros ni bancarios, entonces dicen trabajo en banking. Y yo les digo que el colectivero trabaja en bonding, y el tachero en taxing.
El pibito seguía facturando pedidos y alineando bandejas vacías con tickets y yo ya había pasado hacía rato de la fila de los que esperan ser atendidos a la fila de ¿puede ubicarse por este costado por favor?, y estaba a punto de pasar a la tercera fila límbica de los que piden algo fuera de catálogo como un huevo frito en medio de la hamburguesa, y quedan flotando fuera de sistema en una espera atemporal. Mi hijo ya había ido a buscar sorbetes y servilletas obedeciendo a la ansiedad taylorista de su padre. Y salían los otros pedidos, circulaban las familias felices con bandejas rebosantes. Y ya casi no aguanté más. Me pregunté si, al traer para acá los Starbuck’s y los Dunking Donuts, nos traen también al loquito detonado que en esos locales ametralla a quince. Un día de furia importada. Pero no me detoné, me puse a pensar estas cosas, las intuí al mirarme como de lejos, como visto por la cámara de seguridad. Mi hijo y yo esperando. Y todo me pareció escribible. Todo. Hasta los pliegues más insignificantes, íntimos y ridículos de mi destino sudamericano. No exploté. O exploté para adentro en una especie de felicidad secreta. La literatura. La venganza de los losers. Esto lo voy a escribir. Y entonces le dije con bastante buen tono: ¿No me armás este pedido que ya estoy esperando hace un rato? Y me lo armó. Y pude tratar bien a este futuro crew del mes, que al fin y al cabo es mi amigo Lucas, profesor de Griego y de Latín, cuando trabajaba en el local de Núñez. Pero qué sería de mí sin la descarga verbal, sin las ráfagas de constelaciones sintácticas. ¿Qué veneno se me iría acumulando en la sangre si no fuera por este lento Tai Chi que voy haciendo con la lengua?
(Diario Perfil, 29 de noviembre de 2008)
25 de noviembre de 2008
Un año entero
"Juro que esto no pretende ser una crónica ni un balance, pero un par de días después de haber pisado Retiro, cuando cumplíamos tres años de noviazgo, me separé. Sólo el prodigio de la separación puede conseguir, sin fallar a la gramática ni a la sintaxis, empezar una oración en plural y terminarla en singular".
Federico Levín hace esta anti-crónica en Moscas
Federico Levín hace esta anti-crónica en Moscas
23 de noviembre de 2008
22 de noviembre de 2008
El cuento más corto del mundo
Dicen que el cuento más corto es de Monterroso:
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Pero en realidad el más corto pertenece al escritor brasilero Marcelino Freire. Se llama "69" y es así:
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.
Pero en realidad el más corto pertenece al escritor brasilero Marcelino Freire. Se llama "69" y es así:
69
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19 de noviembre de 2008
A Sao Paulo con Juan
p.mairal
18 de noviembre de 2008
10 de noviembre de 2008
4 de noviembre de 2008
Iván Thays, primer finalista del premio Herralde
Con su novela "Un lugar llamado Oreja de perro", el amigo peruano Iván Thays, editor del famoso blog Moleskine Literario, salió primer finalista del premio Herralde. Desde acá van las felicitaciones.

foto: p.mairal, cartagena 2008
2 de noviembre de 2008
Consumo personal
por Rui Zink
Un ciudadano extranjero, portador de pasaporte nigeriano, fue arrestado por los servicios de aduana en el aeropuerto de Lisboa, Portugal. Los funcionarios tenían buenas razones para sospechar que el africano era una mula y que estaba implicado en tráfico de órganos. En efecto, después de una rápida revisación, verificaron que el nigeriano traía, escondidos dentro del cuerpo, dos riñones, un hígado, un corazón y dos pulmones, que seguro intentaría vender en una clínica privada en España o en Suiza.
De nada sirvieron las protestas del africano que insistía en que los órganos que traficaba se destinaban exclusivamente para consumo personal.
*
Rui Barreira Zink es escritor y profesor universitario en Portugal.
1 de noviembre de 2008
27 de octubre de 2008
La novela que no estoy escribiendo
La novela que no estoy escribiendo estos últimos meses es una sucesión de imágenes de la periferia de los congresos literarios, la espalda de las charlas de las ferias del libro, eso que pasa en las combis y en los aviones que llevan y traen a los autores, lo que se ve en los aeropuertos, o en la televisión del hotel, o en las escapadas exploratorias entre dos mesas redondas por las calles nuevas.
p.mairal
Se viene

Cuentos de:
Cecilia Pavón, Teoría posmarxista de la infelicidad
Magalí Etchebarne, Furia contra la máquina
Sara Gallardo, Un secreto, Némesis y Palermo
Romina Paula, Si llegás a faltar un verano
Amalia Jamilis, Los veranos falsos
Rosario Beltrán Núñez, El regalo de caraí
Mónica Müller, Observaciones científicas sobre cuatro modelos de infidelidad en la hembra humana
Adriana Battu, Cero culpa
Florencia Monfort, French 2208
Silvina Bullrich, El tercero en discordia
Ana María Shua, La caída
Hebe Uhart, ¿Cómo vuelvo?
Carolina Aguirre, Cuestión de fe
Silvina Ocampo, La casa de azúcar
Martes, Jueves
Esta semana hay dos lecturas:
Martes 28 de octubre
Confesionario. Leen:
Juan Diego Incardona y Félix Bruzzone
Música: Flopa - Confesora: Cecilia Szperling
CCRRojas- Av Corrientes 2038 - 20:30 hs
Jueves 30 de octubre
Ciclo de poesía en Fedro
Leen: Guadalupe Muro, Karina Macció,
Alex Piperno (Uruguay) y Mariano Blatt
20 hs. Carlos Calvo 578
24 de octubre de 2008
En el Benito Juárez
por miguel u
-Ocho horas de espera para el vuelo a bs as, en el aeropuerto benito juárez del df, en méxico.
-Dónde hay wifi? La chica de información, muy linda, morocha lacia, mexicana ultra prolija, me dice que sí pero que es pago y no entiendo bien. Me sonríe. Anota algo en un papel y me lo da. Es la clave. Me hace señas de que no diga nada.
-En una punta de las salas de embarque, consigo un enchufe donde poner la laptop porque no tengo batería. Me siento en el piso. Tengo internet.
-Chequeo mails. Leo blogs. Un tipo viene limpiando ventanas desde la otra punta. Una por una. En un momento me tengo que mover para que limpie donde estoy yo. Se me duermen las piernas. Voy a dar una vuelta.
-El empleado que limpia el baño te corta el papel para secarte las manos y te lo da. Espera propina a cambio. Un alemán rechaza la oferta y arranca él mismo su papel para secarse. El tipo masculla algo.
-Una serie de ocho hombres con chombas azules en silla de ruedas. Son de algún equipo de algo, pienso. Pero sanan de golpe y empiezan a caminar. Les están dando un curso de invalidez. Esos cursos de “un día como”. Para que sepan cómo se siente alguien en silla de ruedas. Después los veo sentados en ronda en las sillas charlando. Riéndose, tirando pataditas de risa.
-Gente en bermudas y camisa hawaiana, y gente con campera y bufanda. Los turistas vienen del frío, o vienen al calor, o van al frío, o van al calor. Gran variedad de atuendos climáticos.
-Los autitos eléctricos que llevan a gente que no puede caminar están tuneados. Van muy rápido. Los conductores hacen finitos. Disfrutan
-Esoy atrapado en un shopping. Todos los negocios venden lo mismo. El mismo robot de juguete. Los mismo vasitos para tequila. Los mismos anteojos en estantes iluminados desde adentro.
-Pasa corriendo un rubio alto con el sombrerote en la mano. Pierde el vuelo. Los apurados y los que hacen tiempo se mueven muy distinto.
-Una flaca en mini de patas largas mira cosas en un negocio; un tipo la tiburonea alrededor, simulando que también está eligiendo chucherías de aeropuerto. Me da vergüenza. Soy yo.
-Cayó la noche afuera, pero apenas se nota el cambio acá adentro. Paso cerca de la oficina de información. Podría decirle gracias a la chica que me dio la clave. Pero adentro de la cabina hay otra chica, que no es fea pero por no ser ella es monstruosa. El mundo giró y yo sigo acá.
-Vuelvo a mi enchufe. Me lo usurparon. Así que me entrego a esta lentitud de aviones y gente moviéndose a toda velocidad. Pasan, pasan, y yo quieto. Hasta que un vuelo se lleva al usurpador y me conecto otra vez para escribir. Falta un rato nomás para mi vuelo y todavía no saqué ninguna conclusión.
19 de octubre de 2008
El tren de las putas
.
.
por Anna Maria Farinato
Se me hizo tarde, y perdí el rewind de los trabajadores que después de pasarse el día en la metrópoli regresan al conurbano en horas decentes. La vida ya cambió de turno, y hoy me tocó el tren de las putas.
El éxodo cotidiano de las nigerianas, que de Turín van hacia la provincia y hasta Milán, empieza alrededor de las ocho. Siempre van en grupo, hablando fuerte entre ellas o al celular, un inglés incomprensible, monocorde y cantilenante, interrumpido a ratos por estridentes notas agudas, como graznidos.
Llegan a la estación de trenes en bandadas, aves migratorias que se extraviaron de ruta. Jovencísimas y tan coloreadas todas, el pelo de un negro azulado brillante como alas de cuervos, las piernas larguísimas de flamencos, altivas y fornidas como modernas diosas de la fertilidad.
Llevan jeans ajustados, ropa "normal", vestidas como podría andar vestida una, pero casi siempre en chancletas, aún en invierno. Lo invaden todo, se apoderan de un compartimiento como de un camerino de teatro y se van transformando a medida que el tren avanza. Abren sus enormes bolsas, apoyan los pies en los asientos y se maquillan, se cambian de vestuario, visten el uniforme de servicio: musculosas, minifaldas, lentejuelas, lúrex, lycra, zapatos de tacones 12, pendientes llamativos, perfumes muy fuertes. Algunas traen comida. Una lleva una bolsa de McDonald's.
Las observo, casi voyeurisiticamente, desde el pasillo, disimulando, escondiéndome detrás de un libro como un espía amateur o fingiendo leer con interés los avisos - prohibido fumar; es peligroso apoyarse a las puertas; no tiren objetos por las ventanillas; desinfectado el..; cada abuso será punido...
Hay como una frontera no marcada, pero infranqueable, entre nuestros hemisferios. Su mapa todavía lleva escrito Hic sunt leones. Yo no me meto en su mundo, y ellas no se meten en el mío.
Y desde afuera no podríamos parecer más distantes: en el lado de acá, la intelectual, la cuarentona anémica y solitaria, traumatizada por el fracaso de su matrimonio, que no ha vuelto a acostarse con nadie desde hace un buen rato. En el de allá, las veinteañeras que todas las noches se acuestan con decenas de hombres, y de eso viven. Las he visto montones de veces semidesnudas al borde de las calles, en las periferias más abyectas, en las noches de invierno, desde mi auto con calefacción, preguntándome cómo podían bancarse tanto frío y tanta sordidez. Pero nunca hemos estados tan cerca como esta noche. Y sólo esta noche se me ocurre que quizás nuestros mundos no sean tan distantes. Que algo nos unió, en algún momento.
Van bajando, en grupitos, en las estaciones de provincia. Se esparcen por parques y calles secundarias, en zonas industriales o al margen de las autopistas. Son las "pendolares del sexo"
Y a la madrugada, de vuelta. A veces, si por la mañana tomo el tren muy temprano, me topo con algunas, dormidas, las piernas estiradas en el asiento de enfrente, rendidas en fin al sueño, la cabeza apoyada en un bulto de ropa.
Su contra-éxodo se cruza entonces con la transhumancia diaria de los pendolares dignos, que pasan de largo, buscando otro sitio.
En la puerta que separa las carrozas, hay un cartelito de la sociedad de ferrocarriles: "Cuiden de este coche. Mañana van a estar otra vez aquí".
Così fan tutti
Son muchas, muchísimas. Siempre me pregunto cómo es posible que haya trabajo para todas.
Las cifras son impresionantes. En Italia, según parece, la nigerianas son alrededor de 10 mil. La mayoría vive en Turín. Por eso acá se ha impuesto la ecuación prostituta=nigeriana (y nigeriana=prostituta). Los clientes, según se calcula, 9 millones (los italianos somos 60 millones, la mitad hombres). Muchos, muchísimos.
Y entonces me digo que necesariamente entre mis conocidos hay frecuentadores de putas. ¿Mis amigos irán con ellas? ¿Mis compañeros de despacho? Mi ex, ¿tu quoque?
Me acuerdo habérselo comentado, alguna vez, en broma. En aquella época él trabajaba en una industria en una periferia escuálida. No tenía carnet de conducir, y para llegar a destinación había que caminar por unos baldíos, entre yuyos y basureros. Las nigerianas se metian allí, bajo un árbol, al borde del camino, con sillitas de plástico, esperando, como de picnic.
- Cuidado con ésas-, le decía burlona, las veces que lo acompañaba en auto, - no te dejes atrapar. Te van a comer.
El se reía, incómodo, ruborizado, con pudor. - Qué va, Ana. Me daría asco.
Ahora ya no está para preguntárselo. Y de todas formas me mentiría, para protegerme. Y protegerse.
Se lo pregunto entonces a mi amigo Francesco; el único quizás con el que puedo hablar, como me dijo él una vez, de hombre a hombre. Y se entrega al reto, sonriendo, sin ahorrarme detalles, "con perdón de las damas".
Me aclara, de entrada, para que se me quiten las ilusiones, que todo el mundo va de putas. To-do, puntualiza. (Siento como una punzada, retroactiva, pero duele igual). A parte los minusvalidos, y "los que nunca han cogido, ni siquiera con señoritas que ejercen otro oficio".
Por Francesco me entero de precios y prestaciones. 30 euros como máximo. "no porque ellas no pidan más, sino porque nadie se los da". El súper hit siempre es la combinación "boca-coño". A medida que va pasando la noche, y cuanto más lejos uno se encuentre del centro de una ciudad, los precios bajan; si te caes por ahí casi a la madrugada, son de rebajas: "y te puedes llevar una chupada por 10 euros". "El culo no te lo dan, porque todo el mundo le tiene miedo a las enfermedades".
Me cuenta que a él le ha pasado unas cuantas veces, aunque, por un millón de razones, trata de contenerse. Sin embargo, admite, casi tiene que "violarse" a sí mismo para no hacerlo, sobre todo si ha tomado mucho. "Y sí, la primera vez me pasó asi. Las ves, son hermosas, uno está borracho - y a lo mejor cabreado... No es que uno se lo piense demasiado".
Los forros son un obsequio de la casa.
Compuertas
¿Cómo se las arreglarán, me pregunto, para aguantar a los pervertidos, a los asquerosos, los sucios, los que apestan a vino, a tabaco barato, a sudor, fritanga, ajo, sopa? ¿Cómo soportarán el contacto con una piel desconocida e indiferente, que sólo busca la descarga?
Y me pregunto más cosas, preguntas nimias, mezquinas, de burguesa higienizada que en la cartera lleva alcohol gel y pañuelos perfumados. ¿Dónde se asean, después? (¿Se asean?). ¿Cómo hacen cuando tienen regla? ¿Trabajan igual? ¿Y si tienen vaginitis? ¿Llagas? ¿Herpes? ¿Ampollas? ¿Jaqueca? ¿Catarro? ¿Dolor de muelas?
Me lo pregunto desde mi status de mujer pseudovirtuosa ("Virtue is insufficient temptation" insinuó alguien, creo que G.B. Shaw), que desde que se casó, hace trece años, nunca ha engañado a su marido. Las compuertas que he levantado desde que nos separamos no dejan filtrar nada. Hasta la fecha, me he sido fiel a mí misma, más que a él. La invisible burbuja que he armado a mi alrededor me protege de la promiscuidad, de las "inyecciones de bacterias". Prolijamente envueltas en film transparente, congeladas, están las sobras de lo que fue una mujer enamorada. Sublimo como puedo la pasión, ahora comprimida e inexpresada, pero el cuerpo tiene razones que la razón no entiende. Me enfermo a menudo. Pequeñeces, pero molestas.
Yo no puedo hacer como Francesco. Tenemos situaciones sentimentales similares y, conociendo muy bien la suya, no lo juzgo si acude a las profesionales del sexo. Incluso lo comprendo. Pero las mujeres reaccionamos de otra forma. O por lo menos yo. Yo no podría irme "de putos". Pagar para que me hagan el amor sin el amor. Al final, siento que la puta sería yo. Y yo no quiero serlo para un mercenario, no me interesa la profesionalidad de ese polvo. No quiero el polvo. Quiero las cenizas. La pasión que quema, la piel hirviendo. Quiero disolverme otra vez en el abrazo, y despedazarme en los besos devoradores. Quiero oír otra vez mi nombre susurrado al oído y los gritos sofocados en la carne. Quiero la risa, el jadeo, la saliva, el sudor. Quiero estrellarme, otra vez, la cama que golpea contra la pared, la almohada mordida, derretirme en el vértigo y la taquicardia, la asfixia y el desmayo. Arrojarme y caer de bruces en la absurda trampa del amor, otra vez. Quiero sacarme de la nevera y descongelarme, ya. Y mientras tanto sueño, y me aguanto.
Consoladores
Los taxi boys o "putos" heterosexuales para mujeres también existen, aunque nunca te encontrarás a uno en descampado, medio en cueros delante de una hoguera, desplegando su mercancía. Son putos discretos, elegantes, más bien consoladores de amas de casa frustradas y deprimidas. Se les contacta a través de anuncios en periódicos especializados o el passaparola. Una vez leí la historia de uno de esos galanes, bastante sorprendente, por cierto. La idea se le había ocurrido viendo un programa en la tele. No tenía problemas de dinero, al contrario, Por el día gestionaba una pequeña empresa, y por la noche acompañaba, en la máxima discreción, a las damas. Nadie en su ambiente sabía de su doble vida.
Lo contactaban por teléfono. Muchas veces las mujeres que llamaban disimulaban, decían que no era por ellas sino por unas amigas que no se animaban... Al final quedaban en verse en algún sitio. Contaba que las mujeres lo que más deseaban era hablar, narrarle algo de sí mismas, desahogarse por fin: de la indiferencia de los maridos, de las preocupaciones con lo hijos, del temor a envejecer, cosas así, El sexo se quedaba en segunda plana, y a veces ni lo hacían. Pero igual todas se íban contentas, y él también, porque las veía felices. Les había devuelto la risa.
Desechos
Pero esa es la cara bonita de la prostitución, si así se puede decir.
Las nigerianas, en cambio, son las de la calle, ya las únicas que ponen la cara (y todo el resto) a la intemperie, las que realmente hacen el trabajo sucio, entre baldíos y descampados, basura y cascotes. Las demás etnías trabajan en casa, o en los centros de masajes (y ese tampoco es el paraíso, claro). No son las escorts berlusconianas, las putas por elección, de alto standing.
En las zonas industriales, donde de día se construye el pib de la nación, de noche, sobre la piel de las nigerianas, se alimenta al tercer mercado mundial, después de las armas y las drogas.
A la mayoría de sus clientes, probablemente, le importa un carajo estar teniendo sexo con una mujer que no escogió esa profesión, y que tiene que hacerlo porque forzada. Que no es una prostituta sino, más correctamente, una prostituida, en manos de organizaciones despiadadas.
Porque su país es el país en el mundo con la peor calidad de vida. Porque salió de ese país con el engaño, después de que su familia firmara un contrato con "mediadores", empeñando todos sus escasos bienes, para que ella tuviera esa posibilidad y ahora tiene que pagar la deuda que contrajo con esa gente. Y es una deuda enorme, 50-60 mil euros. Y por más que trabaje, muy difícilmente lo va a alcanzar. Tampoco saben, ni les importa, de lo ritos vudu a los que estas mujeres están sometidas, los ju-ju, ritos ancestrales, como de cuentos de brujas, con pelos y sangre menstrual y fórmulas exotéricas, para someter su voluntad y obligarlas a cumplir las promesas, so pena de enfermedades, maldiciones, tragedias para ellas y sus familias. No saben de los terribles trastornos psicológicos que sufren, del desdoblamiento que se manifiesta para poder sobrevivir a tanta asquerosidad, del aislamiento en que viven, del rechazo social que padecen una vez que regresen a su patria. De las muchas que desaparecen o mueren asesinadas por clientes psicópatas, atracadas y golpeadas para sacarle el dinero, o atropelladas como perros en medio de la calle.
A la mañana los baldíos ennegrecidos por las hogueras son un cementerio de colillas y condones. Los despojos de billones de potenciales hijos de puta que perdieron su única posibilidad.
.
.
.
octubre de 2009
(Anna Maria Farinato es redactora en una revista de arte y traductora. Vive y trabaja en Turín)
.
por Anna Maria Farinato
Se me hizo tarde, y perdí el rewind de los trabajadores que después de pasarse el día en la metrópoli regresan al conurbano en horas decentes. La vida ya cambió de turno, y hoy me tocó el tren de las putas.
El éxodo cotidiano de las nigerianas, que de Turín van hacia la provincia y hasta Milán, empieza alrededor de las ocho. Siempre van en grupo, hablando fuerte entre ellas o al celular, un inglés incomprensible, monocorde y cantilenante, interrumpido a ratos por estridentes notas agudas, como graznidos.
Llegan a la estación de trenes en bandadas, aves migratorias que se extraviaron de ruta. Jovencísimas y tan coloreadas todas, el pelo de un negro azulado brillante como alas de cuervos, las piernas larguísimas de flamencos, altivas y fornidas como modernas diosas de la fertilidad.
Llevan jeans ajustados, ropa "normal", vestidas como podría andar vestida una, pero casi siempre en chancletas, aún en invierno. Lo invaden todo, se apoderan de un compartimiento como de un camerino de teatro y se van transformando a medida que el tren avanza. Abren sus enormes bolsas, apoyan los pies en los asientos y se maquillan, se cambian de vestuario, visten el uniforme de servicio: musculosas, minifaldas, lentejuelas, lúrex, lycra, zapatos de tacones 12, pendientes llamativos, perfumes muy fuertes. Algunas traen comida. Una lleva una bolsa de McDonald's.
Las observo, casi voyeurisiticamente, desde el pasillo, disimulando, escondiéndome detrás de un libro como un espía amateur o fingiendo leer con interés los avisos - prohibido fumar; es peligroso apoyarse a las puertas; no tiren objetos por las ventanillas; desinfectado el..; cada abuso será punido...
Hay como una frontera no marcada, pero infranqueable, entre nuestros hemisferios. Su mapa todavía lleva escrito Hic sunt leones. Yo no me meto en su mundo, y ellas no se meten en el mío.
Y desde afuera no podríamos parecer más distantes: en el lado de acá, la intelectual, la cuarentona anémica y solitaria, traumatizada por el fracaso de su matrimonio, que no ha vuelto a acostarse con nadie desde hace un buen rato. En el de allá, las veinteañeras que todas las noches se acuestan con decenas de hombres, y de eso viven. Las he visto montones de veces semidesnudas al borde de las calles, en las periferias más abyectas, en las noches de invierno, desde mi auto con calefacción, preguntándome cómo podían bancarse tanto frío y tanta sordidez. Pero nunca hemos estados tan cerca como esta noche. Y sólo esta noche se me ocurre que quizás nuestros mundos no sean tan distantes. Que algo nos unió, en algún momento.
Van bajando, en grupitos, en las estaciones de provincia. Se esparcen por parques y calles secundarias, en zonas industriales o al margen de las autopistas. Son las "pendolares del sexo"
Y a la madrugada, de vuelta. A veces, si por la mañana tomo el tren muy temprano, me topo con algunas, dormidas, las piernas estiradas en el asiento de enfrente, rendidas en fin al sueño, la cabeza apoyada en un bulto de ropa.
Su contra-éxodo se cruza entonces con la transhumancia diaria de los pendolares dignos, que pasan de largo, buscando otro sitio.
En la puerta que separa las carrozas, hay un cartelito de la sociedad de ferrocarriles: "Cuiden de este coche. Mañana van a estar otra vez aquí".
Così fan tutti
Son muchas, muchísimas. Siempre me pregunto cómo es posible que haya trabajo para todas.
Las cifras son impresionantes. En Italia, según parece, la nigerianas son alrededor de 10 mil. La mayoría vive en Turín. Por eso acá se ha impuesto la ecuación prostituta=nigeriana (y nigeriana=prostituta). Los clientes, según se calcula, 9 millones (los italianos somos 60 millones, la mitad hombres). Muchos, muchísimos.
Y entonces me digo que necesariamente entre mis conocidos hay frecuentadores de putas. ¿Mis amigos irán con ellas? ¿Mis compañeros de despacho? Mi ex, ¿tu quoque?
Me acuerdo habérselo comentado, alguna vez, en broma. En aquella época él trabajaba en una industria en una periferia escuálida. No tenía carnet de conducir, y para llegar a destinación había que caminar por unos baldíos, entre yuyos y basureros. Las nigerianas se metian allí, bajo un árbol, al borde del camino, con sillitas de plástico, esperando, como de picnic.
- Cuidado con ésas-, le decía burlona, las veces que lo acompañaba en auto, - no te dejes atrapar. Te van a comer.
El se reía, incómodo, ruborizado, con pudor. - Qué va, Ana. Me daría asco.
Ahora ya no está para preguntárselo. Y de todas formas me mentiría, para protegerme. Y protegerse.
Se lo pregunto entonces a mi amigo Francesco; el único quizás con el que puedo hablar, como me dijo él una vez, de hombre a hombre. Y se entrega al reto, sonriendo, sin ahorrarme detalles, "con perdón de las damas".
Me aclara, de entrada, para que se me quiten las ilusiones, que todo el mundo va de putas. To-do, puntualiza. (Siento como una punzada, retroactiva, pero duele igual). A parte los minusvalidos, y "los que nunca han cogido, ni siquiera con señoritas que ejercen otro oficio".
Por Francesco me entero de precios y prestaciones. 30 euros como máximo. "no porque ellas no pidan más, sino porque nadie se los da". El súper hit siempre es la combinación "boca-coño". A medida que va pasando la noche, y cuanto más lejos uno se encuentre del centro de una ciudad, los precios bajan; si te caes por ahí casi a la madrugada, son de rebajas: "y te puedes llevar una chupada por 10 euros". "El culo no te lo dan, porque todo el mundo le tiene miedo a las enfermedades".
Me cuenta que a él le ha pasado unas cuantas veces, aunque, por un millón de razones, trata de contenerse. Sin embargo, admite, casi tiene que "violarse" a sí mismo para no hacerlo, sobre todo si ha tomado mucho. "Y sí, la primera vez me pasó asi. Las ves, son hermosas, uno está borracho - y a lo mejor cabreado... No es que uno se lo piense demasiado".
Los forros son un obsequio de la casa.
Compuertas
¿Cómo se las arreglarán, me pregunto, para aguantar a los pervertidos, a los asquerosos, los sucios, los que apestan a vino, a tabaco barato, a sudor, fritanga, ajo, sopa? ¿Cómo soportarán el contacto con una piel desconocida e indiferente, que sólo busca la descarga?
Y me pregunto más cosas, preguntas nimias, mezquinas, de burguesa higienizada que en la cartera lleva alcohol gel y pañuelos perfumados. ¿Dónde se asean, después? (¿Se asean?). ¿Cómo hacen cuando tienen regla? ¿Trabajan igual? ¿Y si tienen vaginitis? ¿Llagas? ¿Herpes? ¿Ampollas? ¿Jaqueca? ¿Catarro? ¿Dolor de muelas?
Me lo pregunto desde mi status de mujer pseudovirtuosa ("Virtue is insufficient temptation" insinuó alguien, creo que G.B. Shaw), que desde que se casó, hace trece años, nunca ha engañado a su marido. Las compuertas que he levantado desde que nos separamos no dejan filtrar nada. Hasta la fecha, me he sido fiel a mí misma, más que a él. La invisible burbuja que he armado a mi alrededor me protege de la promiscuidad, de las "inyecciones de bacterias". Prolijamente envueltas en film transparente, congeladas, están las sobras de lo que fue una mujer enamorada. Sublimo como puedo la pasión, ahora comprimida e inexpresada, pero el cuerpo tiene razones que la razón no entiende. Me enfermo a menudo. Pequeñeces, pero molestas.
Yo no puedo hacer como Francesco. Tenemos situaciones sentimentales similares y, conociendo muy bien la suya, no lo juzgo si acude a las profesionales del sexo. Incluso lo comprendo. Pero las mujeres reaccionamos de otra forma. O por lo menos yo. Yo no podría irme "de putos". Pagar para que me hagan el amor sin el amor. Al final, siento que la puta sería yo. Y yo no quiero serlo para un mercenario, no me interesa la profesionalidad de ese polvo. No quiero el polvo. Quiero las cenizas. La pasión que quema, la piel hirviendo. Quiero disolverme otra vez en el abrazo, y despedazarme en los besos devoradores. Quiero oír otra vez mi nombre susurrado al oído y los gritos sofocados en la carne. Quiero la risa, el jadeo, la saliva, el sudor. Quiero estrellarme, otra vez, la cama que golpea contra la pared, la almohada mordida, derretirme en el vértigo y la taquicardia, la asfixia y el desmayo. Arrojarme y caer de bruces en la absurda trampa del amor, otra vez. Quiero sacarme de la nevera y descongelarme, ya. Y mientras tanto sueño, y me aguanto.
Consoladores
Los taxi boys o "putos" heterosexuales para mujeres también existen, aunque nunca te encontrarás a uno en descampado, medio en cueros delante de una hoguera, desplegando su mercancía. Son putos discretos, elegantes, más bien consoladores de amas de casa frustradas y deprimidas. Se les contacta a través de anuncios en periódicos especializados o el passaparola. Una vez leí la historia de uno de esos galanes, bastante sorprendente, por cierto. La idea se le había ocurrido viendo un programa en la tele. No tenía problemas de dinero, al contrario, Por el día gestionaba una pequeña empresa, y por la noche acompañaba, en la máxima discreción, a las damas. Nadie en su ambiente sabía de su doble vida.
Lo contactaban por teléfono. Muchas veces las mujeres que llamaban disimulaban, decían que no era por ellas sino por unas amigas que no se animaban... Al final quedaban en verse en algún sitio. Contaba que las mujeres lo que más deseaban era hablar, narrarle algo de sí mismas, desahogarse por fin: de la indiferencia de los maridos, de las preocupaciones con lo hijos, del temor a envejecer, cosas así, El sexo se quedaba en segunda plana, y a veces ni lo hacían. Pero igual todas se íban contentas, y él también, porque las veía felices. Les había devuelto la risa.
Desechos
Pero esa es la cara bonita de la prostitución, si así se puede decir.
Las nigerianas, en cambio, son las de la calle, ya las únicas que ponen la cara (y todo el resto) a la intemperie, las que realmente hacen el trabajo sucio, entre baldíos y descampados, basura y cascotes. Las demás etnías trabajan en casa, o en los centros de masajes (y ese tampoco es el paraíso, claro). No son las escorts berlusconianas, las putas por elección, de alto standing.
En las zonas industriales, donde de día se construye el pib de la nación, de noche, sobre la piel de las nigerianas, se alimenta al tercer mercado mundial, después de las armas y las drogas.
A la mayoría de sus clientes, probablemente, le importa un carajo estar teniendo sexo con una mujer que no escogió esa profesión, y que tiene que hacerlo porque forzada. Que no es una prostituta sino, más correctamente, una prostituida, en manos de organizaciones despiadadas.
Porque su país es el país en el mundo con la peor calidad de vida. Porque salió de ese país con el engaño, después de que su familia firmara un contrato con "mediadores", empeñando todos sus escasos bienes, para que ella tuviera esa posibilidad y ahora tiene que pagar la deuda que contrajo con esa gente. Y es una deuda enorme, 50-60 mil euros. Y por más que trabaje, muy difícilmente lo va a alcanzar. Tampoco saben, ni les importa, de lo ritos vudu a los que estas mujeres están sometidas, los ju-ju, ritos ancestrales, como de cuentos de brujas, con pelos y sangre menstrual y fórmulas exotéricas, para someter su voluntad y obligarlas a cumplir las promesas, so pena de enfermedades, maldiciones, tragedias para ellas y sus familias. No saben de los terribles trastornos psicológicos que sufren, del desdoblamiento que se manifiesta para poder sobrevivir a tanta asquerosidad, del aislamiento en que viven, del rechazo social que padecen una vez que regresen a su patria. De las muchas que desaparecen o mueren asesinadas por clientes psicópatas, atracadas y golpeadas para sacarle el dinero, o atropelladas como perros en medio de la calle.
A la mañana los baldíos ennegrecidos por las hogueras son un cementerio de colillas y condones. Los despojos de billones de potenciales hijos de puta que perdieron su única posibilidad.
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(Anna Maria Farinato es redactora en una revista de arte y traductora. Vive y trabaja en Turín)
17 de octubre de 2008
Apago el motor
por miguel u
Apago el motor del auto. Mi hijo se quedó dormido en el asiento de atrás. Lo fui a buscar al colegio y ahora lo traje a la casa de su madre. Miro los otros autos en el garaje. Escucho los metales de este auto reacomodándose con chasquidos a medida que se enfría; la materia volviendo a su estado normal. Escucho la respiración de mi hijo. Lo dejo dormir un rato. Bajo un poco la ventana para que entre aire. Ya no duermo en esta casa con él. Así que me quedo un rato con mi hijo en el auto sin despertarlo, solo para estar con él mientras duerme. En un par de horas me voy de viaje y no lo voy a ver por dos semanas. No entra ni sale nadie del garaje. Si alguien entrara y me viera acá sentado al volante, como un remisero de guardia, podría decirle que estoy cuidando el sueño de mi hijo. Podría hacer un poema con eso, pero ya no escribo poesía. Solo tecleo estos párrafos sueltos y los dejo flotando en el espacio.
14 de octubre de 2008
Tocar a Gimena
Pedro Mairal
Lo primero que me trae a la mente la palabra “tocar” es mi amiga Gimena, compañera de colegio, en el viaje de egresados, el último año de la secundaria. Y más específicamente el ómnibus que nos llevaba de vuelta al hotel, después de una excursión al Cerro Catedral. Mientras los demás se habían deslizado montaña abajo en unos trineos de plástico, los varones más escépticos nos habíamos escondido a fumar y a mear en la nieve, detrás de una cabaña de troncos. Yo fumaba y hacía como que vigilaba que no viniera un profesor, pero en realidad la miraba a Gimena que estaba con un suéter violeta, riéndose y sacándose fotos con las otras chicas. [SIGUE ACÁ]
Lo primero que me trae a la mente la palabra “tocar” es mi amiga Gimena, compañera de colegio, en el viaje de egresados, el último año de la secundaria. Y más específicamente el ómnibus que nos llevaba de vuelta al hotel, después de una excursión al Cerro Catedral. Mientras los demás se habían deslizado montaña abajo en unos trineos de plástico, los varones más escépticos nos habíamos escondido a fumar y a mear en la nieve, detrás de una cabaña de troncos. Yo fumaba y hacía como que vigilaba que no viniera un profesor, pero en realidad la miraba a Gimena que estaba con un suéter violeta, riéndose y sacándose fotos con las otras chicas. [SIGUE ACÁ]
11 de octubre de 2008
Poesía en Bahía Blanca
El problema
"...el problema ya no es qué hacer con el corset de Borges, sino qué hacer con la libertad de Aira"
(misterioso y lúcido analista de Aira en comments de La Lectora Provisoria)
(misterioso y lúcido analista de Aira en comments de La Lectora Provisoria)
10 de octubre de 2008
Qué es el mar
Sergio Raimondi
El barrido de una red de arrastre a lo largo del lecho,
mallas de apertura máxima, en el tanque setecientos mil
litros de gas-oil, en la bodega bolsas de papa y cebolla,
jornada de treinta y cinco horas, sueño de cuatro, café,
acuerdos pactados en oficinas de Bruselas, crecimiento
del calamar illex en relación a la temperatura del agua
y las firmas de aprobación de la Corte Suprema, circuito
de canales de acero inoxidable por donde el pescado cae,
abadejo, hubbsi, transferencias de permiso amparadas
por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca; ahí:
atraviesa el fresquero la línea imaginaria del paralelo, va
tras una mancha en la pantalla del equipo de detección,
ignorante el cardumen de la noción de millas o charteo,
de las estadísticas irreales del INIDEP o el desfasaje
entre jornal y costo de vida desde el año mil novecientos
noventa y dos, filet de merluza de cola, SOMU y pez rata,
cartas de crédito adulteradas, lámparas y asiático pabellón,
irrupción de brotes de aftosa en rodeos británicos, hoki,
retorno a lo más hondo de toneladas de pota muerta
ante la aparición de langostino (valor cinco veces mayor),
infraestructura de almacenamiento y frío, caladero, eso.
(Poesía Civil, Vox, 2001)
*
Poemas inéditos en El Interpretador
Análisis de Poesía Civil en la revista Planta
El barrido de una red de arrastre a lo largo del lecho,
mallas de apertura máxima, en el tanque setecientos mil
litros de gas-oil, en la bodega bolsas de papa y cebolla,
jornada de treinta y cinco horas, sueño de cuatro, café,
acuerdos pactados en oficinas de Bruselas, crecimiento
del calamar illex en relación a la temperatura del agua
y las firmas de aprobación de la Corte Suprema, circuito
de canales de acero inoxidable por donde el pescado cae,
abadejo, hubbsi, transferencias de permiso amparadas
por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca; ahí:
atraviesa el fresquero la línea imaginaria del paralelo, va
tras una mancha en la pantalla del equipo de detección,
ignorante el cardumen de la noción de millas o charteo,
de las estadísticas irreales del INIDEP o el desfasaje
entre jornal y costo de vida desde el año mil novecientos
noventa y dos, filet de merluza de cola, SOMU y pez rata,
cartas de crédito adulteradas, lámparas y asiático pabellón,
irrupción de brotes de aftosa en rodeos británicos, hoki,
retorno a lo más hondo de toneladas de pota muerta
ante la aparición de langostino (valor cinco veces mayor),
infraestructura de almacenamiento y frío, caladero, eso.
(Poesía Civil, Vox, 2001)
*
Poemas inéditos en El Interpretador
Análisis de Poesía Civil en la revista Planta
9 de octubre de 2008
Feria del libro de Frankfurt 2010
fotos: p. mairal
tiene un aire de aeropuerto
"me interesa el desvío, el recuerdo más que la memoria", bruzzone
rep
parque temático
bandas de contención porque una señora se tropezó con las malvinas
no le gustaba su nariz
libros traducidos gracias a los subsidios de prosur
nombre casual del hotel shop
en la entrada del pabellón
la mirada de ernesto
una cita de El matadero los separa
cultura en movimiento
6 de octubre de 2008
Ser culto
Periodista: ¿Qué es ser culto?
Cucurto: Para mí es ser una buena persona. Tratar de generar cosas alrededor de uno. No es leer más libros ni tener un título, sino ser sensible con lo que nos pasa a nosotros y a los demás. José Martí decía eso. Y es interesante esa idea: las personas egoístas no son cultas porque son incapaces de interactuar con otros para generar algo bueno. Entonces la clave es luchar contra el egoísmo y aprender a compartir. Ahí está la base de la cultura".
(Entrevista a Cucurto en Revista Mu, sept 08, nº18)
5 de octubre de 2008
3 de octubre de 2008
Informe del loquero
por Jorge Arrizabalaga
Están los quietos que casi comen
están los mansitos de sonreír a qué no se sabe
están los buscadores de otros con los ojos duros de rebotar rebotar
están los que miran todo el día la lluvia, aunque no llueva
están los que tienen el sexo hasta en la tierrita de debajo de las uñas
y se morfan las uñas
están los que se quieren matar
los que se querían matar están
y los que van a querer matarse pronto
y son, por turnos rotativos, los mismos tipos.
Están los arregladores de enchufes y garrafas y otras cosas ¿y qué?,
si son locos iguales que los demás
están los que juegan a las cartas y hacen mulas y “van a salir”,
dijo el Doctor
“algún día”, porque “van bien”, dijo el Doctor, “van bien”
están los que lagrimean con las velas colgando como bebés
que tuvieron que nacer mediante un aborto
están los que se patean el pasillo-pasillo-pasillo
hasta dejarlo igual que siempre
mientras ellos se gastan como nunca
están los que tienen visitas, qué suertudos
están los vigilados porque pegan trompadas porque sí,
vaya a saber por qué
están los que escuchan la radio con la radio escondida en el bolsillo
para que no se la manoteen los pobres, están
y se sientan siempre en el mismo banco para no perder
la compañía de la baldosa
que los mira mirando
fijo, de abajo, más abajo están los criminales
“que terminaron mal” según dicen
pero al fin, acá, somos todos iguales
ante la ley del Halopidol.
Están los protestones que usan muecas en toda la cara
y del lado de adentro también, están uy
los que se hacen encima y no dicen ni mú
y están los genios que le pasan el postre como una monedita de cobre
a la gata por debajo de la mesa
y se creen que es la viuda la gata por ser negra
y Dios mío…
Están todos los que se jubilaron de fracasar en la vida
y por una módica pensión
hoy el fracaso se dedica a ellos las cuarenta y ocho horas del día.
Está también el que iba a hacer el informe pero
lo vino a buscar un Milagro
y anoche
todavía
lo andamos buscando…
Jorge Arrizabalaga tiene 49 años. Participó en tres antologías y va por su primer libro "solista" (poemas). Recibió algunos premios en poesía y cuento.Es hincha de River a pesar de todo.
Están los quietos que casi comen
están los mansitos de sonreír a qué no se sabe
están los buscadores de otros con los ojos duros de rebotar rebotar
están los que miran todo el día la lluvia, aunque no llueva
están los que tienen el sexo hasta en la tierrita de debajo de las uñas
y se morfan las uñas
están los que se quieren matar
los que se querían matar están
y los que van a querer matarse pronto
y son, por turnos rotativos, los mismos tipos.
Están los arregladores de enchufes y garrafas y otras cosas ¿y qué?,
si son locos iguales que los demás
están los que juegan a las cartas y hacen mulas y “van a salir”,
dijo el Doctor
“algún día”, porque “van bien”, dijo el Doctor, “van bien”
están los que lagrimean con las velas colgando como bebés
que tuvieron que nacer mediante un aborto
están los que se patean el pasillo-pasillo-pasillo
hasta dejarlo igual que siempre
mientras ellos se gastan como nunca
están los que tienen visitas, qué suertudos
están los vigilados porque pegan trompadas porque sí,
vaya a saber por qué
están los que escuchan la radio con la radio escondida en el bolsillo
para que no se la manoteen los pobres, están
y se sientan siempre en el mismo banco para no perder
la compañía de la baldosa
que los mira mirando
fijo, de abajo, más abajo están los criminales
“que terminaron mal” según dicen
pero al fin, acá, somos todos iguales
ante la ley del Halopidol.
Están los protestones que usan muecas en toda la cara
y del lado de adentro también, están uy
los que se hacen encima y no dicen ni mú
y están los genios que le pasan el postre como una monedita de cobre
a la gata por debajo de la mesa
y se creen que es la viuda la gata por ser negra
y Dios mío…
Están todos los que se jubilaron de fracasar en la vida
y por una módica pensión
hoy el fracaso se dedica a ellos las cuarenta y ocho horas del día.
Está también el que iba a hacer el informe pero
lo vino a buscar un Milagro
y anoche
todavía
lo andamos buscando…
*
Jorge Arrizabalaga tiene 49 años. Participó en tres antologías y va por su primer libro "solista" (poemas). Recibió algunos premios en poesía y cuento.Es hincha de River a pesar de todo.
2 de octubre de 2008
En la cancha se ven los pingos (III)
por Adriana Battu
Última entrega de estilos sexuales masculinos.
Los anteriores son:
Abajo van otros cuatro. Seguramente hay más que estos 12 estilos sexuales masculinos (de hecho en los comments hay varias propuestas), pero está bien así. No hace falta aclarar que hay hombres a los que les caben varias categorías, o que mutan de categoría en una misma noche o a lo largo de los años. No pretendo que esta clasificación sirva de algo ni que haga reflexionar a los hombres. No soy Alejandra Granpolla. La verdad que cada uno coje como puede. Quizá con algunos hombres hay esperanza porque es cierto que mejoran un poquito con la edad.
El mudito
No sabés qué quiere. No se expresa. Pone cara de nada. Terminás haciendo preguntas pavas “¿Te gusta así?”. Y él contesta “mm”. No sabés si se durmió o si lo enmudeció el éxtasis místico. Te agota porque te obliga a probar de todo para despabilarlo y después te parece que se despide pensando que te hacés la porno star.
El memorioso
Es verbal como el locutor, pero se lo distingue porque sus frases no son sobre lo que te está haciendo o por hacer, sino sobre lo que te hizo o le hiciste alguna vez. El memorioso está siempre desfasado, recordando a la perfección un polvo anterior, y te lo dice al oído. Chupame la pija como esa noche en el auto en el estacionamiento del shopping. ¡Cómo te cogí contra la pared la semana pasada cuando te levanté ese vestidito celeste! Parece disfrutar más del recuerdo que del presente. Quiere siempre recrear otras situaciones, pero de todas formas no hay que exasperarse porque el polvo presente va a figurar en su memoria la próxima vez. Con él hay que coger para el recuerdo. Y considerar que te ve como nadie te vio jamás. No hay que pensar que está medio ausente. El tipo está, o mejor dicho, estará. En algún polvo de algún día futuro se va a acordar perfecto de ese momento. Se acuerda de cómo te cogió la madrugada del 25 de abril del 2006 y el ruidito que te hacían las pulseras cuando lo hiciste acabar entre las tetas. Y entonces te propone: “¿tendrás por ahí esas pulseras plateadas…?”
El Gran DT
Se exige y te exige mucho. Hace logística de anticipación: horarios, lugar de encuentro, forros, lubricantes. Conocí uno que llamaba al telo para ver si estaba libre su suite preferida. Lo espera todo de vos en cada polvo. Porque cuando se coge con el Gran DT, se coge en serio, en primera división. No hay polvitos al tuntún. En plena acción, si vos estás arriba, te empieza a decir “Dale, dale, más rápido, dale” o sino “Chupamela, así, hermosa, no pares, no pares”, o quiere acabar juntos “Ahí vamos, divina, ahí vamos, vamos”. Es como si se desdoblara y estuviera al pie de la cama vestido de saco y gritando “Bajen, bajen!, Armensé, armensé!”. Es resultadista. Cuenta los orgasmos tuyos y los propios. Dice “Vamos 2 a 1, ¿no?”. Lo que para vos es un plácido relax después de un buen polvo, para él es el entretiempo. Te ofrece agua, propone estrategias: “Ahora cuando empecemos de nuevo, probemos de costado, que me parece que vamos a andar mejor”. El tipo tiene úlcera.
El incómodo
También es director, pero no técnico, sino de cine, de sonido, de fotografía. Siempre está proponiendo mínimos ajustes. “Ponete un poquitito más… Ahí, perfecto.” O “Pará que tengo algo que me pincha la espal… Ahí está, ahí está”. Es muy visual. No puede empezar hasta que no arregló bien el tema luces: la del cuarto apagada, pero la del living prendida y con la puerta a medio entornar. El dimmer lo hace muy feliz. Te conoce tus mejores ángulos y te los pide; cuando te coge en cuatro te dice “A ver, mirame”. No le gusta el polvo de abrazo enceguecido, sino las poses que permiten los planos abiertos. Es freak de los ruidos. Un crujido de cama lo hace pedir “corte”. Un celular que interrumpe lo malhumora por una semana.
No sabés qué quiere. No se expresa. Pone cara de nada. Terminás haciendo preguntas pavas “¿Te gusta así?”. Y él contesta “mm”. No sabés si se durmió o si lo enmudeció el éxtasis místico. Te agota porque te obliga a probar de todo para despabilarlo y después te parece que se despide pensando que te hacés la porno star.
El memorioso
Es verbal como el locutor, pero se lo distingue porque sus frases no son sobre lo que te está haciendo o por hacer, sino sobre lo que te hizo o le hiciste alguna vez. El memorioso está siempre desfasado, recordando a la perfección un polvo anterior, y te lo dice al oído. Chupame la pija como esa noche en el auto en el estacionamiento del shopping. ¡Cómo te cogí contra la pared la semana pasada cuando te levanté ese vestidito celeste! Parece disfrutar más del recuerdo que del presente. Quiere siempre recrear otras situaciones, pero de todas formas no hay que exasperarse porque el polvo presente va a figurar en su memoria la próxima vez. Con él hay que coger para el recuerdo. Y considerar que te ve como nadie te vio jamás. No hay que pensar que está medio ausente. El tipo está, o mejor dicho, estará. En algún polvo de algún día futuro se va a acordar perfecto de ese momento. Se acuerda de cómo te cogió la madrugada del 25 de abril del 2006 y el ruidito que te hacían las pulseras cuando lo hiciste acabar entre las tetas. Y entonces te propone: “¿tendrás por ahí esas pulseras plateadas…?”
El Gran DT
Se exige y te exige mucho. Hace logística de anticipación: horarios, lugar de encuentro, forros, lubricantes. Conocí uno que llamaba al telo para ver si estaba libre su suite preferida. Lo espera todo de vos en cada polvo. Porque cuando se coge con el Gran DT, se coge en serio, en primera división. No hay polvitos al tuntún. En plena acción, si vos estás arriba, te empieza a decir “Dale, dale, más rápido, dale” o sino “Chupamela, así, hermosa, no pares, no pares”, o quiere acabar juntos “Ahí vamos, divina, ahí vamos, vamos”. Es como si se desdoblara y estuviera al pie de la cama vestido de saco y gritando “Bajen, bajen!, Armensé, armensé!”. Es resultadista. Cuenta los orgasmos tuyos y los propios. Dice “Vamos 2 a 1, ¿no?”. Lo que para vos es un plácido relax después de un buen polvo, para él es el entretiempo. Te ofrece agua, propone estrategias: “Ahora cuando empecemos de nuevo, probemos de costado, que me parece que vamos a andar mejor”. El tipo tiene úlcera.
El incómodo
También es director, pero no técnico, sino de cine, de sonido, de fotografía. Siempre está proponiendo mínimos ajustes. “Ponete un poquitito más… Ahí, perfecto.” O “Pará que tengo algo que me pincha la espal… Ahí está, ahí está”. Es muy visual. No puede empezar hasta que no arregló bien el tema luces: la del cuarto apagada, pero la del living prendida y con la puerta a medio entornar. El dimmer lo hace muy feliz. Te conoce tus mejores ángulos y te los pide; cuando te coge en cuatro te dice “A ver, mirame”. No le gusta el polvo de abrazo enceguecido, sino las poses que permiten los planos abiertos. Es freak de los ruidos. Un crujido de cama lo hace pedir “corte”. Un celular que interrumpe lo malhumora por una semana.
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